Observando

¿A cambio de qué? A cambio de nada

Por el 16 agosto, 2010

A cambio de la satisfacción íntima y silenciosa de dar vida a la Vida.
A cambio del profundo goce de sentirse útil a las aperturas de las crisálidas.
A cambio de seguir el rastro de una íntima propuesta del amor como camino.

Y ¿eso qué significa?, ¿dar “dinero a los pobres”?, ¿no ejercer el comercio?, ¿ir de inocente por la vida?, ¿ayudar a cruzar la calle a las viejecitas?, ¿no defenderse?, ¿tragar?, ¿callar cuando sentimos la conveniencia de cuestionar?, ¿ir los domingos a plantar árboles?, ¿repartir panfletos apostólicos por las calles?, ¿nunca decir NO?…

Tal vez lo que significa es tan solo funcionar desde el corazón, algo que puede traducirse como actuar renunciando a intencionar permanentemente los frutos de la acción. Significa hacer sin hacer, significa ofrecer y entregar a alguien, sin que esa persona pueda algún día devolverlo, significa hacer algo por otros sin espíritu de recompensa, significa apoyar lo que precisa de apoyo, sin calcular las ventajas personales que vamos a obtener con ello.

¿Quién dijo que el amor no era otra cosa que un baile de hormonas?, ¿acaso cree todavía el racionalismo biologicista que el amor se puede medir en laboratorio?, ¿o es que con estas afirmaciones, lo que estamos es utilizando la herramienta limitada de la mente racional para algo que a esta trasciende?

Ya no basta sentir el amor como una relación basada en la supervivencia, es decir un mandato biológico por el que si no logramos unirnos 40 lanzas aborígenes, no acabaremos con el mamut, y en consecuencia, no comeremos. Ni siquiera justificar al amor como un epifenómeno de la pulsión reproductora de la vida, reduciéndolo a ese sucedáneo llamado enamoramiento y a sus proyecciones derivadas por sublimes y efímeras que estas sean. En realidad ni siquiera el amor que se intuye desde el insondable corazón humano llega a ser un sentimiento, recordemos que los sentimientos, por hondos y próximos que se encuentren de nuestra sensación de identidad, no dejan también de ser cambiantes. Y el amor “esencial” no cambia, simplemente ES.

Entonces, tras descartar reflejos y sucedáneos, ¿qué ámbito queda para el amor?, en realidad el amor con todas sus letras brota y se manifiesta desde el ámbito del espíritu, y si de alguna forma disfrutamos de la evolución suficiente como para haber degustado una vivencia de totalidad, vivencia que nada tiene que ver con creencias y dogmas religiosos, sabremos con íntima certeza que el espíritu en el ser humano es una realidad Transpersonal que trasciende los limitados sentidos, sabremos sin necesidad de información que lo justifique, que somos amor en esencia, y que desde nuestra encapsulada yoidad ordinaria de corte emocional y racional, ni se sueña con pillarlo.

Ante este planteamiento del amor de apariencia idealista, tal vez más de uno se pregunte, ¿en qué se manifiesta ese amor esencial o “espiritual” en la vida cotidiana de cualquier mortal?

A lo que merecerá la pena señalar que ese amor, donde primero se nota es en la compasión, compasión a veces mal entendida, tan mal entendida que al ser vivida parece colocarnos en una situación de superioridad frente al “pobrecito” que padece desde nuestra inmune atalaya. En realidad la compasión es empatía profunda con el sentimiento de dolor del otro, sin que ello nos inunde y nos arrastre. En realidad, la empatía con el sentimiento de dolor en el otro conlleva el genuino y activo deseo de que éste se alivie, el anhelo de bien que motoriza a la acción inteligente y oportuna, el movimiento que impulsa a proteger, cuidar y dotar al ser que atraviesa el padecimiento, por sutil que éste sea.

El amor también se manifiesta cuando ofrecemos nuestra energía allí donde entendamos que ésta se precisa para mejorar las condiciones existentes, el amor se manifiesta eligiendo pensar desde la nobleza, el respeto y la suspensión del juicio, el amor se manifiesta cuando nos alegramos genuinamente de un éxito ajeno, y sigue manifestándose cuando honramos valores y principios que determinan la opción más libre y generosa del ser humano, y para culminar, brota cuando sentimos amor universal irradiando hacia todo lo existente, sin necesidad de que las cualidades del “objeto amado” nos estimulen a admirar o ensalzar, es decir amor identidad, tan incausado como incondicional.

El Mahabarata, libro de filosofía hindú, escrito hace más de 5.000 años, señala cuatro niveles en la evolución de los seres. Primero los que buscan recibir, segundo los que buscan dar y recibir, tercero los que viven para dar, pero gozan de que dan, y cuarto los que irradian su autenticidad y lucidez tal y como lo hace el Sol, allí donde lleguen sus rayos de forma universal y anónima.

¿En cuál de ellos siente usted que todavía está?

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0 Comentarios
  1. ruth

    16 agosto, 2010

    La verdad que me duele pensar en toda la gente que hay aún por la vida pensando que el amor es solo recibir a cambio de nada, todos somos dignos de amar y de ser amados, en la pareja se convierte en una manipulación constante, amor altruista sí, pero que el único demandante sea tu corazón.Es dificil quererse sin caer en el egocentrismo, pero creo que hay que hacerlo un mínimo, lo primero es uno mismo para poder enriquecer y dar frutos al exterior, no dar a toda costa sin sentido, hay que cuidarse y protegerse un poco sino sería un suicidio constante, no todo el mundo es sensible a los sentimientos de los demás.Se puede confundir el amor con el deseo, con necesidad, con un proyecto de vida programado pero eso es por que no nos queremos lo suficiente, es un proceso que cuesta reconocer y transformar, cuando te das cuenta de que el único que te puedes hacer feliz eres tu mismo empieza la aventura de dar y darse partiendo de tu libertad individual como ser humano, luchando con todo aquel que subestime o te desvalorice por que lo más importante eres tu.
    A mi esto me esta costando,je ójala todo el mundo fuese por la vida de buena fe pero habrá que vivir con ello. Se hace camino al andar y evolucionamos a medida que nos lo proponemos creo yo y que configuramos nuestras emociones opuestas para poder amarnos y amar pero bien no a cualquier precio.
    Un abrazo a tod@s

  2. maricruz

    3 septiembre, 2010

    El sentimiento de AMOR surge de manera espontánea, cuando menos te lo esperas, y es algo inefable que trasciende el espacio y el tiempo. El hecho de haber vivido esa experiencia te transporta a lo sagrado y eterno, a partir de ahí te cambia la vida y la manera en como te relacionas y mueves en el mundo. Yo no sospechaba que me iba a convertir en una “monja urbana” a tan temprana edad, quizás sea una cuestión kármica por la que tenga que pasar. He profundizado más en acontecimientos anteriores vividos y me he encontrado con un alma compañera de verdad, ahora que lo escribo no puedo evitar llorar, por todo lo que me ha aportado, enseñado y aguantado, ha soportado mi amor cruel y me ha hecho vivir el auténtico AMOR INCONDICIONAL, la única VERDAD absoluta que existe, ya que todas las demás son verdades relativas, y de ahí que ahora ya no busque ninguna otra verdad, porque ya la tengo. Me ha resonado todo el artículo, especialmente que el amor es el alegrase de los éxitos de los demás, sin el amor de esa alma compañera, que me acompañó más de medio siglo hasta la muerte, no sería nada.Todos los días le pido perdón, le doy las gracias y le digo que la amaré siempre. Muchas gracias.

  3. leonor

    5 septiembre, 2010

    La mayoría del tiempo llevan las riendas de mi vida mis personajes y cada uno actúa desde su nivel, más puedo decir que he vivido momentos de lucidez y autenticidad y ha sido mágico; por lo que anhelo que la magia tome las riendas

  4. Patricia P

    6 septiembre, 2010

    Hola a tod@s,
    mira por donde me había quedado con ganas en la playita de escribir algo…
    Me ha encantado que se mencione la compasión (muy diferente a la penita del ego super guay y en el fondo penoso), como el cuarto estadio…te sientes plena porque está lleno de sencillez, serenidad…AUTENTICIDAD.

    Besitos

  5. Dushi

    6 septiembre, 2010

    Lo más bonito de todo es que el amor visto así es una forma de vida!!! No es sólo un sentimiento!!! e intrínsecamente conlleva esa convivencia armniosa con todas las demás formas de vivir!!!

JOSÉ MARÍA DORIA
ESCRITOR Y PSICOTERAPEUTA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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