Descubriendo

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

Por el 22 marzo, 2018

“Conforme crecemos en consciencia convertimos nuestra carrera evolutiva en un proceso continuo de integrar y trascender cada par mental de opuestos”.

 

A lo largo de la historia, la Humanidad se ha visto influenciada por dos grandes poderes: el del cielo y el de la tierra. El poder del cielo ha estado representado por profetas y clérigos que hacían de intermediarios con la esfera de lo invisible. Por su parte, el poder de la tierra ha sido ostentado por reyes y todos aquellos que han gobernado la dimensión tangible de la Humanidad.

Chamanes, rabinos, brahmanes, sacerdotes y una innumerable jerarquía eclesiástica han dictado las reglas de juego para conseguir una “suite de cinco estrellas en el Mas Allá”. Por su parte, emperadores gobernadores y legisladores, bien salvaguardados por policías y ejércitos, han constituido las leyes del Más Acá. Los unos han interpretado la voluntad de Dios y, en función de la fidelidad a éste, repartían paraísos e infiernos. Los otros han cobrado tributos regulares para financiar un poder que velaría por el orden social.

Los representantes de dios han trabajado en el fortalecimiento de la fe y, a su vez, se han visto apoyados por una “policía celestial” imposible de engañar. Se ha tratado de un “súper ojo divino” que desde los cielos y, a modo de “gran hermano”, todo lo ha visto y registrado; un ojo que el día de la muerte haría cuentas con todas las acciones y pensamientos mediante una contabilidad rigurosa que, a veces, dependería de una absolución y determinaría un destino “para siempre”.

Desde que el mono humano devino inteligente y supo que iba a morir, comenzó a vivir en el seno de una percepción dualista de la realidad. Este humano de creciente inteligencia ha venido clasificando la realidad mediante la percepción de contrastes. Ha logrado apreciar lo alto porque percibe lo bajo, sabe que algo es caliente porque detecta el frío, el placer por el dolor y así sucesivamente en todos los órdenes de la vida.

Conforme crecemos en consciencia convertimos nuestra carrera evolutiva en un proceso continuo de integrar y trascender cada par mental de opuestos. En realidad, el requisito de avanzar en consciencia hacia una “capa de cebolla” más profunda, precisa de integrar la dualidad anterior y trascenderla. En este proceso de integración hacia el núcleo que esencialmente somos, tendemos a conformar el conocido triángulo: 1-tesis, 2-antítesis, 3-síntesis. Es decir, el 1 como comienzo que se despliega manifestando una cualidad, el 2 como lo que se opone al primero expresando la cualidad contraria y, por último, el 3 como lo que integra a ambas y que, tras incluir, las trasciende. La síntesis o integración de la dualidad precedente corresponde al estadio más evolucionado de esa tríada.

A lo largo de este proceso hacia la síntesis, se han vivido grandes contradicciones en las que el ser humano enfrentaba las dos mencionadas fuerzas: la celeste y la terrestre. Se ha tratado de situaciones en las que éste se ha visto obligado a seguir el dictamen del cielo trasgrediendo el de la tierra, o viceversa. Ambos mundos no siempre han estado alineados en un mismo enfoque y propósito. El poder del cielo otorgaba la paz interna y el de la tierra la paz externa. Sucedía que se podía encerrar a alguien en una mazmorra y, sin embargo, éste era capaz de vivirse en la paz de quien tiene fe en un prometedor futuro “post mortem”.

¿Cómo integrar tales poderes históricamente divididos en una realidad que incluya y trascienda ambos?

¿Cómo integrar al emperador y al papa, e ir más lejos?

Finalmente, acceder a la síntesis entre el dentro y el fuera es un proceso de autoconsciencia. De hecho, a consciencia más expandida, mayor nivel de coherencia; un factor éste que señala la sintonía entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.

Quien evoluciona en consciencia va introyectando los poderes o demandas externas, logrando así “tener a un emperador y a un papa” en su propio interior. Tales influencias pasan a ser vistas como subpersonalidades que precisan un escenario interno de equilibrio y orden. El resultado final es la unificación. De hecho, superar la contradicción interna supone reconocer las diferentes voces o cualidades, al tiempo que se atraviesa el espacio mental en el que éstas viven para sentir lo profundo del corazón.

Lo que brota del corazón como manifestación de la inteligencia cardíaca es el fruto silencioso de un proceso integrador en el que la anterior dualidad quedó integrada.

 

“Cuando la ciencia entrare en tu corazón y la sabiduría fuere dulce a tu alma, pide y te será dado”.

Tarot del Universo

 

El hecho de reconocer a “Dios y al César” y no entrar en contradicción con ninguna de las dos realidades mentales, responde al lema de que “la mejor victoria es aquella en la que ganan todos”. Se trata de soslayar la exclusión que conduciría a Dios o al César y recorrer el sendero medio que en nada se parece a la tibieza, sino más bien a la profundidad integradora de la consciencia. Algo que también se ha nombrado como caminar por el filo de la navaja y sostenerse ecuánime en la contradicción inherente a las capas superficiales de la mente.

La práctica de la meditación y el cultivo del silencio interno contribuyen a la armonización de las fuerzas contrarias, al tiempo que permiten vislumbrar el núcleo de la unidad más allá de las mismas. La armonía global no trabaja en beneficio de una parte frente a otra, sino en beneficio del conjunto. El trabajo de la consciencia consiste en reconocer la medida justa que requiere cada parte en el desarrollo del conjunto. Por otra parte, Dios no tiene opuesto porque en sí mismo es unidad. Lo que sí tiene opuesto es la dimensión mental del ser humano que interpreta a Dios.

Los griegos proyectaban sus fuerzas internas en los dioses que poblaban los cielos del Olimpo. Cada dios representaba una cualidad predominante en la obra de la vida que ha venido narrando el escenario psicológico de la raza humana. Tal vez aquellos griegos tuvieron que dar nombre y rostro a sus emociones y reconocerse con plena consciencia de las mismas. El fruto de tal escenificación conllevaría una optimización en la gestión emocional en beneficio de la sociedad.

En realidad, el hecho de devenir conscientes de tales escenarios internos y observarlos desde la consciencia neutra, permite ir más lejos y dejar brotar la acción de mayor compasión y coherencia.

 

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JOSÉ MARÍA DORIA
ESCRITOR Y PSICOTERAPEUTA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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