La meditación es una gimnasia de lo sagrado
Claves de Mindfulness y Meditación Transpersonal

Claves de Mindfulness y Meditación Transpersonal (4)

Por el 10 septiembre, 2012

1. Yo practico relajación, ¿es eso lo mismo que meditar?

La relajación se limita a distender los músculos el cuerpo. Y como ejercicio, aunque tal distensión alcance cierta pacificación general, en su sentido más estricto, no va más allá de este objetivo. Por el contrario la meditación, aunque conlleva cierto grado de relajación, añade algo adicional que consiste en el despertar de una sostenida observación, al tiempo que se mantiene la atención en la presencia del ahora.

Cuando meditamos, entrenamos el enfoque de la atención hacia un objeto o bien hacia una abierta panorámica de percepción. Un ejercicio en el que tiende a aparecer un estado de aquietamiento y serenidad.

Podría decirse que si el dormir supone una máxima relajación y una total desatención, por el contrario el meditar supondría un máximo de atención sobre una base relajada.

2. ¿Se puede ser cristiano y meditar?

Todo cristiano, hinduista, mahometano, budista o practicante de cualquier otra religión no solo puede meditar, sino que si además desea ser más coherente con sus propias creencias, convendrá que la practique. En este sentido, la meditación le servirá para mejorar la comprensión de sus procesos mentales y profundizar en la esencia de su corazón.

En realidad cualquier creencia, como por ejemplo las que identifican y diferencian a cada religión, no son otra cosa que programas mentales. Y por lo tanto como “creencias”, son tan observables como los pensamientos y emociones que ellas generan y están también sujetas al cambio y transformación. Es por ello que para el observador ecuánime que se despliega con la meditación, da igual que la mente “crea” una cosa u otra. Es decir, da igual que esta crea en un “Dios Padre” cristiano, en un “Krishna”, un “Alá”, en una inteligencia universal o un Cristo Kósmico… cualquiera de estas configuraciones mentales o creencias, serán tan solo observadas y reconocidas, en el respetuoso proceso de tomar conciencia de aquellos “programas” que nuestro proceso de vida requiere para cada etapa de su evolución.

Conviene pues, discernir entre la meditación y la religión. La meditación es una mera práctica y por lo tanto es tan aséptica que está más allá de las creencias, doctrinas y ritos que constituyen a cada respectiva religión. La meditación ni es religión, ni filosofía, ni ideología. La meditación es una gimnasia de lo sagrado.

3. ¿Qué es realmente lo sagrado?

Lo sagrado es todo aquello que puede conducirnos a una verdad más profunda de nosotros mismos. Y en este sentido, puede decirse que todas las tradiciones espirituales conviven e incluso promueven la sacralización del silencio contemplativo. Por ello es frecuente ver a sacerdotes, lamas, yoguis, chamanes, derviches… adentrándose en un reverente silencio contemplativo que a todos unifica y desde el que se trascienden las creencias del nivel personal.

4. Me pregunto si me volveré más solitario e introvertido a medida que practico meditación.

Conforme se avanza en la práctica meditativa se observa como nuestra visión de la vida se ve impregnada de esencia y significado. Y si bien esta nueva cualidad de lo profundo permite desprendimiento y mayor independencia, es evidente que no conlleva aislamiento.

En realidad, mientras que la soledad consciente es una bendición, el aislamiento supone una patología en el establecimiento de vínculos. Sucede que podemos vivir la “soledad” y al mismo tiempo estar en compañía afectiva de otras personas. Y también por el contrario, puede darse la paradoja de que aún estando físicamente con otras personas, nos sintamos desconectados emocionalmente.

Como se ha señalado, la meditación logra una mirada cada vez más honda. Y cuanto más profunda es dicha mirada, más permite recrearse en la belleza que late a menudo oculta en las pequeñas cosas. Belleza cuya recreación atenúa el sentimiento de incompletitud y carencia que acompaña al ego del nivel persona.

5. Observo que a quien comienza a meditar se le dan muy pocas explicaciones. ¿Por qué la práctica casi sin palabras previas suele considerarse suficiente para comenzar?

En los lugares en donde se realizan prácticas meditativas Zen, es frecuente que aquella persona que se presenta con la intención de iniciarse, eche de menos lo que llamaríamos unas “clases previas” para alimentar la parte racional, que parece exigirnos cierto nivel de conocimiento sobre las “reglas de juego” de lo que vamos a realizar.

En realidad, este hecho de reducir tanto la dimensión verbal acerca de la futura vivencia, lo que pretende es no alimentar demasiado la teoría y trascender la dimensión conceptual sin alimentar expectativas. Es decir, que lo que de alguna forma se pretende, es el descubrir por uno mismo el sabor de lo que pueda acontecer durante la práctica. En este sentido, se tiende a facilitar una base escueta para no “engordar” la vivencia con teorías superfluas que no facilitan precisamente el acceso a la experiencia directa.

No obstante, las explicaciones fundamentales acerca de la práctica resultan muy valiosas para nuestra mente racional. Una parte que necesita entender el juego en el que “se mete” porque su propia naturaleza está basada en el control. Sin embargo, dado que la meditación es una vivencia que en sí misma atraviesa y trasciende dicha parte racional, conviene no extenderse demasiado en preámbulos con el fin de no condicionar acerca de lo que es la meditación o sucederá en la misma. Algo que paulatinamente se va desvelando en quien la practica.

6. ¿A qué edad se puede empezar a meditar?

Cada edad conlleva diferentes posibilidades en el camino del autodescubrimiento. Y en este sentido cuando no hay enseñanzas directas en el colegio o en la familia, los hijos suelen comenzar de forma espontánea a practicar meditación y celebrar el silencio, si los mayores lo vienen naturalmente practicando.

En este sentido, recuerdo lo que en una ocasión tras una conferencia, una mujer preguntó:

“¿Cómo puedo enseñar a mis hijos a meditar?”.

La respuesta que brotó fue concreta: “Meditando tú”.

En realidad bien sabemos lo que afirma el lema de la Escuela de Desarrollo Transpersonal.

“Educamos por lo que somos, no por lo que decimos.”

No obstante en la actualidad y conforme los padres se desarrollan y expanden como personas, no dejan de demandar programas mindfulness para niños y adolescentes. En realidad muchos de tales educadores reconocen que si se hubiesen encontrado antes con las herramientas que actualmente les facilitan desarrollo y sentido, se habrían ahorrado muchos errores en sus respectivos caminos de la vida. Y por ello anhelan que sus hijos encuentren antes que ellos tal abanico de posibilidades.

Conscientes de esta necesidad, tanto la Escuela como la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal imparten formación en colegios a profesores y niños, en los que se entrena la atención plena mediante variadas prácticas de respiración consciente, de atención a los sentidos, de identificación de sentimientos y emociones, de visualizaciones creativas y en definitiva, un programa que brinda a los que comienzan a vivir, una puerta de entrada a la autoconciencia y a los talentos y recursos que de ello se derivan.

7. ¿Qué hacer o cómo respirar cuando siento ansiedad durante la meditación?

Muchos meditadores cuando comienzan a practicar y se ven inundados de ansiedad, preguntan cómo centrar su enfoque de la atención en algo que la neutralice. Para ello, suelen recurrir a una técnica sencilla y de efectos poderosos como pueda ser el contar respiraciones del 1 al 40. Un ejercicio sencillo pero de grandes efectos en el sostenimiento de la atención al momento presente, aspecto que lo convierte en una inestimable herramienta para neutralizar de la ansiedad.

En realidad, en hecho de devenir conscientes de las sensaciones que acompañan el proceso respiratorio, puede ser el objeto de atención de nuestro enfoque mientras meditamos, ya que gracias dicho enfoque centramos la mirada interna y evitamos la dispersión. De hecho, el realizarla de forma más profunda y con plena consciencia, se contribuye muy eficazmente al sosiego y al ahondamiento en la dimensión esencial.

En este sentido la tradición Zen afirma que si un sujeto es capaz de contar 300 exhalaciones sin despistarse, es decir manteniendo la atención plena en total presencia, durante todo lo que dura este proceso, “se ilumina”. Sin duda un reto a la tendencia dispersa de la mente humana que se resiste a mantener el enfoque de la atención en un objeto determinado.

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JOSÉ MARÍA DORIA
ESCRITOR Y PSICOTERAPEUTA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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