Meditación. Postura, sensaciones y vivencias.
Claves de Mindfulness y Meditación Transpersonal

Claves de Mindfulness y Meditación Transpersonal (7)

Por el 1 octubre, 2012

1. ¿Qué postura debemos adoptar para practicar la meditación transpersonal?

La postura más reconocida y arquetípica que deriva de las tradiciones contemplativas orientales, consiste en sentarse en el suelo sobre un cojín con las piernas cruzadas. Es la llamada postura de loto.

De todos es sabido que la meditación tal y como la practicamos en el occidente contemporáneo, tiene su raíz en la tradición contemplativa oriental. En realidad las prácticas meditativas más habituales provienen de dichas tradiciones, tanto derivadas del budismo como del hinduismo. Y en este sentido la mayor parte de las personas occidentales tratan de acoplarse a la mencionada postura, con todas las dificultades que para ellas supone. Por ello, no conviene forzarse demasiado en su consecución, ya que puede resultar inadecuada para nuestro tipo particular de cuerpo.

En realidad, la citada postura ofrece una perfecta estabilidad y simetría, así como un gran enraizamiento e integración entre la horizontal del suelo y la vertical de la espalda. Puede afirmarse que quien logra practicarla de forma correcta, se ve propiciado a mantener de forma natural una despierta y serena quietud.

Meditación. Postura, sensaciones y vivencias.

Sin embargo ya sabemos que la meditación de por sí, es un estado de conciencia y no precisamente una postura. La postura ayuda pero no la constituye. De hecho el meditar sentados en un taburete o en una silla, supone una excelente postura meditativa. Cada persona en función de la naturaleza de su cuerpo y su propio proceso personal, optará entre el sentarse sobre el cojín en el suelo, o bien en una silla.

2. Qué es mejor, ¿meditar con los ojos abiertos o cerrados?

En este sentido conviene investigar cuál es el mejor método para la etapa y el tipo de trabajo interno que estemos realizando. En realidad variedad de tradiciones yóguicas y la mayor parte de las conocidas prácticas meditativas, trabajan su atención con los ojos cerrados, mientras que en la tradición Zen por su parte los mantiene entreabiertos.

El hecho de tratar de superar la somnolencia, así como integrar la atención, tanto del mundo interno de los propios pensamientos como del externo, nos llevará a practicar con los ojos abiertos. Y por el contrario, si los párpados se nos cansan más de lo razonable y deseamos una suspensión de estímulos externos, convendrá entonces que los cerremos. En cualquier caso será la auto indagación lo que prime en ambas opciones.

3. Me siento forzado con la postura recomendada, me duelen los riñones y se me duermen las piernas. A veces me pregunto, ¿es necesario pasar por esto? Creo que en el fondo me distrae la incomodidad y me impide meditar de verdad…

Si te resulta tan incómoda la posición que utilizas, ajusta o cambia tu postura, e investiga cómo te vas encontrando con la nueva. ¿El cojín con las piernas cruzadas en el suelo te resulta insostenible?, ¿has probado a meditar de rodillas sobre un banquito de meditación?, ¿y si meditas sentado en un taburete o una silla?

Conviene indagar si realmente la aparición de nuestros dolores se debe a que hemos forzado la postura, o más bien se trata de tensiones temporales que emergen a través del cuerpo.

4. Soy muy aficionado a hacer senderismo y siempre que puedo, salgo a caminar con mi compañera y mi perra. ¿Sería posible convertir este caminar en meditación?

Por supuesto que sí. Y eso lo saben muy bien los participantes de los cursos meditación del monasterio japonés de Hiei en Kioto. En dicho lugar se otorga una gran importancia al caminar como ejercicio contemplativo. Es por ello que realizan marchas de incluso 30 kilómetros diarios, considerando al agotamiento como un buen aliado, ya que es entonces cuando la mente se “entrega” y cesa de divagar.

El eje de dicho ejercicio radica en el enfoque de la atención en cada paso, en “este único paso”. Si a esto añadimos que puede dirigirse la atención al sentir las plantas de los pies en el suelo, convertimos nuestro ejercicio en un poderoso entrenamiento de la atención consciente.

En realidad, cuando meditamos caminando y logramos neutralizar la dispersión de la misma, supone un gran adelanto, ya que cuando estamos dispersos es cuando aflora lo que técnicamente se llama “red por defecto”, una red neuronal que desencadena las emociones menos constructivas, emociones tales como victimismo, aversión, angustia, pesimismo, anticipación negativa…

Para convertir nuestro caminar en meditación, conviene que lo hagamos en silencio y si además lo hacemos en grupo, mantengamos “fila india” (los indios eran expertos en  recorrer largas distancias) y que nos enfoquemos en aspectos tales como el camino que pisamos, el ambiente que nos rodea, en guardar la distancia elegida con el que va delante,… a la vez que  nos mantenemos conscientes de los pensamientos, sentimientos y sensaciones que aparecen y desaparecen.

En este sentido conviene recordar la tradición sagrada de las peregrinaciones. Se trata de grandes marchas como lo pueda ser entre otras, el Camino de Santiago, durante las cuales el peregrino supera el cansancio y la dispersión, obteniendo los dones que su recorrido promete. En ellas,  el peregrino supera las pruebas que aparecen en el camino “menor”, al tiempo que incorpora íntimos recursos y herramientas para recorrer el camino “mayor” de la vida.

5. Mientras meditaba he tenido una experiencia muy bella en la que me veía levitando y en contacto con seres de luz en un mundo maravilloso. ¿Cómo volver a sentir semejante regalo?

Desde luego que el propósito de la meditación no es ver ni contactar con seres celestiales ni con cielos luminosos. Si eso sucede lo observaremos y si esto no sucede, observaremos entonces lo que suceda. Es por ello que desde la ecuanimidad meditativa que ejercita el discernimiento, simplemente se observa la bella vivencia que relatas, desde el mismo lugar que si hubiese aparecido otra película hipotética que en este caso mostrase un tenebroso paso a través de ciénagas oscuras y turbulentas.

En realidad el Testigo neutro u observador, no “prefiere” unos contenidos mentales a otros, sino que tan solo observa ecuánime sin juicio, apego o enredo. Es la mente la que se “dedica” a preferir  unas vivencias a otras. El meditador discierne lo que es un insight de comprensión, de lo que es una película fenoménica que, por más bella que sea su trama, se desenvuelve en el plano del pensamiento y de la visualización. En todo caso quien prefiere legítimamente un espectáculo a otro, es la propia mente. Si a esto añadimos que ese proceso de juzgar, evaluar y “preferir” es también observable, situaremos estas bellas experiencias donde corresponde.

En verdad, los “guiones celestiales” son muy agradables de vivir, y muy bien recibidos por nuestra naturaleza ya que suponen un vaso de agua pura y fresca en el seco desierto de la mente encapsulada y dual. Pero a efectos meditativos, una vez acontecidos, son tan solo  “agua pasada”, ya que a menudo tienen incluso el peligro de atraparnos en sucesiones expectantes que enredan al meditador en la esfera de un “ego espiritual” y en consecuencia en seguir dando cuerda a la dimensión de lo pensante como si esta fuera lo real.

Mientras la vivencia transpersonal se desenvuelve en ecuánime observación de la presencia en el ahora, los fenómenos paranormales así como otras vivencias calificables como extrapersonales es decir, no transpersonales, se desenvuelven en planos mágicos y psíquicos que lejos de ser una ventaja para el meditador, lo que a menudo hacen es atrapar la atención en preferencias, deseos y expectativas de repetición que refuerzan justo lo que se quiere atravesar.

¿Qué actitud pues adoptar ante tan espectaculares representaciones?

En primer lugar agradecer tales regalos, ya que en muchas ocasiones han supuesto alivio en el desamparo y confianza para el devenir. En cualquier caso, observarlas y dejarlas reposar con respeto en el plano de realidad que les corresponde.

6. Me pongo nerviosa al meditar. Como veo que parece meditarse para justo lo contrario, ¿es esto normal?

Puede que durante la meditación vivamos momentos en los que la inmovilidad a que sometemos nuestros cuerpos y el inhabitual silencio verbal, desencadenen estados temporales de amenaza y desconcierto. En este sentido, no deja de resultar paradójico que precisamente al cultivar la quietud y el silencio, aparezcan molestos brotes de nerviosismo y ansiedad.

Pues bien, para serenar la mente sometida a esta situación, lo que podemos hacer es “sentir la respiración”, es decir, enfocar la atención en el proceso sensorial de respirar. Y si lo sentimos conveniente, proceder a respirar con mayor profundidad, es decir, inhalando más aire y exhalándolo más lentamente hasta vaciarnos por completo. Sucederá que la conciencia de las sensaciones que acompañan a la respiración, bien sea de los pulmones llenándose y vaciándose, o del abdomen en su dilatación y suave contracción, o bien de las fosas nasales sintiendo asimismo cuál de ellas está más liberada… transformará el estado de ansiedad, en general producido por el drenaje de tensiones. Y así,  el aquietamiento pacífico irá emergiendo de forma progresiva.

Si observamos que aún así, tras hacer más larga la respiración y sostenernos en tal observación persiste la ansiedad, convendrá entonces hacer la respiración simétrica, que consiste en cuatro pasos. Primero retener el aire “a pulmón lleno” y contar por ejemplo 6 segundos. Segundo, soltar lentamente el aire por la nariz y de nuevo una vez completada la exhalación, proceder a contar “a pulmón vacío” otros 6 segundos antes de volver a inhalar y repetir el ciclo. Esta práctica respiratoria que retiene en lleno y vacío, es una valiosa herramienta para detener el flujo disperso de los pensamientos y neutralizar la ansiedad.

7. Me sucede algo muy extraño. Cuando medito aparece un sentimiento de soledad y de abandono muy intenso y persistente, ¿qué hacer?

Existe variados sentimientos de soledad, desde el producido por la experiencia de abandono y su consiguiente desamparo, hasta el experimentado por tener consciencia de lo atrapados que estamos como seres humanos en la ilusoria identificación con un “yo persona” con fecha de caducidad y que además se siente “separado”.

El primer caso de abandono está presente en la biografía de una gran parte de seres humanos. Y sucede que en cierta medida la huella de viejos dolores o “heridas emocionales” tiende a reabrirse cuando soltamos defensas y nos exponemos al mundo interior. Y en realidad durante la meditación cuando estas afloran, no es mala noticia, ya que de alguna forma con tal emergencia, los contenidos dolorosos se “limpian y airean”, facilitando una nueva “cicatrización” de mejor calidad.

Por otra parte, el sentimiento de soledad y los derivados carenciales que enfrenta nuestra naturaleza emocional, puede ser actualizado con temores no sólo registrados en nuestra propia biografía, sino también como producto de conexión espontánea con miedos ancestrales de nuestra milenaria supervivencia como raza humana, temores que a su vez subyacen en nuestra memoria celular.

Y sucede que al igual que en la noche cuando tenemos una pesadilla, sentimos que hemos “drenado” nuestros temores menos reconocidos y en consecuencia más sumergidos, de la misma forma durante la práctica de la meditación cuando aflora un sentimiento de soledad agudo, lo que sucede es que una inteligencia interna lo está liberando, y eso además de permitirnos “respirarlo” e integrarlo, supone un refuerzo a la salud mental.

De hecho durante la práctica de la meditación, dado que aflojamos las resistencias que blindan contenidos emocionales sumergidos, es normal que vaya drenando un abanico de pérdidas archivadas en forma de abandonos, traiciones, desamparos, amenazas, rechazos, etc. Pues bien, desde una perspectiva psicológica, cuando estas afloran acompañadas de dolor y tristeza, significa que de alguna forma no estaban del todo aceptadas y resueltas.

Es por todo ello que la práctica meditativa puede considerarse como un ejercicio terapéutico de purificación y drenaje, ejercicio por el que se aligera nuestra “mochila” de condicionamientos y memorias.

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0 Comentarios
  1. ana van dusen

    4 octubre, 2012

    mil gracias por los tips para lograr la meditación y con ella, la paz interior. a mí me cuesta mucho trabajo meditar. en marzo de 2013 iré a las faldas de tepozteco a tomar el curso de fin de semana que me contó mi amiga tere o’reilly de lozano, porfa mándenme los datos

    gracias

    ana van dusen

JOSÉ MARÍA DORIA
ESCRITOR Y PSICOTERAPEUTA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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