Meditación. El observador testigo separado del pensamiento.
Claves de Mindfulness y Meditación Transpersonal

Claves de Mindfulness y Meditación Transpersonal (8)

Por el 8 octubre, 2012

1. Se me ocurren ideas interesantes mientras medito con lo que me voy detrás de ellas. Y sucede que  así se me pasa el rato de meditación… dudo mucho que esto sea precisamente meditar.

Es muy natural que durante la meditación aparezcan ideas interesantes y que incluso vayan seguidas o precedidas de otras no tan interesantes. En cualquier caso, resulta grato observar que la práctica meditativa puede propiciar momentos creativos que posteriormente podrán resonar durante la jornada, inspirando nuestra vida.

Sin embargo el objetivo está no sólo en observar como la mente genera ideas, sino también observar al sujeto pensador que está generando a las mismas y que siente gozo en su calidad creativa. En realidad cuando tomamos conciencia de que “eso” tan creativo es tan solo un pensamiento encadenando otros pensamientos, sigamos el curso de tal película con total consciencia de que efectivamente es una película que a una parte de nosotros, también observable, le resulta muy entretenida.

Por ejemplo, cuando vamos al cine y vemos una película, solemos seguir el curso de sus imágenes, totalmente absorbidos en ella. ¿Y si de pronto, tomásemos conciencia de que somos espectadores y de que “eso” es tan solo una película? De la misma forma durante la práctica meditativa, asistimos a la película de la mente y tratamos en todo momento, de mantener la presencia como sujetos observadores de la pantalla mental. Meditar entonces sería cultivar un estado de atención tal, que nos permita seguir la película, sin quedar atrapados y disueltos por la identificación con la misma.

2. Llevo ya dos años meditando sistemáticamente y me doy cuenta de que todavía me paso el tiempo de meditación, despistándome constantemente y “volviendo” a la respiración, porque no ceso de distraerme. Con el tiempo que llevo ya meditando, pregunto, ¿es eso normal?

En realidad como ya se ha indicado, lo importante durante la meditación no es precisamente el “no despistarse”, sino el darse cuenta de que nos hemos despistado.

El pensamiento nos distrae cuando “caemos en sus redes”. Y sucede que al dejar de atestiguarlo con la suficiente atención y distancia, nos absorbe en sus bucles y “volvemos a la identificación” con el mismo. Y esto es absolutamente normal que suceda muchas veces durante la meditación, incluso llevando años de práctica. Sin embargo el hecho súbito y bienvenido de “darnos cuenta” de que el pensamiento ha logrado absorber nuestra atención en sus encadenadas asociaciones, es precisamente lo que de inmediato nos libera de su dominio.

En realidad el verdadero “desapego” consiste en desidentificarse del pensamiento, es decir, devenir capaz de reconocernos como sujetos observadores y convertir al pensamiento e incluso al pensador (que no el sujeto observador que en ningún caso puede verse sí mismo) en “objeto visto”. Esta “separación” conlleva la distancia suficiente entre nuestra conciencia testigo y el proceso mental, como para armonizar el “nivel persona”. Un entrenamiento por el que se convierten las “reacciones” automáticas, en “respuestas” voluntarias y conscientes.

3. ¿Por qué la mente siempre encuentra alguna excusa para no meditar?

El ego es tan carencial que su propia cultura es adquisitiva. Siempre está insatisfecho por su ilusoria sensación de separación y la dualidad de su pensar. Es por ello que constantemente dirá “¡Bah! ¿Para qué estar quieto sin hacer nada? Tengo cosas más importantes que hacer que estar aquí parado. Otro día meditaré con más calma. Ahora mejor es hacer lo que tengo pendiente…Total por un día que no medite…”

A esto conviene añadir que en el seno de un modelo socioeconómico como el actual y con el culto a las superficies que tributamos, no es precisamente bien recibida la “cultura del silencio y el no hacer”

Por otra parte a la mente le cuesta “ceder su reinado” y en consecuencia, opone resistencias a la meditación ya que esta por su propia naturaleza, propicia el atravesar el pensamiento hacia territorios de identidad transpersonal. Algo que de alguna forma supone relegar a la mente a un papel funcional y en cierto modo secundario.

Habrá que reconocer que ante las múltiples resistencias que ofrece la mente para perseverar en la meditación, lo más probable es que esta desmonte con rapidez la motivación surgida por el simple hecho de haber leído algo sobre sus beneficios y ventajas. Tan solo una certeza intuitiva muy honda y proveniente del impulso evolutivo, será la que nos impulse a atravesar el obstáculo y convertir la práctica en algo no negociable.

¿Qué nos está llevando en este momento a leer este manual?, ¿qué sutil motivación nos impulsa a recorrer esta milenaria senda contemplativa que, a menudo, tan árida e inútil se manifiesta?

Es muy posible que antes de meditar esperemos recompensas futuras, sin embargo intuimos que el progreso del camino no fortalece precisamente este argumento, sino que más bien nos permite reconocer que no existe más que el momento presente. En realidad la recompensa sucede en el ahora.

Teniendo esto en cuenta, uno podría preguntarse el porqué la mente activando tantas excusas para lograr soslayar este espacio meditativo, no logra sabotearlo en tantos millones de meditadores a lo largo de este planeta.

La respuesta tal vez pertenezca al Misterio, ese desconocido e incontrolable fluido por el que un día, eso inefable y trascendente nos encuentra.

4. En otros métodos de meditación se practica la visualización y así la mente se “entretiene”. ¿Por qué en la Meditación Transpersonal se habla de observar simplemente?

Una cosa es visualizar imágenes y otra muy distinta es hacer silencio en la propia mente a base de observar los contenidos que en ella surgen de forma causal y, poco a poco, aquietar el flujo de los mismos.

Mientras que el visualizar e imaginar supone una evocación de paisajes internos, inducidos por palabras de un mentor o del propio estímulo del meditador, el meditar en el sentido estricto de la palabra, es trabajar con la atención consciente. Y esto trabaja con el puro acto de “darse cuenta”, una acción que no es precisamente la de activar imágenes y sentimientos por el ofrecimiento de estímulos y verbalizaciones, por más inspirados y sutiles que estos se nos ofrezcan.

Observar no es pensar, ni imaginar, ni visualizar. Observar es una acción que tan solo puede hacer la llamada conciencia. Y el hecho de realizar tal acción, conlleva neutralidad y desapego; el desapego justo que se precisa para separarse del pensamiento verbal o imaginativo y de forma ecuánime, ser capaz de “verlo”.

El pensador interno, es decir el que hace juicios, compara, anticipa y recuerda, no debe ser confundido con el observador que por su propia naturaleza conciencia, es neutro y nunca juzga. Ambas acciones son funciones distintas. Y así como el “pensador” analiza y procesa datos en el tiempo, el “observador” por su parte, tan solo atestigua en el presente infinito del silencio. Si hay opiniones o juicios que brotan acerca del material mental observado, serán opiniones y juicios que hace la mente, y como tal serán tan observables, como cualquier otro contenido.

Lo único que no cambia es el observador de lo que cambia.

5. ¿Cómo se pone la mente en blanco?

Por de pronto olvidémonos de asociar la meditación con esa conocida y desafortunada frase de poner la “mente en blanco”. Y es desafortunada porque ha llevado a mucha gente a pensar que al no lograr tal objetivo, meditaban “mal”. Y por lo tanto eso de meditar se convertía en “misión imposible”, llegando en muchos casos a la frustración y consiguiente “manía” hacia la misma.

¿Acaso el corazón deja de bombear en algún momento?

El hecho de que en algunos afortunados momentos de nuestra práctica, suceda que por nuestro alto nivel de silencio y presencia, observamos que simplemente somos y que no hay pensamientos en la “panorámica” de la mente, no significa que ese instante de presencia en la vacuidad solo sea el único válido de la meditación, descartando al resto como basura.

La meditación es un proceso, y devenir consciente de ese proceso enriquece y cualifica al mismo. No se trata de llegar unidireccionalmente a la cima, sino del valioso proceso de recorrer la montaña.

6. ¿Por qué siento tras meditar que le otorgo menos “importancia” a las cosas y a los problemas? ¿Acaso esta práctica me vuelve insensible?

Alguien dijo: “Pensamos que cuando resolvamos nuestros problemas encontraremos la paz, cuando en realidad es abrazando la paz cuando los problemas dejan de existir”.

Vivir una vida consciente no supone dejar de reír o de llorar, ni tampoco reducir nuestra sensibilidad para anestesiarnos del dolor. Alguien sabio dijo que se trataba más bien de dejar bien abierto nuestro pecho, permitiendo que la vulnerabilidad sea la fuente de nuestra fortaleza.

En realidad, la profundidad de visión que se despliega con la práctica meditativa, relativiza la importancia de las cosas que anteriormente nos producían rabietas, ira y frustración. En este sentido, la perseverancia en la meditación y un adecuado análisis, capacitarán la regulación de nuestro caudal emocional, posibilitando maduración emocional y visión clara.

Reconozcamos que podemos tener una edad considerable, podemos asimismo tener responsabilidades familiares a nuestro cargo e incluso desempeñar cometidos profesionales de gran complejidad, pero aún a pesar de ello, podemos tener una notable inmadurez emocional.

La madurez emocional no se logra por el simple hecho de desearla, ni tan siquiera existen academias y universidades para “matricularse” en algún curso sobre ella. Es por ello que la práctica continuada de la meditación, resulta una fuente de posibilidades insospechadas de transformación personal. Una transformación que sucede desde una inteligencia que no es la ordinaria habitual, sino más bien aquella que desde la coherencia cardíaca se revela.

7. ¿Es posible que durante la meditación esté observando el parloteo de la mente y a la vez sea capaz de sentir y reconocer un espacio sin límites que todo lo abarca?

Así es. En realidad lo que al parecer somos en esencia es ese “sentir sin límites” que todo lo abarca, incluido el parloteo de la mente. La vivencia aparentemente contradictoria que la pregunta describe, señala la no identificación de lo que observa con lo observado, en este último caso, el parloteo de la mente.

Y esa no identificación y distancia entre la conciencia testigo que simplemente observa y la mente parlante, supone el gran trabajo de desapego que el proceso de despertar conlleva.

En realidad no se trata de sentir una cosa u otra, sino que ambas y muchas más caben en el inmenso campo de la conciencia.

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2 Comentarios
  1. Responder

    jorge

    2 agosto, 2016

    puedes eplicarme sinteticamente lueog de meditar en postura sedente, para el caso vipassana o mindfulness o samatha u otra, surge el testigo.
    ¿ que se refiere le testigo?
    ¿que es un separacion entre el objeto que soy yo y el sujeto que puede ser la respiraicon nivel fosas nasales?

    Siempre se dice surge el testigo ?

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JOSÉ MARÍA DORIA
ESCRITOR Y PSICOTERAPEUTA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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