Claves de Mindfulness y Meditación Transpersonal

Claves de Mindfulness y Meditación Transpersonal (9)

Por el 15 octubre, 2012

1 .Ya no siento la misma paz que experimentaba al principio cuando comencé a meditar. ¿Será que estoy haciendo algo mal?

Luz, sombra. Bienestar, malestar. Expansión, contracción… Son tan solo estados de la mente, estados en permanente cambio y transformación.

En realidad no practicamos meditación para sentir algo específico, es decir, algo apetecible como lo puedan ser la paz, plenitud, bienestar… en realidad aún sabiendo de los beneficios de la meditación, tratamos de sentarnos a practicarla “porque sí”, es decir, “amando la acción por la acción” independientemente del resultado.

Los frutos de la misma aparecen cuando tienen que aparecer, y además estos, no se contabilizan en términos de ganancia o pérdida, sino más bien en el paulatino descubrimiento de un “tercer punto” que trasciende a ambas. Un punto de observación tan ecuánime que como inamovible montaña, sonríe serenamente ante las mareas dualistas de la mente.

 

2. Cuando hablamos de mirar la corriente de pensamientos sin emitir juicio alguno de lo observado, ¿Quién es el que observa?

Quien observa es la verdadera identidad SER, la que no ha nacido ni morirá, lo que está más allá del tiempo. Es decir, una identidad esencial e inefable que ha sido nombrada como Océano de infinitud y conciencia. Dicho en otros términos lo que en realidad observa es el testigo primordial que desde la neutralidad que lo caracteriza, atestigua lo que aparece y desaparece en el campo de la experiencia.

Este supratestigo es lo que realmente se da cuenta de lo que sucede, un darse cuenta que nos permite devenir conscientes. Devenir conscientes entre otras cosas de los juicios de nuestra mente pensante, así como de todos los procesos, opiniones y perspectivas que esta adopta desde su propia acción de separar, analizar y clasificar.

Se dice que hay dos cumpleaños en la vida de un ser humano:

El día en que nace su cuerpo físico y el día en el que deviene consciente de sí mismo, y en consecuencia, capaz de auto observarse y darse cuenta de sus pensamientos.

En realidad “quien observa” vive en el presente, de hecho “es presente”, mientras que “lo observado” es mente, pensamiento, es decir memoria y tiempo. Así pues, mientras que el uno se dedica a atestiguar, la mente pensante por su parte se dedica a recorrer el pasado y el futuro con recuerdos y anticipaciones. Un incesante movimiento que genera juicios y opiniones, y como consecuencia temores y deseos.

Existe una metáfora muy utilizada para distinguir entre observador y los pensamientos observables que consiste en representar un sujeto que junto a un río observa sentado como pasan flotando troncos que descienden por la superficie del mismo. Cada tronco se asemeja a un pensamiento, pensamiento “que como viene, se va”… mientras que el observador permanece inafectado, atento y despierto.

3. Yo creo que si la Conciencia está en todas partes no tengo por qué meditar sentado para sentirme conectado con ella… quizá pueda sentirla al caminar, al trabajar, al peinarme, al hacer el amor… De verdad, ¿es tan necesario eso de sentarse a meditar?

Así es, la conciencia no sólo está en todas partes, sino que ES todo, está en todo y es causa de todo. Y efectivamente todas las situaciones de la vida pueden vivirse desde la atención plena y la presencia. Lo que sucede es que esto no lo conseguimos la mayor parte de los mortales sin acudir regularmente al “gimnasio sagrado de la atención” y entrenarnos en tal estado de presencia y ahoridad.

El hecho de sentarnos cada día y practicar meditación solos o en compañía de una pareja o grupo, sin duda irá creando las avenidas neuronales propias de la capacidad de vivirnos desde una profunda consciencia de mismidad.

La profundidad que puede alcanzarse practicando la detención de nuestro movimiento y silenciando estímulos sensoriales, al tiempo que enfocamos postura, respiración y actitud, no sólo propiciará una corriente vital de calidad no ordinaria, sino que se irán conformando benéficos cambios neurológicos, actualmente ya objetivables.

4. ¿De dónde vienen los pensamientos? Cuando medito parecen tener vida propia. Siento como si nunca pudieran parar y yo estuviera a merced de ellos. No se acaban nunca…

Efectivamente los pensamientos aparecen sin que nuestra sensación de “yoidad”, tenga prácticamente nada que ver en ese proceso. De hecho ¿quién sabe lo que vamos a pensar en los próximos cinco minutos, o incluso cinco segundos…? En realidad durante la meditación transpersonal el tratar de detenerlos o manejarlos es algo a evitar. La pura observación que hacemos de ellos es algo más potente y evolutivo que activar otros pensamientos contrarios, es decir, otros pensamientos para luchar contra los que no nos gustan y ganar batallas de los “buenos contra los malos”.

Lo realmente poderoso es devenirnos capaces de establecer la distancia suficiente para poder considerar a estos como lo que son: tan solo pensamientos. Esa energía del “darse cuenta” es tan contundente que al iluminar la corriente de ideas y reconocerla precisamente como lo que es, un proceso pensante que aparece y desaparece en constante cambio, generará en el ecosistema personal consecuencias relativizadoras de grandes beneficios fisiológicos y emocionales.

Darnos cuenta de que esa corriente de ideas a la que tan apegados estamos, son tan solo pensamientos, es la gran aventura evolutiva de la actual Humanidad. En realidad nos ha costado muchos años desarrollar la capacidad de pensar, ¿cuántos tardaremos en despertar la conciencia?

5. He oído hablar de la iluminación. ¿A qué se refiere exactamente? ¿La puedo alcanzar yo? ¿Cuándo y cómo?

Hay muchos mitos tras la llamada “iluminación”. En realidad con ese término queremos señalar un estado de unidad de conciencia que conlleva en sí mismo aspectos tales como paz, plenitud, amor, lucidez…

Y de la misma forma que en cada oruga late una mariposa, o bien en cada bellota late dormido un árbol, de la misma forma en cada ser humano hay una dimensión de plenitud y gozo que aunque ya lo seamos en esencia, al parecer no nos enteramos de que lo que en verdad somos.

A un nivel psicológico puede afirmarse que la iluminación lleva aparejado el descondicionamiento de suposiciones y prejuicios, un estado que señala la libertad verdadera de un ser humano.

A nivel mítico, cuando nombramos a la iluminación, lo que posiblemente sucederá es que aparezcan en nuestra mente las figuras de seres idealizados y colocados en los altares que en su paso por la vida humana, hayan dejado legados tan profundos como los que a ellos se atribuyen.

A medida que avanzamos en la práctica meditativa, sucede que vamos ampliando nuestra comprensión y en consecuencia, nos encontramos mejor preparados para afrontar cada día “lo que hay”. Por ello sucede que disminuimos la frustración causada por expectativas y disfrutamos del presente en la bondad, verdad y belleza.

Es por ello que conforme se avanza y madura, sucede que las ansias de iluminarnos o de que las cosas sean distintas de cómo en realidad son, van disminuyendo de tal forma que la idea de la iluminación poco a poco se “humaniza”. Sucede entonces que en vez de “subirnos” hacia la gran luz, es la luz la que “baja” a lo pequeño. Una visión que despoja dicho término de idealizaciones construidas en nuestro anhelo de trascender el sufrimiento y vivirnos en paz.

No es difícil reconocer asimismo que cada etapa del camino tiene sus motivaciones, sus imágenes y sus anhelos, por lo que sin duda habrá que averiguar qué significa para cada uno su iluminación, y desde ahí fluir por el río de la vida hacia la madurez de la persona, y la lucidez inherente a la auto consciencia.

 

 

6. A mi padre no le gusta que medite, dice que estas actividades son propias de una secta.

Toda meditación es una práctica y como tal práctica es una pura vivencia que trasciende doctrinas, creencias, ideologías y religiones. Y esto es particularmente explícito en el caso de la Meditación Transpersonal cuya escuela de origen proclama que no existen “maestros” al estilo patriarcal, es decir, grandes egos idealizados de los que suelen venerarse en el seno de las míticas religiones tradicionales. En todo caso lo que hay son seres destacados con “maestrías” o talentos bien desarrollados que sirven a los propósitos de los que aprenden. En realidad, la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal proclama que el único maestro que existe está en el corazón de todo ser humano, y esto supone más bien una dimensión inefable y translógica.

Como bien se sabe “religión y espiritualidad” no son lo mismo. La espiritualidad es una vivencia y la religión es por el contrario un corpus de doctrina, reglas, creencias y caminos rituales para alcanzar la mencionada vivencia espiritual. Así pues mientras que la religión habla de cómo “morder la manzana” y de cómo se llega hasta ella, la espiritualidad por el contrario, simplemente la muerde y vivencia.

Los unos se acercan a la teología, los otros a la mística.

La meditación es praxis silenciosa, acalla la mente dualista y trasciende el plano verbal de las ideas abrazando el amor que somos. Desde esta perspectiva resulta bien difícil seguir a otra cosa o persona que no sea a la propia coherencia.

7. En el mundo de la meditación se habla mucho de la conciencia, pero no acabo de entenderlo. ¿La conciencia está dentro del cuerpo?, ¿fuera?, ¿dónde está?

Lo primero que podremos preguntar antes de saber dónde está, es qué entendemos por conciencia.

La respuesta que muchas personas podrán dar será la que se tenía popularmente de ella en tiempos precedentes. Es decir una voz interna de rasgo moral que indicaba lo que estaba moralmente bien o mal.

Más tarde con el descubrimiento del inconsciente freudiano, la consciencia o la inconsciencia señalaban el darse cuenta. “Soy consciente cuando me doy cuenta, e inconsciente cuando no”.

Y ya en los últimos tiempos es frecuente sentir que lo que entendemos por conciencia es el sustrato base: Amor con mayúsculas y minúsculas. Es decir, silencio inefable desde lo que el universo se manifiesta. Desde esta perspectiva, la conciencia es totalidad, infinitud y omnipresencia. Amor y Amor. Algo que somos en esencia, en nuestra dimensión más atemporal y profunda.

Algo que nos recordaría la afirmación de Theilard de Chardín acerca de nuestra identidad:

“No eres una criatura humana en una aventura espiritual, sino una criatura espiritual en una aventura humana”.

Y ¿qué es el espíritu sino Amor?

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JOSÉ MARÍA DORIA
ESCRITOR Y PSICOTERAPEUTA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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