Claves de Mindfulness y Meditación Transpersonal Observando

Confianza: “No andéis preocupados por vuestra vida. Mirad las aves del cielo. Fijaos en los lirios del campo”

Por el 24 agosto, 2018

No andéis preocupados por vuestra vida. Mirad las aves del cielo. Fijaos en los lirios del campo.

Mateo 6:25

¿Qué sentimos cuando miramos a las aves del cielo o a los lirios del campo? Tal vez sintamos que viven sin preocuparse por si un día van a morir o por si una tormenta obstaculizará sus vidas. El caso es que tales entes de la naturaleza, al no disponer de un sistema nervioso evolucionado, tampoco son capaces de pensar ni de padecer el dolor que nuestros complejos neocortex humanos experimentan. Ante esta realidad, podemos pensar que el hecho de que vivan así de “tranquilos” no conlleva esfuerzo alguno ni tiene gran mérito.

Sin embargo, el sentido de la frase “Mirad a las aves del cielo. Fijaos en los lirios del campo” no parece invitar a que nos volvamos tan simples como los lirios o tan ingrávidos como las aves, sino que resonemos con la corriente de vida que fluye por ellas. Contemplar tales entes por los que se expresa la naturaleza e inspirarnos en ellos, no quiere decir que “seamos ellos”, sino “como ellos”, en el sentido de habitar cada momento de vida tal cual viene.

A veces miramos a la naturaleza y la consideramos como algo ajeno a nosotros: naturaleza son los bosques, los ríos, las flores, los pájaros, las verdes montañas… Sin embargo, los aparatos, los plásticos, las pastillas, los territorios asfaltados…, creemos que no son “naturaleza”. Nuestra mirada antropocéntrica ha establecido distancia entre el ser humano y el resto de la creación, así como una oposición, a veces obsesiva, entre lo natural y lo artificial.

La “separación” por la que nos hemos individualizado forma parte del proceso de desarrollo. No ha sido un camino baladí el salir del territorio prepersonal y devenir individuos conscientes. Separarse de la “madre naturaleza” y nacer a la consciencia del yo es todo un parto; sin embargo, una vez hecho éste, comenzamos a preguntarnos: ¿Qué no es naturaleza? ¿Acaso alguna partícula en el universo no participa de la misma esencia o vacío primordial?

Se dice que, en alguna medida, somos polvo de estrellas. Y a poco que esto sea así, podemos reconocer que todo lo que percibimos tiene el mismo origen y posiblemente también un destino común. Tal vez esta reflexión nos invite a superar la miopía natural de nuestro estado evolutivo en el que percibimos que todo está separado, al tiempo que nos dejamos inspirar por el océano de consciencia que cohesiona las infinitas formas. Tal interconexión universal conlleva que todas y cada una de tales formas de vida se influyan entre sí. De hecho, sabemos que hasta la caída del pétalo de una rosa afecta a galaxias enteras o que, incluso el batir de alas de una libélula en Kenia, influye en el clima de Toronto.

El hecho de que nos percibamos ya individualizados y, en consecuencia, relacionándonos con las cosas del “ahí fuera” como ajenas, es parte de la visión mecanicista, ya superada por el actual paradigma holístico y cuántico desde el que “todo está en todo y es causa de todo”. Por ello, una vez nos damos cuenta de que, además de ser egos encapsulados, somos también un todo mayor, experimentamos un sentimiento de confianza en esa inteligencia global que nos trasciende. Sentimos que la tensión de nuestra soledad y de nuestra carencia se ve aliviada por sabernos fluyendo en el latido de una vida mayor.

 

Donde hay otro, hay miedo.

Upanishads

 

Cultivar el estado de confianza

el estado de confianza es el antídoto al miedo por excelencia. En realidad, el miedo existe por la separatividad que sentimos al habitarnos exclusivamente en el ego. Esta identificación nos lleva a preocuparnos, lo que supone ocuparnos antes del momento apropiado. Tal anticipación infértil, no solo causa el clima de ansiedad en el que vive la civilización actual, sino que también alimenta la creación de clichés mentales que, a poco que se anclan en nuestro inconsciente, se convierten en íntimas profecías que tienden a confirmarse.

El entrenamiento mindfulness transpersonal que tiene como base la práctica meditativa y la atención plena en la vida cotidiana, despliega la capacidad de sostener el enfoque de la consciencia en un ahora extendido. Dicha práctica aporta la estabilidad emocional que se precisa para no adelantarse a los tiempos que cada proceso de vida demanda, así como la capacidad de fluir en la presencia sin juicios ni anticipaciones.

Las aves del cielo, los lirios del campo, las grullas volando en bandada geométrica y una manada de lobos en rigurosa jerarquía, reflejan la inteligencia colectiva que se manifiesta cuando somos capaces de percibir la sincronía de corrientes mayores que concurren con nuestra pequeña voluntad. El hecho de que nos haya tocado vivir en un yo que se ve en la necesidad de tomar decisiones, planificar su futuro y asumir las consecuencias de sus actos, no excluye el pálpito de disfrute y confianza que nace de la sintonía con una Voluntad Mayor.

La confianza y la gratitud son manifestaciones de la consciencia transpersonal que tienen su raíz en la sabiduría del corazón. La consciencia mayor que mueve los hilos de todas las formas de vida abraza con compasión al pequeño ego atribulado por sus miedos. Es entonces cuando somos visitados por esa brisa cálida que disuelve nuestros temores y alivia la inquietud. Sentimos entonces que todo es posible, porque escuchamos el susurro del Misterio.

La confianza transpersonal no se basa precisamente en el control ni en el cálculo racional de probabilidades ante un previsible devenir. Tal confianza nace de la esencia que nos inspira a seguir cumpliendo con nuestro papel, sin dejar de sentirnos incluidos en una realidad mayor.

Recordemos cómo en niveles precedentes de evolución no cesábamos de negociar con el Cielo los beneficios del devenir. Vivíamos más asustados. Nuestras antiguas oraciones no paraban de pedir de una y mil formas protección y consuelo. Conforme crecemos y vivimos desde el nivel transpersonal, somos conscientes de que en nuestro corazón hay suficiente sitio para que los cielos habiten en él y éste sea la residencia de ESO que moviliza flores y galaxias.

Nuestra inteligencia cardiaca activa la fuente de inspiración y los recursos de que disponemos para cocrear la mejor opción ante lo que puede avecinarse. El despertar de la Conciencia Testigo, propia del nivel transpersonal, permite darnos cuenta de nuestras “rumiaciones mentales” sobre las calamidades por venir. Este darse cuenta desarticula la toxicidad y enfoca la mirada interna en las soluciones que no tardan en aparecer.

Los lirios del campo no se preocupan, viven en el seno del todo mayor y hacen su labor ofreciendo belleza y aroma mientras duran.

Contemplar la naturaleza supone captar el sentido profundo de la vida y de la muerte. Supone también alinearse con la Inteligencia de Vida que mueve la “gran rueda” con la fuerza del amor que fundamenta al Universo.

Extracto del libro de José María Doria Un bidón de agua para atravesar el desierto (publicación próxima)
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JOSÉ MARÍA DORIA
ESCRITOR Y PSICOTERAPEUTA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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