Consulta Transpersonal noviembre 2014 -2
Tomando un café contigo

Consultas Transpersonales Noviembre 2014 (1)

Por el 28 noviembre, 2014

Escribe Ana:

Estoy en un momento en el que no me siento segura de casi nada. En poco tiempo han cambiado muchas cosas: la persona que me ayudaba en casa se ha ido, he empezado a trabajar fuera de casa en un trabajo que no me llena, mal pagado y al que dedico muchas horas, paso menos tiempo con mi hijo de siete años quien se muestra quejumbroso y reivindicativo, y a raíz de una “discusión” mi pareja y yo hemos dejado de vernos y compartir tiempo y espacio (apenas hablamos y si lo hacemos es básicamente de trabajo)… A pesar de todo estoy intentando vivir esto como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento, pero cuando empiezo a confiar y a sentirme algo más segura, vivo una situación que hace que me tambalee de nuevo. Mi sensación, además, es que esas situaciones, de alguna manera, las provoco yo. Hay días que saldría corriendo…

Estimada Ana,

Bien cierto es que hay etapas en nuestra vida en las que sentimos que todo está por debajo de sus posibilidades, como si las cosas se hubiesen puesto de acuerdo para resquebrajar su antigua forma, al tiempo que enfrentamos una sensación de tristeza, frustración e impotencia ante la que parece estar estancado y no haber ventaja alguna.

Cuando la vida nos muestra esa cara y contraemos nuestro corazón, son momentos de interiorización y gran prudencia.

Son tiempos en los que conviene escuchar las señales profundas de la vida, nuestros no casuales sueños, las situaciones imprevistas, y permanecer muy atentos, porque detrás de lo aparente, puede subyacer una deconstrucción en nuestra identidad anterior.

Algo nuevo quiere emerger, una identidad más amplia y profunda te está buscando, y de alguna forma pareciere que lo que quiere la vida es que entremos al proceso “más vacíos de equipaje”, con menos defensas y miedos, e incluso quizás con nuestro ego algo más rendido a “lo que hay”, para así poder comprender cuál es el propósito que conspira tras esta cadena de situaciones incómodas.

¿Qué decirte? Bien sabes que no hay recetas… pero de lo que sí estamos seguros es que conviene por lo menos meditar cada día, respirar conscientemente a menudo, y preguntar a tu corazón el propósito de todo lo que está sucediendo, al tiempo que cuidas de tu cuerpo, de tu hijo y de tu casa, haciendo bien las pequeñas cosas aunque la música de fondo duela.

Recuerda que el dolor es temporal y tiene sentido, un dolor que tarde o temprano se convierte en amor hacia ti y hacia todas las personas.

Recibe un cálido abrazo,
José María Doria

Escribe Lourdes:

Uno ‘sabe la teoría’, pero sufre cuando vuelve y vuelve a quedarse atrapado en las emociones y viejos patrones.

Ya no me importa el POR QUÉ… Sino el COMO me siento estar en la evolución, bucear en ella…, y lo que puedo hacer para dejar ese patrón.

Esa es mi consulta.

Hay un artículo interesante en el Newsletter acerca de la Meditacion que dice: “Es necesario un acto radical de amor para sentarte y permanecer un rato en silencio contigo mismo”

Y posiblemente esta sea una de las mejores respuestas a la consulta que hago aquí.

¡Gracias!

Estimada Lourdes,

Tus palabras hacen resonar la profundidad y la belleza. En realidad no te voy a responder porque no hay pregunta, pero sí compartir lo que evocan tus palabras en mi corazón.

Suena muy bien eso de que hayas pasado del” por qué” al “cómo”.

Y suena también bien que seas consciente de repeticiones de ciertas conductas que denominas en su raíz como “patrones”.

Subrayaría la dirección que señalas sobre la inmersión en el silencio como camino hacia tu esencia desde la cual, cualquier brisa de auto consciencia, ten por seguro que se manifestará de inmediato en tu mundo corporal, emocional y mental.

Respecto a ese silencio sanador que deseas y valoras, tan sólo añadir que recomiendo apuntarse a un retiro de varios días y compartir con compañeros de la Escuela, que también apuestan por cultivarse. Un retiro de Mindfulness en el que compartir sinergias silenciosas plenas de propósito de lo que sutilmente anhelas.

Desde este punto, sucede a menudo un chispazo de comprensión que nos coloca de inmediato justo “ahí”, donde un día atrás elegimos estar.

Buen camino, peregrina.

Recibe un cálido abrazo,
José María Doria

Escribe Sofía:

Hola. Es difícil comenzar a escribir sobre algo que me tiene en un momento de inestabilidad emocional en mi vida. Hace más o menos un año comencé una relación con una persona que ya tiene un compromiso contraído: esposa, tres hijas. Estar en esa relación fue en general desgastante, frustrante, con mucha ansía, llena de culpas, auto reproches. Por lo anterior, yo no hacía mucho por darle mucho de mi parte a la situación, pero en varios momentos me ganó el instinto.

Después de tener una relación que por decir mucho fue menos que mediocre, terminó. El duelo ha sido una de las experiencias más dolorosas de mi vida, sufrí mucho. Antes y después de eso busqué ayuda tanto para no entrar en la relación, así como para salir y luego para superar la pérdida.

Pasado cierto tiempo conocí a alguien nuevo con el que pude dar todo lo que en la relación anterior nunca se me permitió, sobre todo, no estar escondida y tener una relación abierta y aceptada tanto por mi y conocida por los que me rodean. Sin embargo, esta nueva relación comenzó en el entendido de que esta nueva pareja estaba en mi ciudad por tiempo indefinido, pero corto, y eso hizo que aunque llegué a querer mucho a la que en ese momento fue mi pareja, no dejé que los sentimientos se desbordaran. Después de dos meses de que él se fue, entré en un estado de ansiedad y de extrañar mucho.

Así que fue fácil para mi, hasta ese momento, volver a acercarme “al casado” para satisfacer esa sensación de “vacío” y de afecto que estaba experimentando. Ahora me reprocho por no haberme mantenido firme cuando ya había dejado hace más o menos 9 meses la relación por finiquitada. Ahora no sé cómo comportarme y sobre todo que hacer para no entrar en una relación que ya de entrada no tiene buenos cimientos, que está basada en el engaño en muchos de sus vertientes, que sé que me traerá más penas que alegrías, sumándole mis auto reproches, mis juicios, el juico de los demás, sobre todo, el de mi familia si se llegarán a enterar.

Vengo de una familia que se fracturó porque en la relación de mis papás hubo alguien más y me siento incoherente por estar haciendo lo que en mi infancia y aún hoy he reprochado mucho. Gracias por leerme.

Estimada Sofía,

Hay veces en la vida en las que atravesamos circuitos de dependencia y necesidad que no nos permiten vivir nuestra soledad de forma fértil para, desde ésta, abrazar lo que la vida nos ofrezca como vínculo afín y sano.

Las carencias emocionales y las necesidades de “beber de aguas” que anteriormente nos intoxicaron, bien sabes que no se curan bebiendo más “agua de mar”, porque eso incluso da más sed… sino entrando en un proceso de desarrollo personal y transpersonal que convoque una identidad más amplia y madura desde la que establecer vínculos saludables y conscientes.

Todos sabemos que decir esto resulta fácil, y que lo difícil es atravesar el desierto de la adicción emocional o sexual, y encontrar un camino mayor en el que disfrutar del equilibrio y la gracia en la vida cotidiana.

Te quiero proponer dos medidas:

A) Psicoterapia Transpersonal durante nueve meses, con todo el apoyo, la afectividad y la trascendencia que este proceso conlleva.

B) Retiro de meditación Vipassana de 10 días de duración en algún momento del camino, es decir, cuando te sientas dispuesta.

Tal vez ambos caminos te abran la puerta al autodescubrimiento y la comprensión que tu sensible naturaleza precisa, para comprender los aspectos sistémicos que subyacen tras la repetición de patrones familiares y la inevitabilidad de algunas situaciones que te ves abocada a vivir.

Recibe un cálido abrazo,
José María Doria

Escribe Pilar:

No estoy satisfecha con mi vida. Siento que no vivo en plenitud, acomodada en una zona cómoda. Todo está bien pero yo quiero intensidad, alegría,.. desde dentro. Tengo 55 años, y me ha entrado una cierta urgencia por “hacer algo”, pero no sé qué.

Estimada Pilar,

Tu anhelo de vivir con mayor intensidad es muy legítimo y comprensible, tienes una edad que por lo que el alma expresa alma puedes gestionar mejor tus emociones y apreciar la calidad de la vida, sin la necesidad de exaltaciones que a menudo el rumbo despistan.

Como bien sabes, son momentos en los que conviene preguntarse:

“¿Qué deseaba yo hacer hace muchos años, antes de todo aquello que me envolvió?”

¿Tocar un instrumento, bailar, hacer teatro, trabajar con las manos (joyería, pintar, esculpir…)?

¿Y qué querías en el campo del ocio y el deporte? ¿Trekking por montaña, yoga, nadar, jardinería, conocer otras culturas, bridge…?

La lista sería interminable. Pero hay una reflexión que sí merece la pena hacer.

¿Te mueve el sentirte útil y aliviar el camino de otras personas?

¿Te gustaría encontrar una formación en la que expresar tu capacidad de servir a la humanidad y dar de tu corazón?

Desde esta perspectiva, las formaciones que la Escuela ofrece no sólo te van a aportar un camino para tu propio desarrollo, sino también una capacitación para abrirte a terceros, y compartir universos de amor y dolor, de luz y sombra, sintiéndote acompañante eficaz, con la profesionalidad necesaria como como para trabajar con emociones difíciles sin dejarte inundar por ellas.

En realidad, se tata de descubrir tu vocación y alinear el propósito de tu vida con ella. Esa es la gran aventura que uno tiene por delante para encontrar suficientes satisfacciones evolutivas y acostarse todos los días con los “deberes del vivir bien hechos” y, a menudo, con la medida justa de cansancio positivo.

Si tras repasar todas estas cosas sigue mordiéndote ese pequeño vacío que tal vez logras del todo comprender, pídele al Universo, así sin más, aunque parezca simple, pídele que ponga en tu vida esa chispa de luz y de sorpresa que de pronto ilumine tu camino con ese espíritu de aventura que deseas.

A veces el teléfono suena: un encuentro inesperado, un comentario no usual que cambia la mirada; un chispazo de intuición o incluso damos con un artículo que nos permite encajar piezas…

Aún así, tal vez tu vida en sí misma es más fascinante de lo que parece en su rutina.

¿Desde qué parte de mí vivo las cosas que suceden?

Recordemos que servir a la felicidad de quienes nos rodean, nos hace más felices que buscar cada mañana algo que “nos alimente” de fuera a dentro.

Un día se acercó el discípulo al maestro y le dijo:

DISCIPULO: Maestro, estoy desanimado, ¿qué puedo hacer para ser feliz?
MAESTRO: Anima a otros.

Convoca al Dios de tu corazón, háblale con la humildad de quien se encuentra en la oscuridad y tiene todo el derecho de desear vivencias que al parecer “solo les pasan a otros”.

Y, por último, ¿sabes qué te digo? Confecciónate un cartel que puedes pegar en tu frigorífico, diciendo tan sólo:

“TODO ES POSIBLE”

Y permite que el milagro suceda.

Por cierto, hay un proverbio chino que dice:

Si quieres ser feliz durante unas horas, emborráchate;
Si quieres ser feliz durante un año, enamórate;
Si quieres ser feliz durante toda la vida, hazte jardinero.

Recibe un cálido abrazo,
José María Doria

Escribe Nuria.

Gracias por esta oportunidad; a pesar que mi práctica meditativa se ha convertido en un hábito y que la profundización en el camino del autoconocimiento, en una forma de vida, tengo ante mi un maestro en el arte de observar mi apego. Mi hijo de 15 años diagnosticado con un trastorno “negativista-desafiante” me hacer darme cuenta de mis temores, se ha convertido en un desconocido, sufre tremendamente por su comportamiento, y hace sufrir a su hermana menor.

El arte de imponer disciplina no me supone un problema pero sí el soltar… siento cómo día tras día una sensación de fracaso e impotencia me inunda, pierdo energía y en ocasiones, el buen humor. Parece que las fuerzas me estuvieran abandonando.

Estimada Núria,

Dura prueba la que estás atravesando.

El hecho de soltar el vínculo protector y dependiente que hemos forjado para cuidar de nuestros hijos es una prueba iniciática que no sólo encuentra resistencias en partes de nosotros, sino que además es un proceso que se alarga y parece que nunca acaba.

El desprendimiento emocional de un tipo de vínculo, para transformarse en otro modelo de relación más maduro y más sano para los dos, sin duda es un laberinto de contradicciones, avances y retrocesos ante el que se necesita paciencia infinita.
Paciencia y una honda certeza de que hacemos buenamente lo que sabemos y que, además, aunque a veces llenos de tensión es bueno para ambos.

Tal vez el vínculo con tu hijo, con toda la historia que éste conlleva, está asociado a tu antigua identidad: al “quién crees que eres”.

Te recuerdo que detrás de este tipo de procesos, en realidad sucede que una nueva identidad te está buscando. Una mujer más sabia, más madura, y más luminosa está tratando de encarnar en tu línea de destino.

La aparente “insensibilidad” de tu hijo, y las muchas acciones injustas y desde tu sentir no merecidas que aparece en tu camino por parte de él, forman parte de un proceso mayor que no debemos perder de vista. Un proceso mayor por el que devenimos conscientes de partes sintéticas sumergidas que al salir a la superficie, nos permiten crecer y desarrollarnos.

Tu búsqueda de acompañamiento terapéutico y la práctica meditativa es, efectivamente, en este momento medicinas recomendadas. A través de ella puedes facilitar que tu persona contraída por el dolor de la pérdida y los sinsabores cotidianos vea un “algo más” detrás; un algo más que brilla y por el que todo es perfecto tal cual es. Una forma de ver y comprender que denotan el estado de consciencia que merece la pena cultivar para ver más allá de tu ego de madre herido. .
La vida te está apretando las clavija, pero, afortunadamente tienes herramientas y la consciencia suficientemente expandida como para ver más allá, y atravesar este desierto de incomodidades y contracciones que duelen… a veces duelen mucho.

No hace falta que te recuerde que el dolor es fértil, pero no hay que añadirle dramatización, victimismo o enfado que a menudo brota bajo el nombre de “sufrimiento”. Puedes hacer cesar el sufrimiento, bien lo sabes, y quedarte con la aceptación del dolor en su justa medida, el que tu naturaleza emocional necesita para madurar y permitir que se revele el Misterio en tu vida.

Permíteme por último decirte que un día futuro con tu hijo maduro y sano, mirarás esta etapa y sonreirás con el corazón muy abierto.

Un cálido abrazo,
José María Doria

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JOSÉ MARÍA DORIA
ESCRITOR Y PSICOTERAPEUTA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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