adquisiciones y pérdidas
Misión de vida

El entrenamiento

Por el 4 octubre, 2015
A poco que descubrimos el mundo que nos ofrece el crecimiento personal, escuchamos grandes palabras acerca de las insospechadas capacidades que tenemos por desplegar. Es entonces cuando tenemos la tentación de preguntarnos: “Bueno, y todo esto tan bonito que escucho y leo, ¿cómo lo puedo hacer realidad cotidiana?”

Una pregunta sin duda de gran actualidad, ya que vivimos una sociedad inundada de métodos y protocolos que prometen resultados sin esfuerzo ni renuncias. Dietas, curaciones y grandes destrezas, parecen estar al alcance de quien tan solo se apunta. En este sentido el hecho de definir “¿qué quiero y cómo lo consigo?” son pasos previos para desarrollarse y superar actitudes no deseadas.

La expansión de consciencia, es decir del “darse cuenta” podría ser el núcleo base de todas las demás cualidades del desarrollo que anhelamos instalar en nuestra vida cotidiana. Todos los apetecibles frutos que vemos en el árbol: valores, capacidades, virtudes y fortalezas, junto con anhelados estados de plenitud, paz interior y compasión amorosa… son los frutos que brotan cuando cuidamos la atención plena.

En el ser humano, el aspecto “atención y más atención” es el agua que alimenta el árbol nuclear de la consciencia. La atención es también la sabia que fluye por las ramas que todo lo vivifica e impregna; a partir de ejercitar la atención sostenida desplegaremos valores tales como la ecuanimidad, el respeto, la generosidad… y permitiremos que el alma fluya a través de la bondad, la verdad y la belleza. Sucederá asimismo que con atención y más atención, abriremos el corazón y, desde tal apertura, vivenciaremos la intuición, la compasión y la coherencia. La atención y la Presencia, son el nutriente fundamental para vivir en el momento presente y sostener una continua expansión de consciencia. Por lo tanto, nuestra pregunta de cómo mantenernos atentos, y cómo, instante a instante, fortalecer la mirada interna con una pupila despejada, sería la cuestión raíz por excelencia.

Para ello, tal vez tengamos que cada día ir al gimnasio, al gimnasio sagrado de la atención despierta. Algunos lo llaman templo, otros dojo o ashram. Finalmente se trata de un lugar en el que trabajar el silencio y respirar en la presencia interna. El hecho de detenernos en el “no hacer” y abrir un espacio de observación pura a los procesos que nuestro yo interno vivencia, será sin duda el primer paso para poner en marcha la gran aventura de la consciencia. Media hora de atención a la respiración en quietud y postura vertical será, sin duda, la mejor inversión que podemos hacer cada mañana de nuestra vida, para devenir autoconscientes de pensamientos, emociones y sensaciones que nos visitan. Alguien dijo al respecto: Invierte en aquello que un naufragio no te pueda arrebatar.

A partir de este espacio de gimnasia transpersonal, se nos presenta la manera de vivir atentos en el escenario de la vida cotidiana. Lo reconocemos como estado Mindfulness, o enfoque deliberado al momento presente, mientras la vida fluye sin juicios ni etiquetas. El hecho de practicar mindfulness durante la jornada, supone el entrenamiento extendido para expandir consciencia.

Todos queremos alcanzar otro nivel en el desarrollo, como la forma más eficaz de resolver los problemas que hoy nos aprietan. Y para ello, la apuesta por el crecimiento integral es la respuesta más directa; algo que sin duda alude al equilibrio entre las diversas áreas de nuestra persona. De poco sirve una mente erudita en un cuerpo sin vitalidad y fuerza. De poco sirven los intentos de despliegue virtuoso, si nuestras pautas emocionales todavía están contaminadas de manipulación, temor y mentira. De nada sirven muchos amigos o un trabajo bien remunerado si no hay paz interna.

Tal vez convenga escuchar la música formada por los cuatro instrumentos claves de nuestra orquesta y vivirnos en polifonía. El primero de ellos corresponde al nivel físico, y se trabaja con ejercicio y alimentación conscientes. El segundo corresponde al nivel emocional y se trabaja en los espacios de intimidad veraz y una buena gestión de los temores y las pérdidas. El tercero corresponde al nivel mental, y se optimiza a través de la lectura selectiva y la actualización de las palabras poderosas de vanguardia. Tras los tres, se halla la dimensión espiritual, que se despierta con el cultivo de la autoconciencia y se ejercita a través del sostenido enfoque de la coherencia, la compasión y la presencia.

Cuatro fluidos que conviene equilibrar procediendo a trenzar los tres primeros, y considerar a la dimensión espiritual, como el sustrato del que están hechos cada uno de los tres que conforman la trenza.

En la propuesta de crecimiento integral conviene ir vayamos más allá de aplicar las puras herramientas. En realidad, la mirada interna y su despliegue atencional es algo más que un recurso para llegar a ser más ricos, más exitosos y tener un ego que a todos encanta. Se trata más bien de una vía, de un camino, casi podría decirse que de la verdadera trayectoria.

El ser humano va hacia alguna parte, va hacia la no dualidad como felicidad intuida. Hoy en día sabemos algo más de ella; sabemos que se trata de un estadio que brota de dentro afuera. Bien sabemos que la desorientada búsqueda de la felicidad a través del “tener más” nos ha decepcionado, aunque proporcionase momentos de euforia. En ocasiones, creímos que la exaltación producida por la adquisición se mantendría, pero no fue así, se marchó como se marcha una mariposa recién posada. Sin embargo, lo que sí sabemos es que el trabajo sobre los tres niveles, puede ser el Hilo de Ariadna que nos permita salir del laberinto y volver a casa.

No hay fórmulas mágicas o milagros que de un día para otro nos conviertan en santos o sabios, ya sin rastro alguno de temor ni ansiedad alguna. Tengamos claro que si finalmente queremos progresar y vivir la vida con la calidad que merece nuestra persona sobre este planeta, confiemos en las palabras del milenario I Ching: La perseverancia trae ventura

Por otra parte, ¿quién duda ya de que el camino es mejor que la posada? ¿Acaso éste en sí no es la meta?

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JOSÉ MARÍA DORIA
ESCRITOR Y PSICOTERAPEUTA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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