Claves de Mindfulness y Meditación Transpersonal

Cómo integrar la dimensión transpersonal en la vida cotidiana

By on 11 September, 2014

Para abrir este tema, tal vez lo primero que tengamos que hacer es clarificar, en la medida de lo posible, qué es eso de la “dimensión transpersonal”.

Por de pronto del propio término transpersonal se deriva la idea de reconocer dos niveles de consciencia: el personal y el transpersonal. Es decir, el que todos tan bien conocemos como “yo persona”, y en segundo lugar, ESO que realmente somos al atravesar el nivel anterior.

Trans – personal, “a través de lo personal” y “más allá” de lo personal; es decir que lo transpersonal es ESO que nos encuentra atravesando el “yo persona” o identidad temporal. Y por lo tanto, lo transpersonal no sólo es lo que se manifiesta al percibir lo que vivenciamos más allá del pensamiento, sino también el sentir integrador del pequeño “nivel persona” pensante que nos ha servido de puente.

¿Cuáles son los ámbitos de la dimensión transpersonal?

A diferencia de lo llamado “extrapersonal” que hace referencia a fenómenos paranormales y vivencias de corte psíquico y mágico, lo transpersonal, por su parte, señala aspectos tales como la percepción intuitiva, el sentido  último que subyace tras lo perceptible, el amor y la compasión hacia todas las formas de vida, el flujo de vida en sincronía e interdependencia con todo, la paz profunda de nuestra radiante vacuidad, lo que no está sometido al tiempo porque ni ha nacido y, por tanto, no morirá…

Si seguimos indagando, lo más probable es que nos preguntemos cuáles son las puertas que pueden conducirnos a tales vivencias.

Y en esta ocasión se podrá afirmar que la puerta de las puertas es el silencio. Y al cruzar ésta, reconoceremos aspectos tales como la atención consciente, el enfoque de la mirada interna, la presencia, el darse cuenta, la vivencia del ahora, la observación sostenida, el Testigo…

Y si quien comparte esta reflexión no asocia las palabras mencionadas con sus propias vivencias, y se hace preguntas tales como, ¿”De qué sirve todo esto para el diario vivir”? ¿”Acaso este tema de la dimensión transpersonal es para divagar entre filósofos o místicos”?

Observemos al respecto que no sólo las orugas se convierten en insospechadas mariposas, sino que venimos de los anfibios que un día se hicieron terrestres y voladores… en realidad, el pez que nunca ha salido del agua, ignora que existe una dimensión más allá de su único mundo: el agua. De la misma forma, el hecho de sentir el impulso del autodescubrimiento y las vivencias de amor y lucidez en el corazón que de dicho impulso se derivan, nos puede motivar al entrenamiento de “ampliar y profundizar” la visión.

Por otra parte, no parece un tema secundario señalar que el cultivo del nivel transpersonal desarticula el sufrimiento que se pueda arrastrar del “nivel persona”. Sin duda algo que la humanidad persigue desde el principio de los tiempos.

Pero… ¿de qué sufrimiento hablamos?

El sufrimiento se origina por la resistencia que ofrecemos al dolor y por el íntimo discurso dramático que entre temores y enfados se monta nuestro “yo persona”, y con ello, desgraciadamente, añadimos más dolor al dolor.

La dimensión transpersonal aparece en la vida de un ser consciente de forma natural. Del mismo modo que un día cualquiera el capullo de rosa se abre, al ser humano le pasa lo mismo, de pronto llega su momento, y comienza un camino de ampliación y profundidad que tendrá que ver, entre otras cosas, con la cesación del sufrimiento.

Y este proceso no parece que sea una aventura ordinaria; en realidad es la aventura vital por excelencia: “Re-cordar” (volver al corazón cor, cordis) e ir más allá de creernos que tan sólo somos este pequeño yo persona, una identidad encapsulada en una mente dual que discurre entre el pasado y el futuro, y que viene de fábrica no sólo con “fecha de caducidad”, sino con aguda amnesia de lo Real y programaciones demasiado a menudo auto destructivas.

Reconozcamos la dimensión transpersonal como la morada de la consciencia desde donde brotan cualidades tales como la Verdad, la Bondad y la Belleza. Tres expresiones transpersonales que, como estados de consciencia, dejan pequeño al pensamiento.

Prácticas

El entrenamiento Mindfulness, la meditación y la auto observación sostenida de la propia realidad psicocorporal suponen tres “gimnasios de la atención” que convierten la vida de cada día en el camino iniciático. Un camino que recorre ese peregrino espiritual que ya no vive en los Himalayas, sino en la vida que le ha tocado vivir, aunque en cada solsticio o equinoccio se “retire del mundo” y se deje absorber por lo que nos busca.

Si deseamos reconocer la dimensión transpersonal de la existencia, no vendrá nada mal tener en cuenta estas siete propuestas:

  1. Cada mañana procedamos a celebrar la consciencia formulando algunas palabras orientadas a agradecer y enfocarnos en el propósito del día de hoy. Tal forma de pronunciar, supone el “decreto-oración” por el que reconocemos a una realidad mayor, en general velada por lo aparente. Por ejemplo:

    “Reconozco la realidad transpersonal, y en el día de hoy abro mi corazón para vivirme inspirado y compasivo al servicio de todos los seres que se crucen por mi camino”.

  2. Durante el día detengámonos a menudo, 7, 8, 9,… veces e inhalemos y exhalemos de forma consciente. Durante cada detención sintamos nuestro corazón como centro desde el que somos, vivimos y servimos. De esta forma viviremos un espacio por ejemplo, de 40 segundos de conexión con la esencia, para desde ahí, volver “al mundo” más sintonizados con lo que en realidad somos.
  3. No dejemos de hacer ejercicio físico cada día; el cuidado de nuestro cuerpo es sagrado. Y asimismo el hecho de alimentarnos consciente y sanamente no es una “orientación alternativa”, es un deber de coherencia en los tiempos que corren. Tanto el ejercicio físico como la comida pueden convertirse en ejercicios mindfulness de atención plena.
  4. Meditemos un mínimo de 20 minutos diarios, a la misma hora, antes o después de desayunar; marquémonos el tiempo, y no estemos ni un minuto más ni un minuto menos de lo que hayamos decidido antes de sentarnos en silencio con la espalda recta. Durante la meditación sintamos nuestro cuerpo, habitémoslo, al tiempo que respiramos conscientes. Asimismo ablandemos nuestro vientre, sin olvidarnos de sostener la postura de los dedos de las manos en la posición elegida.
  5. Llegada la noche, que nuestras últimas palabras sean para orientar al alma a la enseñanza primordial, mientras nuestro psicocuerpo se regenera y descansa. Por ejemplo:

    “Que mientras mi cuerpo descansa profundamente, mi alma se oriente a la enseñanza primordial que mi ego mañana sintonizará en el recorrido de la jornada”.

  6. Cultivemos el propósito de sentirnos útiles a lo que nos rodea, y trabajemos en lo que trabajemos, convirtamos nuestro oficio en un servicio. No sólo sintamos, pensemos y hablemos, ¡HAGAMOS! coherente y compasivamente.
  7. Dediquemos tiempo a lecturas y diálogos inspirados, y “amemos la acción por la acción” independientemente del resultado. Alguien dijo con acierto que la verdadera espiritualidad es aprender a vivir “lo que hay” desde una mente clara y un corazón compasivo.

Y finalmente, recordemos que una cosa es leer y hablar horas y horas sobre el “comer la manzana, cómo buscarla, qué hacer frente a ella, cuándo y cómo morderla, a qué sabe, sus efectos en nosotros…”

Y otra muy distinta es: ¡MORDERLA!

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JOSÉ MARÍA DORIA
ESCRITOR Y PSICOTERAPEUTA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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