Socorro, un adulador
Observando

¡¡¡Socorro!!! Un halagador

Por el 7 marzo, 2011

¿Recuerdas lo que sentías cuando estando en “mala racha”, alguien te halagaba?
¿Acaso no nacía cierto enganche con quien te decía lo especial y admirable que eras?
¿A qué te parecía mejor esa persona, tras dedicar flores a tus cualidades insospechadas?

En un siglo en el que nuestra tecnología surca el espacio sideral, se comunica a tiempo real con todo el planeta, y la ingeniería genética nos promete clones como recambio a nuestros cuerpos con fecha de caducidad, existe una tecnología para la manipulación emocional, igual de potente y sofisticada, me refiero a la adulación y el halago.

¿Quién no se ha tropezado con esa persona que utiliza un hábil y convincente verbo para conmover a su interlocutor con halagos que despierten su vanidad? ¡¡Uf!! Si el personaje en cuestión nos encuentra con baja autoestima, bien sea porque de por sí ya somos personalidades inseguras, o bien porque estamos atravesando una etapa de pérdida en un amplio sentido de la palabra, sentiremos una emoción embriagadora. ¡Por fin alguien nos ve desde una perspectiva que suaviza las heridas de devaluación y alivia carencias!

Y sucederá que para mantener viva la llama de ese alguien que nos ve de forma tan hermosa, trataremos de no llevarle la contraria, incluso es muy posible que no nos resistamos a donar lo que a la vuelta de la esquina, de ponto nos demanda. En realidad la adulación y el halago es una bomba manipuladora de terribles efectos para quien no se quiere a sí mismo, o para quien padece un patrón de dependencia en sus relaciones, un patrón que precisa de la constante aprobación de otros e ignora cómo crear vínculos sanos de cooperación e independencia.

¿Qué es realmente eso de la adulación? El diccionario la define como: “La adulación o lisonja es una alabanza baja e interesada, hecha con estudio de lo que se cree que puede halagar al otro, con propósito de ganarse su voluntad para fines interesados. No debe confundirse la adulación con el aplauso al verdadero mérito ni con el reconocimiento y galantería”.

Observo que una cosa es apoyar un ego debilitado, reforzando sus potenciales y reconociendo inteligentemente su parte más virtuosa, y otra muy distinta, soltar dardos envenenados de halago con el fin de que la persona objeto de adulación, se sienta atrapada por tan ilusorio cliché, al tiempo que trata ansiosamente de mantener la visión de quien la halaga.

Este tipo de habilidades es patrimonio de quienes han aprendido a manipular como atajo oportunista, son habilidades mediocres que pueden encarnar en futuros socios, en repentinos protectores, en amantes potenciales, en empleados parásitos, y en general, en toda persona que conociendo el sabor de la propia inseguridad, se disfraza de espejo mágico y, tras elegir a quién “no se come un rosco” como futura presa, de repente la corteja y corona como efímera “reina por un día”.

¿Quién no ha tenido algún amigo, pareja o miembro de familia con tal grado de inmadurez emocional que traga el anzuelo que le echa quien no cesa de expresar las cualidades y bellezas que adornan su persona? Al poco, comprobamos impotentes que esa especie de hechizo egoico es una atadura parecida a las de la primitiva magia negra, en realidad se trata de un envenenamiento emocional que disolviendo defensas, enreda y atrapa.

En realidad hay muchas formas de utilizar este vulgar poder de adular con las personas emocionalmente necesitadas; una muy frecuente corre a cargo de aquellos que hablando en nombre de sus poderes de videncia, ven en el otro reencarnaciones maravillosas, leen archivos akhásicos que revalorizan a la personalidad devaluada, y ejerciendo de figuras maestriles, viajan a planos dimensionales, allí donde sus clientes por sí solos ni pillan ni captan. Seres que poseyendo un teléfono dimensional con pretensiones de objetividad, traen mensajes espiritistas, o simplemente manejan con habilidad cartas simbólicas y artefactos étnicos para ejercitar sus particulares mancias manipuladoras.

En general los profesionales de lo ilusorio, traduciendo mensajes celestiales, generan adicción al mensajero con el pretexto de devolver la esperanza perdida a quienes les pagan. En cualquier caso se trata de relaciones dependientes que prefieren que les digan lo que hacer, más que proceder a investigar y discernir en lo más profundo de sus propias personas.

Pienso en la vulnerabilidad de los sensibles artistas que se abren camino en la selva urbana, o bien en la de las de las chicas “buenas” que vienen del pueblo y alguien las ensalza, y ¡Ay! de los niños ricos sin anticuerpos de disciplina y autosuficiencia. Que tengan cuidado del halago los que se sienten culpables, así como los que han sido recientemente abandonados por sus parejas, y sobre todo los que viven sobreprotegidos por entornos de familias miedosas.

Recordemos las 6 palabras que se decía a sí mismo Krisnhamurti, cuando alguien pronunciaba un halago sobre su persona: “Mi ego no se lo cree”. Y también discernamos entre el halago y el sano reconocimiento. Honremos la expresión emotiva de admiración y gratitud que tan ricamente del corazón brotan. Sin duda que estas son celebraciones tan sinceras, desapegadas y hermosas que van desprovistas de la intención de pillar a un ego en las redes de quien pesca, una pesca que se basa en la carencia, y una carencia que lejos de ser explotada, más bien inspira compasión al corazón que la abraza con anhelo de aliviarla.

Mantengamos al ego sobrio, y desconfiemos de quienes pretendan alimentar con abonos rápidos y elocuentes a eso profundo en nosotros que debe crecer tan solo con trabajo, entrega y anónima posesión de los dones que por lo menos hasta el presente, el Universo nos regala.

¿Estamos de acuerdo en que la autoestima brota de dentro a fuera y protege del que adula?

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0 Comentarios
  1. Responder

    paco

    7 marzo, 2011

    No debe confundirse la adulación con el aplauso al verdadero mérito ni con el reconocimiento y galantería”.

    Particularmente ,confieso utilizar en mi vida laboral , el “salario emocional ” ,para motivar a los equipos a los que, mi actual roll de directivo, se debe como gestor y motivador de los mismos.

    De hecho, observo que no “pierdo comba” a la hora de mandar un e mail, a los jefes de departamento, para hacerles llegar el comentario positivo de un cliente.

    Gracias a esta reflexión , me doy cuenta de que ,si bien, este gesto ,està cargado de buenas intenciones, puede no resonar al que lo recibe de manera masiva, encontrándose” en baja forma”, y me invito a dar “la palmadita en el hombro” de manera más consciente y selectiva.

    Gracias.

  2. Responder

    Inmaculada

    8 marzo, 2011

    Gracias Jose Mª, has puesto en palabrasa algo que he descubierto recientemente. Me ha gustado eso de “mi ego no se lo cree”, me lo copio. Es fuente de equilibrio y serenidad. Sin duda la autoestima para que sea real y consistente tiene su origen en el interior y en la satisfación con una misma. GRACIAS

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JOSÉ MARÍA DORIA
ESCRITOR Y PSICOTERAPEUTA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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