Aroma de rosas desde el más allá
Mágico vivir

Aroma de rosas desde el más allá

Por el 30 abril, 2012
En aquel Madrid del nuevo milenio, mi vida atravesaba una etapa de gran intensidad. Mi consulta privada como psicoterapeuta no sólo resultaba a menudo muy sanadora, sino que además me ofrecía la posibilidad de no dejar de mirar a la sombra humana. Una sombra que tras reconocerla por resonancia en mi interior, trabajaba arduamente en aceptarla e integrarla. Es por ello que ningún aspecto sumergido que hubiera en mi vida, quedaría sin descubrir, enfrentar e integrar.

En este sentido, sucedió que una tarde apareció en mi escena terapéutica el tema del abuelo de mi paciente. Y de inmediato apareció en mi conciencia la figura del mío, José María, es decir, el padre de mi madre. Un ser cuyo recuerdo a nivel familiar ha estado sepultado porque su vida finalizó de forma trágica. José María murió asesinado por sus opositores en una residencia carcelaria de presos políticos. Y si bien este hecho podría haber sido asimilado con dignidad por su familia, en realidad no fue así. Tal vez el dolor que conllevó esa muerte, hicieron que su recuerdo fuera negado y sepultado en el silencio.

Considero que la siguiente información que me dispongo a señalar sobre determinados aspectos de su vida, son claves para comprender el alcance de determinadas acciones de la mía. Llevo mucho tiempo intuyendo que la vida de mi abuelo JM y sus procesos profundos, tanto de sombra como de vocación, son la raíz kármica de mi propio camino. Este inexplicable vínculo me permite comprender el insólito fenómeno que sucedió en sincronía junto a su tumba.

Mi relación con mi abuelo arranca en el momento en el que mi madre, su única hija, me bautiza como José María, un nombre que restauraba la línea sucesoria interrumpida por la tragedia. Pienso que este hecho respondía a la necesidad de rendir un tributo a la figura familiarmente rechazada de mi abuelo, sobre todo por parte de mi abuela, su ex esposa. Se trataba esta de una mujer que a principio del siglo XX, viajaba y se movía por el mundo en total autonomía y libertad. Y aunque esto pueda parecer hoy normal, no lo era si se tiene en cuenta que en tales tiempos las mujeres incluso tenían que pedir la firma del marido hasta para heredar de su propio padre. Pues bien, aquel matrimonio de mis abuelos al poco de comenzar, acabaría en divorcio, una separación que cortocircuitó la relación entre mi abuelo y su única y pequeña hija, mi madre. Por mi parte no he tardado en comprender que ésta me trajese al mundo y me nombrase como él. De esta forma he comprendido que afloraba en la consciencia a su negado padre y vinculaba sistémicamente mi vida con este tronco de conflicto que he tratado durante la misma de sanar y redimir.

Abuelo JM era diputado en Cortes, tenía su propio partido político y se había titulado en cinco carreras: Derecho, Medicina, Psiquiatría, Filosofía y Filología. Era la única “borla de oro” de la Academia por diplomarse en las cinco Facultades. Pero lo más importante es que además de tener un buen desarrollo intelectual, tengo la certeza de que era todo un pillo, un aventurero, un amante apasionado, un gran sanador y un extraordinario orador. Aspectos que le valieron para constituir su propio proyecto político y dedicar su vida a la idea la unidad de España.

Lo cierto es que su camino atravesó conflictos tan fuertes que provocaron una ruptura de su figura en mi casa. En realidad los muchos libros escritos por él, sus discursos, conferencias y encendidos mítines, me han llegado más a través de otros canales, que el de mi propia abuela.

Como anécdota destacaré que hace unos años, el padre de mi amiga Tesa Mijares de Asturias, me hizo partícipe de que mi abuelo JM era reconocido en Asturias como un milagroso “sanador”. Aquel médico psiquiatra tan peculiar a cuya consulta llegaban largas colas de personas, propiciaba que al salir de la misma muchos “dejaran atrás la silla de ruedas”. Al parecer allí llegaban gentes en condiciones a veces extremas a las cuales, mi abuelo JM les aplicaba un sistema por él investigado sobre el nervio trigémino, y al parecer “salían caminando”. Me decía asimismo el padre de Tesa que abuelo JM era reconocido no sólo por su trayectoria académica, sino por estar dotado de unas facultades curativas en nada ordinarias y sumamente sensibles.

Hasta aquí la breve reseña de mi abuelo JM.

Veamos ahora que sucede en Madrid, en mi antigua casa de la calle Doctor Castelo que hace además las funciones de dojo y consulta:

Aquella no es una noche más, al parecer Raquel mi entonces compañera se ha sobresaltado cuando de pronto ha percibido la insólita imagen de mi abuelo sentado en el sofá junto a mi persona. No soy amigo de fenómenos paranormales ni espiritistas, y me considero un ser con los pies en la tierra. Pero la inesperada percepción de Raquel, sumada a otros muchos detalles en aquellos días acumulados, hicieron que esa misma noche abriese armarios y buscase libros, revistas y artículos suyos que habían sido soslayados. Una fiebre de saber algo más de él se apoderó de mí y durante los días sucesivos, sería mi anciana madre, su hija, quien me ayudaba a desenterrar aspectos de su vida sellados en el tiempo.

Descubrí que mi abuelo JM tenía una tumba, un mausoleo en el cementerio de Alcudia provincia de Valencia de la que nadie había hablado. Un pueblo en el que también hay una calle que lleva su nombre, Doctor Albiñana. Comprobé que Google sabía mucho más que yo de su obra y vida.

¿Y qué hice con todo esto?

A la mañana siguiente, Raquel y yo salimos en coche dirección a Alcudia. En el aire flotaba la sensación de aventura que tienen los viajes iniciáticos. Y casualmente, conforme íbamos llegando a aquel pueblo levantino, nos enteramos que era el Día de los Muertos.

¡Menuda sincronía!

Llegamos por fin al cementerio de aquella localidad cuando ya comenzaba a anochecer, y para mi asombro el citado lugar no era tan pequeño como lo había imaginado, sino que superaba largamente el millar de tumbas.

Reconozco que dada la hora de llegada y al comprobar la gran dimensión de aquel cementerio que comenzaba a ser invadido por la penumbra del atardecer, perdí la esperanza de encontrar la tumba. Aún así comencé a recorrerlo, hasta que al poco de caminar me dio la impresión de que sería como buscar una aguja en un pajar. Así las cosas, solté la tensión y comenzamos a pasear sin rumbo por entre las calles de tumbas. Pensé que ya la encontraríamos al día siguiente con más tiempo y a plena luz del día.

Al poco, caminábamos por una ancha calle de aquella necrópolis, cuando a los 10 minutos más o menos, de pronto sucedió lo insólito… Sucedió que un fortísimo aroma a rosas golpeó literalmente mis narices. Aquel olor tan intenso y definido me embriagó de tal forma que no pude menos que detenerme en seco, y abrir mis ojos extasiado y sobrecogido.

No era algo sutil. ¿Cómo explicarlo? No se me ocurre otra palabra para explicar su intensidad que la de una “bofetada celestial” de aroma de rosas que nos paraba en seco. Su cualidad era similar a una explosión de belleza y sutilidad. Ante tan impresionante sensación exclamé aturdido:

“¡Dios mío, ¿qué es esto?”

Y mirando atónito a Raquel, pregunté titubeando:

“¿Sientes lo mismo que yo?

Su respuesta fue rotundamente afirmativa.

Estaba tan sobrecogida y paralizada como yo.

Miramos los dos alrededor para descartar si aquel prodigioso aroma tendría una posible fuente física, pero nuestra búsqueda fue inútil. Ni flores ni esencias. ¡Lo sabíamos! ¡Nada! En aquel entorno no había más que unas flores secas, pero había que descartar cualquier posible fuente de razón y lógica. Algo que se reforzaba al comprobar que cuando nos alejábamos de aquel lugar aminoraba su increíble intensidad y por el contrario, cuando nos acercábamos aumentaba.

¡¡Era permanente!! Nunca atrás habíamos captado una fuente de aroma tan intensa y continua sin causa visible

Me sentía tan extasiado y emocionado por la fuerza vibratoria de aquel fenómeno, que traté de apoyarme sobre una tumba que a nuestro lado tenía la altura aproximada de una mesa, necesitaba recuperar el aliento e intentar serenarme. Sentía que aquello era un poderoso reflejo de una dimensión desconocida. Era demasiado fuerte para sostenernos de pié.

De pronto Raquel exclamó: “¡Mira!” al tiempo que señalaba la tumba sobre la que me disponía sentarme. Descubrí con estupor que me había apoyado sobre la que decía precisamente, “Doctor Albiñana”,

¡¡¡Era la de abuelo JM!!!

Me quedé de piedra. Era demasiado… me resistía todavía a creer en una lógica sobrenatural, quería descartar toda posible fuente natural de lo que estaba sucediendo. No creía que algo dimensional relacionado con mi abuelo pudiera llamar mi atención con un fenómeno que rompía mis esquemas. Reconozco que mi mente racional decía:

“Seguramente este aroma provendrá de algún lugar cercano o quizá es una creación de mi propia mente… En cuanto a este hallazgo fortuito de la tumba, no es nada más que una simple coincidencia…”

Poco faltaba ya para rendirme y entregarme al infinito transpersonal.

En realidad antes de entregarme a la experiencia de lo que allí sucedía, insistí por última vez en asegurarme de que no había el más mínimo resquicio de que aquello respondiera a una ley de la Física Clásica, una ley que explicase aquel extraño fenómeno.

Finalmente me rendí ante la evidencia y acepté el hecho de que fuese esa tumba y no otra, desde la que fluía ese aroma sobrenatural que por cierto, seguía manando con la misma embriagadora intensidad. En realidad no era un aroma como el que pueda percibirse al acercarse a una rosa de las que huelen. No, aquel aroma que emanaba la tumba de abuelo JM era demasiado circular y profundo, y además no provenía de un lado o de otro, sino que parecía llegar de dentro y fuera de nosotros.

Conmocionados y rendidos por la evidencia, Raquel se alejó dejándome a solas ante aquella tumba. Así que en el ocaso de aquel día de los muertos, subí sobre la losa y me senté a meditar. Observé que sobre el pilar de su mausoleo había grabada una cruz de Santiago, una antigua orden a la que abuelo JM pertenecía. Ello me trajo a la memoria que éste mantenía un estrecho vínculo con distintas fraternidades secretas orientadas al conocimiento y el servicio.

Poco a poco comencé a sentir que aquel hombre defendió la unidad de España en sus múltiples arengas políticas. Comprendí que comunicaba la unidad, probablemente desde una intuición mucho más amplia que las dimensiones políticas o territoriales que lo profesionalizaban. Al tiempo, comencé a respirar en total sintonía con él. Y al poco tuve la certeza de que de pronto se había abierto un canal dimensional. Sabía que en aquel momento todo aquello que mi persona pensase, estaría insólitamente conectado a tiempo real con su vida. En realidad sentí que en ese momento nuestras conciencias más allá del tiempo estaban simultáneamente conectadas. El futuro, el presente y el pasado estaban al mismo tiempo enchufados por una especie de skype metafísico. Algo en mí sabía que tan solo disponíamos de un rato especial de conexión y que ese único momento era para algo importante que todavía era para mí desconocido.

Mi mente de pronto se expandió y sentí que mi abuelo JM estaba en conexión conmigo, en conexión con su propio futuro. El tiempo se había plegado y yo podía hablar con mi antepasado de la misma forma que puedo hablar por teléfono con un astronauta.

Me permití tener una experiencia transracional, cuya primera manifestación sería aquel diálogo en el cual hablábamos los tres al mismo tiempo: por una parte mi abuelo JM, por otra mi persona presente en la tumba, y por último mi ser futuro proyectado en su misión de vida.

Estábamos los tres conscientes de que el universo permitía esta trilateral comunicación en un bypass de la Presencia. Sucedió que lo primero que brotó fue honrar a mi antepasado y sentir como existía una sutil continuidad de su vida y la mía. Él había luchado con entrega y vocación por la unidad de una España dividida. Y en mi caso, también me encontraba laborando por la Unidad, pero en este caso, la unidad de conciencia, la unidad como luz, como espacio más allá del pensamiento, más allá de la mente dividida y dual. Es decir, como realidad transpersonal de la conciencia profunda y como destino liberador de la separación en la que vive la conciencia ordinaria.

Sentía que en aquel cementerio estaba dando un paso más allá, al tiempo que estaba accediendo a una capa más profunda. Y si el núcleo externo de nuestra conjunta misión era en su caso la unidad del país por la que abuelo JM se entregó, el núcleo interno de ambos era la unidad subjetiva de la conciencia como camino de amplitud y profundidad. Éramos ambos cómplices de una visión de la Unidad en la que algo en mí debió tomar el testigo y continuar laborando por nuestro anhelo.

Al pronto, dije desde aquella tumba a mi abuelo:

“Estoy en la misma aventura que tú. Estamos unidos por el mismo amor a la Unidad, tú trabajaste en su dimensión más exterior, y yo en la más profunda. Pero al fin y al cabo es el mismo enfoque: Unidad”.

A todo esto, el aroma era cada vez más intenso si cabe. Además, nunca antes algo así tan etéreo como lo pueda ser un aroma, había persistido tan tanto tiempo en mi percepción. Además, en otras ocasiones, las experiencias sensoriales de carácter tal vez dimensional, habían durado unos pocos minutos e incluso había llegado a llorar, pero en verdad no eran nada en comparación con lo que allí estaba sucediendo.

Ahora, de pronto las lágrimas se derramaban sobre mi rostro inundado por un goce y gratitud de infinitud inefable. Mi ser se encontraba más allá del tiempo, mientras que mi consciencia observaba como brotaban todos aquellos pensamientos y sensaciones.

A partir de allí y con aquel estímulo olfativo que iba más allá de las fosas nasales, confirmé mi propósito y renové mi compromiso: Perseveraría en mi trabajo en pro de la autoconciencia hasta el mismo momento de mi muerte. Mi dedicación y entrega a este cometido seguiría inundando de sentido y propósito a mis acciones, pensamientos y palabras. Sentí asimismo que aquel sentimiento de unidad era otra forma de señalar la identidad esencial, el océano de conciencia, infinitud y amor que Realmente somos.

Fue entonces cuando el futuro vino al presente. Vi entonces a mi persona JMD del futuro, vi a un ser fundamentalmente sereno, al tiempo que contemplaba la obra conjunta de todo el engranaje planetario que también trabaja en pro de la Unidad. Un Plan evolutivo que se dirigía hacia la inequívoca meta que tiene la Humanidad en el recorrido del laberinto y la salida de la amnesia en la que encapsulados: buscamos el Gran Recuerdo.

Me reafirmé en la inteligencia cardíaca y me confirmé en el propósito que daba sentido a mi vida. Respiré y sintonicé profunda y entrañablemente con JM abuelo. Y sentí deseos de regalarle en ese justo momento la oleada de paz, confianza y gratitud que yo estaba sintiendo. Así que le dije:

“Ignoro si aquí ahora, en este salto integrador de tiempos y espacios, estás atravesando un momento de tristeza, de soledad o de contradicción. Sé que has nacido en un mundo en el que por ser coherente con tu sentir, has soportado exilios, persecuciones y cárceles. Sé asimismo que aunque muchos te han seguido y respetado, muchos otros te han odiado hasta llegar a la violencia que causó tu muerte”.

“Quiero que ahora te llegue mi amor como una emanación de esperanza. En este momento el futuro que yo soy va a tu pasado a ayudarte, a abrazarte. En este momento un ángel mensajero se dirige a tu vida para endulzar tu ser con una oleada de rosas, de gratitud y de trascendencia. Que recibas este auténtico regalo de la vida que ahora te hago desde el hoy con un amor y reconocimiento que no puede manifestarse en palabras”.

Proseguí diciendo a mi abuelo:

“Sé que lo que ahora estoy pronunciando está sucediendo en el pasado, en tu vida. Te lo doy de todo corazón y te abrazo querido JM con todo mi amor. Sigue en la obra abuelo, sigue adelante. Has llegado muy lejos y tras tu muerte, tu obra evolucionará hacia capas más profundas, hacia la verdad, la bondad y la belleza que ahora son las que constituyen nuestra acción.

Allí sentado sobre la imponente tumba de piedra, miré mi ser futuro y me percibí sereno y sabio, me percibí disfrutando de la obra acabada, y de una plena realización en la dimensión espiritual.

Al cabo de una hora observando, respirando, reflexionando, ofreciendo, rezando, escuchándome, agradeciendo y recorriendo el gran presente por la línea del tiempo, me di cuenta de que aquel momento había terminado. La conexión se acababa de cerrar…

Afortunadamente y a la vuelta al mundo, por más que quisiese negar u olvidar el fenómeno, había un testigo de aquel episodio, Raquel. Me reuní con ella, nos fuimos del cementerio en silencio, asombrados y conmovidos. El corazón abierto.

Pasado el tiempo sé que allí en Alcudia pasó algo grande. Y tengo la certeza translógica de que ese JM, su hija y un servidor estamos juntos. Siento al día de hoy que aquella puerta sigue sutilmente abierta.

Y que además somos un equipo dimensional en el camino a la Unidad.

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0 Comentarios
  1. Angela

    30 abril, 2012

    Gracias! me estremece el corazón estos regalitos que nos haces…

  2. Leonor

    3 mayo, 2012

    «Estoy en la misma aventura que tú. Estamos unidos por el mismo amor a la Unidad, trabajando en una dimensión más exterior o más profunda. Pero al fin y al cabo es el mismo enfoque: Unidad”.
    Creo que tu frase podría generalizarse (me he tomado la licencia de hacer un pequeño cambio).
    Gracias por este relato tan asombroso.
    La imagen que lo acompaña me ha llevado (no tan lejos como a ti, fue ayer; ¿o si?) a una ceremonia de unión de manos (boda celta); dos amigos y compañeros de viaje sellaron su compromiso; el verdadero protagonista del dia fue el Amor (en todas sus dimensiones)

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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