Claves de amor y relaciones. Barreras defensivas. Soledad, pareja estable.
Claves de Amor y Relaciones

Barreras defensivas

Por el 3 junio, 2013

Con tantos obstáculos en las relaciones de pareja, y viviendo en un mundo libre en el que gestiono mis afectos, me pregunto si la mejor opción será estar solo con relaciones puntuales.

Quizás hay un tiempo para experimentar cada tendencia que aparece en nuestra corriente de vida. Desde luego que estas dos opciones, soledad o pareja, en muchos casos tienden a presentarse en diferentes ciclos de nuestra existencia. Hay un tiempo en el que puede resultar deseable vivir en soledad y gestionarse la necesidades básicas de afecto, sexo y compañía. Tal vez éste sea un tiempo de aprendizaje y maduración en el que observamos las barreras erigidas en el corazón para protegernos de las viejas heridas. Se trata de un período en el que se manifiestan nuestras defensas más arraigadas, al tiempo que cerramos pasados duelos por abandono y pérdida.Al parecer la opción más frecuente en la cultura que vivimos consiste en abordar el cada día junto a una persona compañera de vida. Y esto es básicamente así, no sólo por el factor fertilidad en todos los campos, sino también por el crecimiento integral subsiguiente y la mejora personal derivada que late implícita.

Podría decirse que ese “aspecto vida” impulsa a relacionarnos y establecer vínculos con aquellas personas que nos motivan. En realidad, la pareja tiene como base un aspecto biológico enfocado en la supervivencia, un aspecto que por más culturales que nos sintamos, condiciona más de lo que parece a través de nuestra programación genética.

¿Qué factores pueden influir en nuestra orientación hacia la soledad o la pareja?

Influyen factores tales como el modelo familiar de origen y determinadas vivencias de nuestra infancia. Influirán asimismo las experiencias con anteriores parejas, la orientación vocacional, las particularidades psicológicas, la educación, la economía, las creencias religiosas… Es decir, condicionantes de nuestra orientación en la vida de pareja, sobre todo en el seno del primer mundo y su lujosa primacía de afinidades emocionales por encima de factores de la estricta supervivencia económica.

De hecho, en la esfera rural del Tercer Mundo, es decir, en un medio socioeconómico en el que la mujer no tiene modo de acceder al mercado de trabajo, la única posibilidad que esta tiene de salir de la casa paterna, es creando una familia. Y en este caso además, el hecho de casarse y desarrollar su propio proyecto de vida, no sucede con quien ella elige, sino con quien “elijen sus padres” que son quienes tienen la potestad sobre ella. Un criterio de selección en el que cuentan dos grandes factores a favor o en contra: la religión y la economía. Se trata de una realidad sociocultural que no permite crear modelos abiertos como en la sociedad occidental, en la que elegimos “pareja a la carta”. Un ejercicio de opciones que sin duda supone uno de los logros emocionales más valiosos y sofisticados que el progreso conlleva.

¿Cuál es la tendencia de las relaciones de pareja en nuestra actual civilización?

En el mundo económicamente desarrollado, la tendencia del profesional hombre o mujer urbanos, es a la autogestión de sus propias necesidades como personas. Se trata de hombres y mujeres contemporáneos que muy a menudo tratan de evitar todo compromiso que no esté subordinado a sus prioridades laborales y en muchos casos, a objetivos trazados con antelación previa.

De hecho en las grandes ciudades europeas, la construcción de apartamentos para personas que viven solas, aumenta en proporciones insospechadas. Una gran bolsa de seres humanos se unen y separan con una frecuencia cíclica hasta hoy inusitada. Y mucho de los actuales jóvenes, declaran no desear el modelo de pareja reproductora que vivieron en su anterior familia.

Al parecer, cada día se extiende la fórmula denominada “soledad acompañada”. Es decir, “vivo solo y me relaciono en cercanía con otros seres que como yo viven solos”. Y esta nueva órbita de relaciones entre impares, favorece cada día más la amplitud emocional que se genera entre seres afines en el seno de comunidades determinadas. Es decir, modelos de vecindad que evitan el aislamiento emocional y en los que se favorece el compartir, al tiempo que se desarrolla el sentido de la pertenencia.

En realidad la mayor parte de las personas valoran la constitución de “pareja estable” como uno de los ingredientes más importantes de sus vidas. Aún así se observa la gran cantidad de modelos de relación que brotan en una sociedad que se siente libre para crear acuerdos de pareja que en nada se parecen a los que conocieron en su propia familia de la infancia. En cualquier caso las relaciones sean como sean, implican caminar sobre la base de una buena sintonía de complicidad y sinergia. Finalmente sucede que en las relaciones se termina por reconocer el valor del obstáculo como aprendizaje, al tiempo que se superan expectativas idealizadas.

Quienes apuestan por el camino de la pareja saben que en la convivencia habrá un juego misterioso de luces y sombras. Y que una vez se aquiete la pasión que los llevó hasta el umbral de un ciclo, habrá posibilidad de despertar un erotismo del corazón que con chispeante excitación y ternura, iluminará el recorrido del laberinto con una gran benevolencia.

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0 Comentarios
  1. Leonor

    5 junio, 2013

    Que gratificantes serian las relaciones sin barreras (defensivas); poder vivir desde el amor que uno es, …. con libertad,…. sin miedo,…. aprendiendo del juego de luces y sombras….

    Leyendo el último párrafo de tu articulo he sentido como mi corazón decía: «si, confía, yo ilumino el recorrido del laberinto»

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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