Observando

Caminando al cielo

Por el 10 enero, 2011

¿Acaso te resulta molesto tener que caminar para llegar hasta una alejada parada del bus?
¿Por qué coger el coche, antes que caminar?
¿Has sentido alguna vez la vivencia de caminar como un gozo inefable?

Una cosa es caminar para desplazarse, teniendo constantemente la mirada puesta en el lugar de la llegada, y otra muy distinta y gozosa, es el “caminar contemplativo”. ¿En qué consiste esta forma de caminar? En algo muy sencillo y a la vez liberador de toda ansiedad de llegada. Consiste en dar cada paso con total consciencia, como si fuera único: “este paso, y sólo este paso”, de forma que el hecho de andar se convierte en una absoluta vivencia del ahora. ¿Cuántos años nos llevará alcanzar establemente la consciencia del ahora?

El caminar contemplativo no es un apaño ansiolítico de reciente invención. Sus raíces se remontan a las prácticas de monasterios budistas, como por ejemplo, el que se halla en el monte Hiey en Kyoto, centro en el que se realizan largos cursos de meditación. En este monasterio, una de las prácticas más eficaces que se imparten, consiste en caminar diariamente 30 kilómetros ejercitando la presencia. Es decir, caminar despertando un estado de atención sobre el momento presente, momento en el que “cada paso” es toda una vivencia.

El caminante o peregrino comienza por enfocar su sentir en la planta de cada pié, en la planta que en ese preciso momento pisa, al tiempo que la siente en contacto con la tierra. Y es sentir consciente evita las divagaciones de la mente dispersa al tiempo que nos abre al gozo y la atemporalidad del ahora.

El goce de esta práctica está en soltar la mente pensante, habitualmente saturada de prisas y proyecciones anticipatorias de llegada, y centrarse en el ahora, un ahora que brota al enfocar la atención en el cuerpo que vive en la presencia. Recordemos que al contrario que el cuerpo, la mente se dedica a recordar y anticipar. En realidad, ésta no cesa de recorrer la línea del tiempo en la que se mueve y corretea. Del pasado al futuro y del futuro al pasado, discurre la corriente de pensamientos, al tiempo que inunda al psicocuerpo de emociones, emociones que bailan entre el temor y deseo, cuando no de prisas y sutiles amenazas.

Cuando logramos caminar teniendo en cuenta que “ese paso”, y solo “ese paso”, es el “único paso”, sucede que la mente pensante y su afición anticipatoria, cede territorio a la consciencia del momento presente, lo que supone una puerta hacia la infinitud del ahora. Cuando se logra salir de la corriente mental como centro de referencia y se activa la pisada, con toda la atención enfocada, “ahí” en “cada paso”, sucede algo lleno de grandeza. Sucede que el peregrino se abre a la totalidad de su ser, y se convierte en el testigo neutro que observa el fluir de sus percepciones internas.

El caminante que ha probado el néctar de sentir “cada paso” en el ahora, se ejercita cada vez que va a la tienda de la esquina, al autobús, o simplemente a realizar largos paseos conscientes en el aeropuerto, mientras llega la hora. El caminante entonces posa su mirada sobre todo y nada, sobre el detalle y, al mismo tiempo, sobre el fondo de la pantalla. Es entonces cuando caminar  se convierte en un regalo que sosiega la mente y centra la energía en el eje de la consciencia. Cuando así caminamos nos damos cuenta de que no se produce el mismo tipo de cansancio que cuando lo hacemos con esa actitud de prisa que anticipa la meta. Cuando caminamos atentos a cada paso, sentimos una corriente de vigor que no viene del músculo, sino del interior profundo e inagotable de cada una de los siete mil millones de células.

Al comenzar el ejercicio de esta práctica, sucede lo mismo que durante la inmóvil meditación sedente. Sucede que por seguir el curso de un pensamiento que se encadena a otros, a menudo perdemos la atención consciente, y nos alejamos del presente, aquí y ahora.

¿Qué hacer entonces? Podemos volver a casa, es decir volver a sentir la respiración como referencia. Volver una y otra a la presencia, volver a sentir las plantas de los pies en contacto con la tierra, sentir el cuerpo en movimiento y ejercitar una mirada abierta y panorámica.

¿Es llegado el tiempo de dejar el coche para ir cerca?, ¿es tiempo de revisar la cara de horror que ponemos cuando llueve al cruzar la calzada? Aprendamos a caminar en la noche y sin linterna por la naturaleza. Aprendamos a caminar sintiendo ese algo más que a la percepción atenta y despierta.

Sabemos que la llave que abre todas las puertas es el momento presente. Sabemos también que en esencia todos los seres humanos somos esa realidad profunda, cuya infinitud todo lo ES y abraza. Tan solo hay que descubrirlo. Y del mismo modo que jugando a la búsqueda del tesoro, descubrimos la clave por la llegamos y se nos premia, así también será posible descubrir el tesoro que vive escondido en la eternidad de cada paso y en lo infinito del pisar “ahora”.

¿Juegas?

ETIQUETAS
RELATED POSTS
0 Comentarios
  1. Jose

    10 enero, 2011

    Pues este escrito refleja muy bien el concepto de Mindfulness, adaptado por Jon Kabat-Zinn. En el se refiere a dejar la mente centrada en el presente, en el aqui y ahora.Es tambien un tipo de meditacion.Digamos que es lo contrario al sistema de vida en el que uno se ve inmerso hoy en dia.Un sistema en el que NO VIVIMOS realmente nada de lo que pasa a nuestro alrededor.Siempre se encuentra uno en ese estado de piloto automatico en el que los dias se suceden rapidisimamente.

  2. lola

    13 enero, 2011

    Descubrir la existencia en cada paso, en cada pisada.

    Caminar por el asfalto o por la tierra húmeda de un bosque.

    Caminar por las arenas de unas dunas o poner el pie en tierra rocosa del monte…atravesando montaña.

    Cada paso habla de nosotros, de ese preciso momento, ese aquí y ahora … y ese es el misterio del camino. Cómo lo vivimos, cómo lo sentimos, qué habla el camino y la pisada de nosotros.

    ..al igual que navegar….Con el mismo mar y el mismo viento, unos barcos navegan del este al oeste y otros del oeste al este.

  3. paco

    13 enero, 2011

    caminante no hay camino
    se hace camino al andar…

  4. Leonor

    15 enero, 2011

    Una vocecita me decía: «¡camina!», cuando el cuerpo y sobre todo la mente intentaban convencerme de lo contrario; con la práctica, esa vocecita ha alcanzado el poder para que cuerpo y mente cada vez se rindan antes y experimentar que todo es posible.
    He podido experimentar la diferencia entre caminar para llegar a un lugar y caminar con la atención enfocada en el momento presente; con la primera me siento cansada, pensando «¡cuanto queda!, ¡no puedo más!,…», y en ocasiones frustrada por no llegar al objetivo previsto; con la segunda el mismo recorrido se covierte en un divertido y revelador juego.
    Gracias Jose Maria por ser el constructor de ese puente

  5. laura

    15 enero, 2011

    Jamás pensé que al centrar mi atención en una simple pisada, pudiese sentir todo ese amplio misterio, todo ese amable y agradable placer que te envuelve y no quieres soltar..

  6. Gemma

    16 enero, 2011

    la pisada consciente me lleva a la ecuanimidad, y la ecuanimidad a la plenitud, a la felicidad de disfrutar del proceso

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

Suscríbete
¡Recibe los últimos artículos de mi blog en tu email!
Archivos
VISITA MI FACEBOOK
PÁGINAS AMIGAS