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Claves de Mindfulness y Meditación Transpersonal

Claves de Mindfulness y Meditación Transpersonal (6)

Por el 24 septiembre, 2012

 

1 . Siendo tan contundentes los beneficios que parecen derivarse de la meditación, me pregunto si acaso esta se ha inventado hace poco como solución a la crisis del actual ser humano.

La contemplación ha estado presente en prácticamente todas las tradiciones espirituales conocidas. Lo que sucede quizás, es que en la actualidad el ser humano siente de forma intensa la necesidad de encontrar una vía no conceptual que lo trascienda y eleve de un mundo de tecnología y deseo de autocomplacencia.

En realidad el hecho de que nuestro organismo tenga fecha de caducidad, es fuente de miedos y conflictos en la aventura de la vida. Sabemos bien que nuestro cerebro está programado para anticiparse a los riesgos, evaluarlos y adoptar las medidas que favorezcan la supervivencia. Es por ello que la natural incertidumbre de la vida, nos provoca estrés, ansiedad y desequilibrio. Y para acallar tal foco de tensión, la humanidad ha recurrido desde siempre a mitos, magia, rituales… a veces incluso dañinos.

Frente a esta situación, la meditación penetra en el corazón mismo de la incertidumbre invadiéndola de consciencia. Y es de esta manera como reduce los niveles de estrés y ansiedad favoreciendo la relajación. En realidad, la meditación ayuda a detener la anticipación mental y a situar la conciencia en el momento presente.

 

 

2. Dados los beneficios psicológicos que parecen derivarse de la meditación, ¿acaso la práctica de la misma puede sustituir a la psicoterapia?

La meditación puede ayudar a tomar conciencia de aspectos psicológicos sumergidos, pero ello no garantiza la resolución de estos problemas de la personalidad. Y aunque muchos líderes religiosos, desdeñan el trabajo psicoterapéutico porque en una gran parte es realizado sobre un ego al que niegan, optan por idealizar la práctica meditativa y la sobre intelectualización espiritual, tapando aspectos no resueltos de su carácter y vidas privadas, en muchos casos, borrascosas.

En realidad mientras el trabajo psicoterapéutico conlleva una toma de conciencia y posterior reorientación de patrones conflictivos que gravitan en la personalidad, la meditación por el contrario trabaja en la ecuánime trascendencia del pensamiento. Y por tanto, aunque el meditador termine por dominar el enfoque de la atención y lograr un estimable nivel de profundidad y presencia, pueden quedarle sin trabajar áreas y procesos que tarde o temprano aflorarán en su vida privada de forma irritante o exagerada.

La psicoterapia convencional cognitiva por sí sola no resuelve la «carencia primordial», ni aporta comprensiones profundas de cara al sentido de la vida. Y por su parte la meditación por sí sola, aunque profundice la mirada y permita descubrir velos de lo Real, puede dejar sin pulir manifestaciones de la personalidad cotidiana, que de no ser trabajadas, podrían perturbar las relaciones personales del meditador.

Las religiones en general han desdeñado el trabajo psicológico en el ego, aludiendo que puede enredar en bucles cognitivos la mirada del que busca claridad. Es por ello que mientras que la religión dice: “Si tu mano peca, córtala”. La psicoterapia por el contrario, dice: “Si tu mano hace daño, mírala en profundidad y aprende a reconvertir la conducta”. Es por ello que mientras que la religión lucha por “vencer al mal”, la psicoterapia explora en su oscuridad tratando de comprender, para desde ahí, vivirse a pesar del mal.

Por ello, la Terapia Transpersonal es integradora y se mueve no sólo con la dimensión psicológica sino también con la meditativa. Los pacientes de un psicoterapeuta transpersonal apoyan su propio proceso terapéutico con la práctica asidua de la meditación que el terapeuta promueve y consolida.

 

3. ¿Qué tiene que ver la meditación con la felicidad?

 

Investigando sobre la felicidad, merece citarse un estudio de los científicos de la Universidad de Wiscomsin que llevaron años estudiando el cerebro de Matthieu Ricard, biólogo y actual asesor del Dalai Lama. Los resultados fueron comparados con los obtenidos con cientos de voluntarios cuya felicidad fue clasificada en niveles que iban del 0,3 (muy infeliz) a -0,3 (muy feliz). Matthieu Ricard para asombro de todos, logró -0,45 desbordando así los límites previstos en el estudio y superando todos los registros realizados con anterioridad. Este estudio le valió el título de “El hombre más feliz de la Tierra” que él mismo no termina de aceptar, aunque sí resalta que efectivamente, la cantidad de emociones positivas que produce su cerebro está muy lejos de los parámetros normales.

En este sentido los trabajos sobre la felicidad del mencionado Richard J. Davidson, director del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad de Wisconsin, se basan en el descubrimiento de que la mente es un órgano en constante evolución, y por lo tanto moldeable y siempre cambiante. Un descubrimiento que bajo el nombre de “neuroplasticidad cerebral”, otorga al ser humano la ilimitada capacidad de crear nuevas neuronas y optimizar su estructura cerebral literalmente, hasta el último momento de su vida. Desde esta perspectiva, la meditación transpersonal es considerada como uno de los ejercicios más saludables para ser practicados de por vida.

4. Entonces, ¿me hará más feliz la meditación?

 

La meditación es el camino hacia un estado de conciencia transpersonal que no puede conseguirse en el “nivel persona” con sus esfuerzos, méritos y adquisiciones. En realidad si consideramos la felicidad como un estado de conciencia que trasciende la dualidad de la mente y la ilusoria y contundente sensación de “separación” que padecemos desde el ego, el hecho de practicar meditación supondrá un camino hacia ella. Y en muchos casos seremos testigos gozosos de la estabilizada plenitud que conlleva.

 

Sabemos que la llamada felicidad no es algo que se “consigue”, ni tan siquiera se parece a la exaltación que sentimos cuando llegan buenas noticias o experimentamos sentimientos de lo que comúnmente llamamos amor, admiración, satisfacción, gozo e incluso ternura…

La felicidad es un estado de conciencia que se asemeja a la paz profunda o al amor universal, algo que no es inherente al nivel persona. En realidad la “persona” poco puede hacer para alcanzarla. Sentimos que la felicidad sucede y en todo caso se parece más al vacío radiante y la conciencia de unidad que al logro entusiasta y pasional. En realidad intuimos que la felicidad está más cerca del “amor que somos” que todo aquello que podamos alcanzar por más méritos y empeño que pongamos. La felicidad pues, es un estado transpersonal que un día, de pronto y de forma inesperada, aflora y nos encuentra.

5. ¿En qué casos no se recomienda la meditación?

 

No es recomendable en casos de perturbación psicológica aguda. En realidad las personas con procesos psicóticos o intensos desequilibrios psicológicos, deben trabajar sus mentes bajo supervisión médica profesional. Esta orientación les permitirá centrar el trabajo de sí mismos sobre un plan terapéutico, en su caso apoyado de la medicación específica que estime el psiquiatra.

 

 

 

6. ¿Qué son las experiencias místicas?

Las experiencias místicas, también denominadas “experiencias cumbre” por el afamado psicólogo transpersonal Abraham Maslow. Son vivencias que acontecen repentinas e inesperadas en la vida de los seres humanos y que se caracterizan por la presencia de sentimientos de paz profunda, amor universal, certeza, totalidad e infinitud.

Los seres que experimentan tales “expansiones” de conciencia tienden a sumergirlas y olvidarlas, dado que resultan “inefables” desde el plano lógico y verbal de la mente ordinaria. En realidad, el hecho de tratar de compartirlas con familiares y amigos, tiende a producir cierta frustración ya que los terceros ajenos a las mismas, en general expresan sus dudas sobre el grado de realidad y cordura de quienes las narran.

En este ámbito de investigación se encuentra Francisco J. Rubia, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, que repasa las investigaciones realizadas al abrigo de una nueva disciplina denominada neuroteología. Se trata de un área de investigación cuyo objetivo es desvelar los mecanismos neurobiológicos en los que tales vivencias se reflejan, y que al parecer se hallan presentes en la vida de una gran parte de los seres humanos.

F. J. Rubia afirma asimismo que lo que denomina como “la conexión divina”, es decir el lugar del cerebro que se activa cuando el ser está en éxtasis, se encuentra en ciertas áreas del lóbulo temporal. Y al igual que ocurre con la meditación, esta región manifiesta cambios en el momento del éxtasis. Los síntomas de estas vivencias se manifiestan en un sentido de unicidad y en un sentimiento de unión con el resto de universo.

En la misma dirección, el psicólogo Charles Zeiders, explora cómo los estados del cerebro y del sistema nervioso pueden crear o relacionarse con la vivencia de la experiencia religiosa. Asimismo afirma que la meditación y la oración podrían aumentar partes del cerebro que hayan sido menguadas como consecuencia de las neurotoxinas que conlleva el indiscriminado consumo de sustancias químicas, además de incrementar flujo sanguíneo en las áreas del cerebro relacionadas con la atención.

 

 

7. ¿Acaso la meditación produce experiencias místicas?

 

Aunque la meditación favorece la expansión de conciencia, no puede afirmarse que haya relación directa entre dicha práctica y las experiencias cumbre. En realidad estas aparecen de manera acausal en la mente de un sujeto que puede o no practicar meditación.

Podría decirse que la meditación se asemeja a la acción del fuego lento de las brasas, mientras que la experiencia mística, por el contrario se parece más a la bomba explosiva de un incendio. Y esto no quiere decir que tan extraordinarias vivencias no traigan significativas transformaciones en la vida de un ser humano. En realidad quien ha vivido el sentimiento oceánico de unidad e infinitud, no considera de igual forma a la muerte que en tiempos precedentes, ni cae en la tentación de instalarse en el temor ante la incertidumbre del devenir.

Por otra parte, conviene tener en cuenta de que tales experiencias ni parecen ser fruto de extraña lotería cósmica, ni devienen como consecuencia de lo avanzados que estamos. Las experiencias místicas no son otra cosa que una especie de regalo de la “Gracia”, vivencias que suceden desde la metalógica del Misterio, y que suelen desplegar comprensiones sucesivas que tienden a cambiar la visión de la realidad de los seres humanos que las experimentan.

El meditador no las busca, no sólo porque sabe que si suceden no se deberá al esfuerzo o entrega a su práctica, sino que por el propio ejercicio de la ecuanimidad inherente a la meditación, se vacía de deseos y expectativas, observando y abrazando de forma natural, simplemente “lo que hay”.

8. ¿Qué peligros puede tener la meditación?

 

La cara oscura de la meditación supone lo que se denomina como “evasión espiritual”. Es decir, un by pass que a veces los meditadores utilizan para apartarse o repudiar las fuentes de dolor que la vida presenta. Una evasión que surge como consecuencia de no ser capaces de mirar el conjunto de aspectos dolorosos y no resueltos que gravitan en nuestra sombra. Elementos que conviene afrontar para lograr una verdadera maduración personal.

Y desde esta perspectiva sucede a menudo que la meditación puede convertirse en un valium espiritual que desdeña al nivel ego y al plano cotidiano de la persona por considerarlo “inferior o ilusorio”. Es entonces cuando la práctica meditativa es utilizada para sumergir y no afrontar los aspectos sombríos y neuróticos de la personalidad.

Sucede que con todos los intentos que hacemos de trascender, a menudo lo que realmente hacemos es “excluir”. Excluir todo aquello que desencadene inquietud, sobre todo en el mundo de las relaciones difíciles. Y sucede entonces que lo que realizamos es una trascendencia insana llena de escapismo y desconexión.

La trascendencia sana por el contrario, no nos “eleva” de los elementos incorrectamente llamados “inferiores” o bien dolorosos u oscuros, sino que los asume, integra y recoloca.

En realidad para no caer en la evasión espiritual conviene no cerrarnos al sufrimiento, a la sensación de carencia, y al crudo dolor de lo que más nos hiere. Se trata finalmente de ir más allá de todo, pero sin excluir realmente nada.

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JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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