Claves de amor y relaciones. Culpa y sombra. Confesión, sinceridad y prudencia.
Claves de Amor y Relaciones

Confesión o prudencia

Por el 17 junio, 2013

Me pregunto si la total sinceridad en pareja, favorece la relación o más bien la dinamita. ¿Acaso para preservar la pareja, es mejor no confesar la infidelidad presente o pasada?

Bien sabemos que cada persona con quien hemos constituido en pareja ha tenido particularidades bien distintas. Y si bien alguna de ellas era capaz de compartir aspectos íntimos de nuestra vida sin sentirse desbordadas, como por ejemplo nuestros deseos sexuales sobre una tercera persona, otras por el contrario, no estaban preparadas para conocer semejante “equipaje” de su amada compañía.

El decidir compartir o bien callar nuestras deseos más recónditos en función de como se lo tome nuestra pareja, es una forma de respetar la sensibilidad que esta tenga, sin imponerle un temple capaz de aguantar la sensación de pérdida. Por muy comprensiva que sea nuestra pareja no tiene por qué sonreír y apoyar aspectos de nuestra persona que en el fondo no “traga”.

Tal vez pasados los años de cercanía y convivencia, el amor y la propia experiencia de cada cual abra progresivamente el arco de las tolerancias. Será entonces cuando el amor maduro obtendrá sus frutos, acogiendo la vida y al otro tal cual es, sin juicios ni etiquetas. Sin embargo en muchos casos, nuestras parejas no se merecen el mal trago de conocer una parte de aquellos pensamientos y deseos que nos acompañan. Muchas personas sin ignorar que sus parejas no son de “piedra”, prefieren no remover tan delicado tema que de alguna forma aumenta su propia inseguridad e impide la entrega.

¿Pero la sinceridad no es lo más deseable en una relación de pareja?

¿Quién no desearía expresar sus sentimientos sin sentirse juzgado y condenado, sin además turbar el sentimiento de seguridad de su pareja?

Y sin duda esta realidad suele conducir a establecer discreción en temas “delicados”, temas que pasan a formar parte de cada vida privada. En realidad tales actitudes de privacidad son “defensas” en muchos casos, legítimas y sanas. Barreras que no sólo nacen por suponer que si aireamos nuestros deseos y en muchos casos nuestras acciones, seríamos condenados, sino también porque nuestras parejas se sentirían dolorosamente traicionadas. Un sentimiento de traición que en muchos casos se da porque las personas todavía no estamos lo suficientemente maduras. En realidad tan sólo aquellos que se han profundamente observado y han asimismo logrado abrazar su propia sombra, son los que están en mejores condiciones de aceptar la nuestra.

¿Quién no ha sentido que si su pareja no era capaz de aceptar lo que realmente había dentro de uno, tal relación no merecía la pena?, ¿quién no ha querido ser aceptado tal cual es, y en consecuencia, haber anhelado una comunicación sincera?

Conviene que seamos auténticos, pero también maduros y realistas. En muchos casos reconozcamos que la sinceridad mal entendida, lo único que hace es revolucionar el ánimo de quien la enfrenta. Hay demasiadas personas que en su día tuvieron el impulso de confesar de corazón, por ejemplo, una reciente infidelidad que a ojos propios pasó sin importancia. Y sin embargo en muchos casos tales personas se arrepintieron de tal “metedura de pata” ante las inesperadas consecuencias que tal información causó en su pareja. Una pareja que no sólo sufrió de inesperada pérdida y sentimientos de traición, sino que además padeció una subsiguiente convivencia con desazón y desconfianza.

No confundamos el mentir o mantener una imagen falsa con quien convivimos y a quien amamos, con el hecho de ser discretos y aguantar la sutil tensión que subyace en el proceso de nuestra esfera privada. Sucede demasiado a menudo  que las motivaciones de aquellas personas que por ejemplo, “confiesan” infidelidades o acciones realmente más graves, no responden más que al intento de desahogar cierta culpa, y a buscar la aprobación de quien las escucha. Todos sabemos que hay seres que pueden escuchar el relato de un secreto asesinato o de un robo continuado sin alterarse, y otros por el contrario, llegan a perder el sueño cuando tan sólo oyen que su pareja ha pensado en otra persona mientras hacían el amor con ella.

¿Y dónde está el amor incondicional en la pareja?

Reconozcamos el hecho de que nuestra pareja no nos ama incondicionalmente. El amor incondicional no se establece ni experimenta en relación con una persona determinada. El amor incondicional es más bien un estado de conciencia transpersonal que se manifiesta con un carácter de total universalidad.

En realidad nuestra pareja hombre o mujer, no es como nuestra madre, es decir, no es esa persona única que de alguna forma, tras determinados hechos y confesiones sabemos que nos seguirá queriendo sin merma. Aceptemos que nuestra pareja nos ama de forma condicional y que si un día por ejemplo, nos enredamos con las  drogas, malos tratos, descuido de los hijos u otros aspectos destructivos, no lo tolerarán y en consecuencia, no compartirán con nosotros sus vidas. Observemos que si pasamos el límite y cruzamos la peligrosa raya, el sistema de pareja se verá alterado con todas las consecuencias de lo que eso significa.

En el nivel evolutivo en el que comúnmente nos encontramos, parece faltar un cierto trecho para establecer relaciones transpersonales desde el corazón, relaciones en las que la dimensión esencial en la vida se manifiesta desde la presencia y no se plantean incompatibilidades tan básicas. Sin duda un nivel de conciencia en el que nuestro miedo habrá dado paso a la confianza y al amor, y esto determina sinceridad absoluta.

Recordemos que una pareja unida desde el compromiso profundo de crecimiento y consciencia, no “puede” permitirse el miedo al juicio del otro y en consecuencia a vivir en la mentira. En realidad es precisamente la expresión veraz lo que constituye su íntima conexión y el sentido de su alma. Bien se sabe que cuando los deseos aparecen con tanto poder sobre nuestras personas, merece la pena vivir un tiempo solos y no ser “amados” en el cada día, si a cambio nos vemos obligados a convivir en la desconexión de lo profundo y en una sutil incoherencia.

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JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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