Claves de amor y relaciones. Divorcio. Pareja perfecta. Carencia. Comprensión.
Por el 5 agosto, 2013

¿A qué es debido que tras tanto divorcio, mucha personas anden en la búsqueda continuada de pareja y una vez la encuentran, al tiempo se conflictuan y enfrentan una nueva ruptura?

Parece que eso de la pareja perenne es un mito que por medio de poesía y leyendas se hace presente en todos los tiempos y culturas. Y sin embargo, la realidad parece conducirnos a vidas de pareja cortas o largas que alimentan sus almas de chispazos esporádicos que alumbran lo que no se puede ser dicho en palabras.

Lo que sí parece muy probable es que muchas personas viven encuentros amorosos plenos de destino y magia, encuentros que suponen un antes y un después, tanto en sus vidas como en las de quienes aman. Y también es bien cierto que existe en este planeta un número de parejas estables con baja conflictividad que recorren una vida no ajena a la mediocridad afectiva. Se trata de personas que por un sinnúmero de razones, mantienen encendida esa llama que les permite considerar su relación de pareja como un regalo valioso de sus existencias.

Y sin embargo la tendencia mundial de aquel paradigma de “pareja de por vida”, ha cambiado a un vivir varias parejas a lo largo la existencia. Se diría que cada pareja ya de por sí es una vida, y que cada cambio ha supuesto una muerte y posterior nacimiento en el recorrido espiral que muchas personas enfrentan.

 Entonces, ¿a qué se debe que cada vez más personas vivimos la pareja “de oca en oca”?

Tal vez el desarrollo económico que abre la mente al todo es posible, así como la menor presión de las religiones, han contribuido a despenalizar a quienes sentían su relación de pareja caducada. Asimismo no es descartable que en nuestra particular cultura nos hemos hecho “consumidores de parejas”, por aquello de buscar estímulos en ámbitos superficiales de vida. Se trata de ámbitos en los que soslayando la profundidad e ingiriendo anestésicos al dolor, sucede que cuando llega cierto grado de presión, salimos “por patas”. A raíz de tal superficialidad no estamos dispuestos a entregarnos ni todavía menos a asumir obstáculos cuando eso a menudo significa superar la frustración y remover viejas heridas. Asimismo sucede que en una sociedad hedonista en la que no se madura lo deseable, nos unimos a otro ser desde nuestras carencias. Un estado de temporalidad que aunque alivia soledades, la unión se derrumba cuando estas se colman.

También a veces ocurre que sin haber cerrado completamente el duelo de una anterior ruptura, procedemos a una sustitución rápida de pareja, y con ello lo que hacemos es tapar una herida sin curar que en momentos difíciles sangra y nos amenaza.

Sólo cerrando las puertas del pasado, será posible abrir las del porvenir.

Mucha literatura habla acerca de que no existe la pareja perfecta. Y por el contrario, otros muchos escritos nos describen la belleza inusitada del encuentro mágico con la persona destinada. Y de la misma forma que en el comienzo del amor brotó una radiante alegría, pasado un tiempo, por el contrario nos decimos que la elección fue un error, y que de momento convendrá deshacer lo hecho con la menor cantidad de batallas y culpas.

Tarde o temprano, experiencia tras experiencia, comprendemos que la paz feliz está dentro y que la llave de la misma es responsabilidad nuestra. Con tal comprensión, aprendemos a vivir en soledad y trabajamos en la vacuidad de la mirada interna. Es por ello que la ansiedad de encontrar a quien supuestamente resolvería la presión, al poco se apacigua y aquieta. Esta soledad supone un encuentro con el silencio que a menudo nuestra maduración precisa. Es por ello que no tardamos en reconocer a muchos seres con quienes recrearnos en la amistad y la belleza. Y de pronto, cuando hemos aprendido a vivir lo que toca, y ya no buscamos, ocurre ese encuentro que nos sorprende por su misterio y sincronía. Algo que sucede cuando tiene que suceder, es decir, como algo misterioso y sagrado que no podemos controlar, aunque nuestro corazón sí lo sabe y espera.

ETIQUETAS
RELATED POSTS
0 Comentarios
  1. ronoel

    10 agosto, 2013

    El titulo «De oca en oca» , me sugiere un juego de niños (inconsciente) y también un juego consciente, de crecimiento.
    El juego es el mismo, lo único que cambia es el nivel de consciencia del jugador.

    En el Gita, Krishna desafía a Arjuna. «El resultado de tu actividad está en manos de lo divino, simplemente actúa». Krishna insiste en que, incluso en la guerra tienes que estar dispuesto a jugar, no pienses en lo que va a pasar al final; simplemente permanece en el aquí y ahora. Simplemente se un guerrero jugando (Osho)

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

Suscríbete
¡Recibe los últimos artículos de mi blog en tu email!
Archivos
VISITA MI FACEBOOK
PÁGINAS AMIGAS