Observando

Del Dios de la India al Dios de la ciencia

Por el 4 octubre, 2010

¿Acaso te sigue pareciendo de ingenuos hablar de Dios?
¿Sigue siendo Dios propiedad de las antiguas religiones?
¿Es que Dios es tan solo para los que fueron educados por curas y monjas?

Occidente está despistado tras hacer crecer su antigua mente infantil. Creció tras dejar atrás el mundo agrícola y entrar en las ciudades industrializadas, en la ola informática y en la prisión del tiempo lineal. Con todo lo que supuso esta conquista de la mente pensante, el ser humano racional, no solo se quedó sin la mítica religión, sino también huérfano de Dios. Y con este adiós, también perdió de vista a los grandes modelos de lucidez y virtud que le precedieron.

Sucedió que la ciencia emergente negó que se pudiese ser al mismo tiempo “virgen y madre”, o bien que un súper Jesús pudiese resucitar a los muertos. Las rigurosas leyes mecanicistas de Newton, no solo ofrecieron una nueva visión de la Física al mundo, sino también una música de libertad: la libertad de los hechizos, de los “males de ojos”, y la libertad de las supersticiones propias de aquella época de magia, mitos y caza de brujas.

Con la llegada de la razón también llegó la industria con su trabajo en cadena y el apretado horario de las sirenas de fábrica, un modelo productivista y mercantil que fue alejando al Dios de las antiguas religiones, y dejando al ser humano sin referencia existencial. Nacía una era de materialismo y búsqueda a ultranza del placer, y con ella, brotaban los efectos secundarios de una alienada sociedad de mercado, sociedad tan ansiosa como progresivamente enferma.

Y si anteriormente los grandes sabios y maestros eran los modelos inspiradores de la vida profunda, de pronto la mirada del mundo giró hacia una nutrida corte de dioses paganos, dioses encarnados en figuras de presidentes de multinacionales, artistas y deportistas. Surgía un culto de masas enfebrecidas hacia personas que tan solo destacaban en habilidades específicas, personas a menudo famosas por su excéntrica capacidad de acumular dinero y poder. El olvido de referentes de la milenaria sabiduría, dio paso a la oscuridad de una etapa de transición en la que, quién más quien menos, cerró su corazón.

Hoy, muchos occidentales ansiosos de encontrar de nuevo sentido a sus vidas, y a su vez, lograr descubrir algo que vaya más allá de la ansiosa satisfacción que los conforma, viajan esperanzados a India por si logran encontrar reflejos del perdido Misterio. Y como cualquier adolescente sin experiencia en el amor, proyectan sobre gurús y maestros espirituales, sentimientos de idealización, sintiendo que han encontrado su camino de “vuelta a casa”.

Sin embargo, tarde o temprano sus mentes racionales sospechan que la vivencia espiritual que anhelan en ese viaje iniciático, está obligada a pasar por el calzador de las creencias religiosas de la zona, dándose pronto cuenta de que sus recién llegados maestros espirituales, no ofrecen la exquisita asepsia de lo esencial, asepsia que la mente occidental necesita para encontrarse con un nuevo Dios, un nuevo Dios que debe parecerse más a totalidad, infinitud y amor consciente, que a esas figuras celestiales, sistemas de creencias y doctrinas varias. Finalmente este buscador espiritual que peregrinó a esta sagrada tierra, sufre una desilusión que deconstruye sus íntimos proyectos de solucionar así su existencia. El viajero ya no puede imaginar a un Dios antropomórfico y con tridente. Y aunque disfruta de la inocencia esencial de los ritos y la belleza del corazón indio, no logra acallar a un intelecto que aprendió a discernir, un intelecto que no se contenta con los cánticos de los héroes y los mitos, aunque estos sean cantados por almas inocentes y bellas que no cuestionan sus heredadas creencias.

Sin embargo, cuando este buscador regresa a su cultura y “vuelve al mercado”, es decir, cuando vuelve al marco de su vida estructurada en semáforos y leyes reguladoras, trae una llama en su corazón que dinamiza su anhelo de comprensión. Es justo ahí donde se encuentra con el paradigma holográfico que el Nobel Karl Pribram señaló en los pasados 90, un paradigma por el que se proclama que “todo está en todo y es causa de todo”, una mega realidad a la que también apunta el “campo unificado” de Rupert Sheldrake, realidad que señala un más allá de lo visible en forma de malla o unidad de consciencia. Asimismo brota el principio de incertidumbre de Heisenberg o incluso el “gato de Schrödinger”, experimento que rompe con la lógica, así como muchos otros descubrimientos de grandes científicos, que son más bien metafísicos que mecanicistas. Todos ellos señalan a ese nuevo y milenario Dios, un Dios que ES en todo ser humano y que como radiante vacuidad se manifiesta.

Un Dios sin esculturas ni templos que perdió sus brazos y sus piernas, un Dios que a su vez perdió su juicio de premios y castigos para buenos y malos, y que dejó el cielo para SER, para ser el Todo. Un Dios que existe más allá de la mente ordinaria creadora del tiempo y constructora de esa íntima sensación de yoidad, una yoidad tan temporal y efímera que así como nace, también desparece cuando el cerebro no funciona.

Sin duda estos investigadores mencionados, tan científicos como místicos, son parte de la avanzadilla de la conciencia planetaria, una conciencia que demanda comprender desde la universalidad y respeto a la gigantesca diversidad de formas y caminos que nos circundan, y la unidad  Transpersonal que subyace tras la aventura de la existencia.

¿Todavía asocias como inseparables la espiritualidad de la religión?
¿Acaso en tu mente Dios tiene forma?

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0 Comentarios
  1. Iris224

    4 octubre, 2010

    En los tiempos que corren la religión tiene que ver poco con la espiritualidad, más bien es una manipulación de masas para una buena labor de beneficiencia…
    Llegar a descubrir que Dios existe y que todos somos parte de éste,seria fantástico poderlo demostrar empiricamente con una fórmula matemática;algo tal vez imposible ,ello implicaria reunificar los dos hemisferios derecho e izquierdo.
    Mi mente puede tener mil o más formas de DIOS, cuando siento que todos somos iguales y que estamos interconectados, a tal punto que es practicamente imposible indiferenciarnos…esta visión sólo se llega desde la vacuidad, la contemplación y la meditación.
    La práctica hace al maestro, acaso de lo que se trata es de menos pensar y más sentir…y no hay fórmulas sino más bien hábitos de VIDA.

    Simplemente se trata de abrir el corazón.Es así como va podrá nacer «La nueva Conciencia»

  2. Luz

    4 octubre, 2010

    No lo podría describir mejor. Es precisamente en ese todo atemporal interconectado donde se encuentra la verdadera lógica metafísica; así encuentro el sentido de las cinco veces que he tenido que empezar de cero, al quitarme lo que se me había dado y otorgarme otros recursos para volver a empezar, en el sentido de volver a coger el camino consensuado. Encuentro sentido a cada pérdida, cada frustración y cada logro, y es Dios, esa energía conciencia que sabiamente organiza todos los detalles, quien me impulsa a actuar o a detenerme a mediatar, orar y agradecer incluso el hecho de que algunos estemos como sentenciados a estar solos o a dar mayor ejemplo. Hoy es un día de esos en que impera el silencio, me pongo a su disposición para no desviarme más y ser últi al prójimo como medio de vivenciar la permanente paz y tranquilidad. GRACIAS. ¡Somos tan divinos y somos tan poca cosa!…

  3. PATRICIA

    6 octubre, 2010

    Hola a tod@s,
    curioso lo que me puede alterar el lenguaje…
    Sale como un resorte de mi mente infantil al leer Dios, Dios… en cambio antes del punto final leo: «unidad Transpersonal que subyace tras la aventura de la existencia» y me resulta balsámico.
    Besitos

  4. Aurora

    7 octubre, 2010

    El escrito refleja el mismo concepto del que participo. Lo que no me encaja es el nombre: Dios. Al nombrar Dios, a ese campo unificado, se le está nombrando igual que lo nombran las religiones: Dios.

    Yo le nombro de otras maneras, pero hablamos de lo mismo.

    Me gusta mucho su manera de escribir.

  5. mar

    8 octubre, 2010

    «¿Todavía asocias como inseparables la espiritualidad de la religión?»
    Me pregunto si es que ¿hay que asociar o no asociar? ¿hay que pensar en Dios sea en la forma que sea? ¿hay que pensar en la religión; en si es inseparable de la espiritualidad o no; en ella per se?

    «¿Acaso en tu mente Dios tiene forma?»
    ¿Acaso Dios tiene que estar en la mente?

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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