Descubrir y Compartir
Descubriendo

Descubrir y Compartir

Por el 18 julio, 2011
En la Escuela de Desarrollo Transpersonal es frecuente profundizar sobre el sentido existencial, un tema que al proceder a investigar, nos obliga a preguntarnos qué sentido tiene el tramo de vida que a cada uno le queda por recorrer. Al poco se comprueba que tal sentido, nada tiene que ver con las creencias.

En realidad vivimos en un tiempo en el que asistimos a la caída de antiguos credos, así como a una creciente presión emocional no exenta de desengaños y pérdidas, un tiempo en el que paradójicamente, el cielo se está despejando de nubes y asoman insospechados rayos de lucidez hacia una desorientada Humanidad.

Puede decirse ya que una nueva mirada a lo trascendente está apareciendo, una mirada que reconoce y honra el sentido último de la vida. Sin duda se trata de un reconocimiento que brota desde la íntima vivencia de apertura y descubrimiento, más allá de ideologías y doctrinas. Son tiempos en los que incluso la ciencia señala supra realidades que derrumban el corto nihilismo de quienes incluso trataban de explicar todo lo existente desde un biologicismo reduccionista.

Pues bien, ante la pregunta, ¿qué sentido tiene mi actual vida? La respuesta que tiende a manifestarse en un número cada día mayor de personas, es concisa y a la vez de gran calado: Descubrir y compartir.

Un descubrir que no está relacionado directamente con una superficial curiosidad, sino más bien con el ensanchamiento y aplicación de nuestra capacidad de desplegarnos como semillas de conciencia. Tal vez el descubrir sea uno de los procesos que más nos fundamentan como seres humanos a través del gozo derivado de comprender y trascender.

¿Qué nos facilita el descubrir? El descubrir trae progreso a la comunidad, y en todo progreso late un descubrimiento que revoluciona cada etapa de la misma, un descubrimiento que como bolita de nieve pudo comenzar hace miles de años con el control del fuego, y culmina en lo que podría denominarse como “instrucciones para señalar”, señalar con claridad meridiana el nivel de conciencia en el que cesa el sufrimiento, y se vive en sabiduría y compasión.

En realidad, el hecho de convertir nuestra vida en un sostenido descubrimiento, no tiene necesariamente que ver con los inventos y la tecnología. El verdadero sentido del descubrir no hace referencia a la información o al plano mental por el que trabajamos con dígitos y posibilidades lógicas, sino más bien a un estado esencial, un estado profundo de inocencia primordial desde el que vemos todo por primera vez y sin prejuicios.

Esa “mirada de principiante”, mirada genuina que se despliega conforme avanzamos por la escalera evolutiva, está relacionada con esa famosa frase que tantos ríos de tinta ha vertido a lo largo de la historia de lo sagrado: “Y sed como niños para entrar en el Reino de los Cielos”

¿Qué  quiere realmente decir eso de “ser como niños”? Tal vez el énfasis de esta clave resida, en un matiz aparentemente insignificante, pero de grandes consecuencias. El hecho de ser “como” niños, no significa “ser niños”, es decir volvernos regresivamente niños. Y, ¿qué hace el niño sino descubrir? En realidad la vida para los ojos de un niño es un permanente descubrimiento, por eso su existencia es pura y continuada sorpresa.

Sorprenderse es una de las emociones más vivas y sensibles que la vida nos ofrece al vivir el ahora. El  hecho de sentirnos poseedores de esa capacidad, al tiempo que valoramos la experiencia, es todo un arte, el arte abordar el proceso de vida con la capacidad del discernir, el discernir que ha conquistado quien mucho ha observado, descubierto y comprendido.

Y, ¿qué suele sucedernos tras vivenciar un descubrimiento? Lo que hacemos tras descubrir, da lugar al segundo paso constitutivo de sentido: Compartir.

Un compartir que no solo es el acto de supervivencia más significativo de la Humanidad, sino también una expresión de amor que cada día realizamos como seres en comunidad. En realidad, el compartir conlleva una gran amplitud y responde a nuestro impulso de crecer, desplegar y expandir, impulso a menudo acompañado de sentimientos que señalan un generoso ofrecer, posibilitar y servir.

El hecho de compartir nuestros descubrimientos conlleva superar los sistemas y actitudes entrópicas. La vida se garantiza a sí misma, tan solo si los miembros de la comunidad comparten sus observaciones, sus procesos, y en definitiva, sus  descubrimientos.

Los expertos afirman que la semilla de bambú tarda tanto como 7 años en asomar a la superficie con su minúsculo primer brote y, paradójicamente, a partir de tal nacimiento, tarda tan solo 7 meses en sobrepasar varios metros altura. Se diría que estos curiosos plazos invitan a reflexionar acerca de este programa que la naturaleza evidencia en el bambú.

A primera vista se diría que el crecimiento del bambú es el exponente del trabajo interno, el exponente de una labor oculta y anónima. Pareciera que su gestión subterránea durante años conlleva un gran trabajo sin resultado externo. Y una vez hecho éste, lo demás sucede fácil.

Tal vez todo descubrimiento conlleve un gran trabajo interior. Mas tarde, el compartir externo fluye, como fluye el agua de un riachuelo. De pronto, observamos como las piezas encajan solas, pereciere que tras el descubrir, nuestro Proyecto en el mundo está ya concebido y creado. En realidad, sentimos que no somos quienes damos forma a ese inagotable manantial del compartir, sino que más bien es él quien nos encuentra y se regula a través de nosotros.

Mientras llega el despertar, descubre y comparte.

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0 Comentarios
  1. lola

    18 julio, 2011

    Com-partir-se, formar parte , es quizás una de las formas de “recordar”…de no olvidar que aquello que no sabemos o no podemos «comprender» , está por descubrir en nosotros, aún está en la sombra, aún hay dificultad.

    Descubrir-se…compartir…es lo que puede aproximarse más a sentir un bálsamo en nuestra “herida primordial de separación”.

    Casualmente ayer escuché que existe en las Amazonas, un pájaro que para hacer su nido, mezcla tres plantas diferentes, éstas juntas consiguen erosionar, ablandar la piedra dura, convirtiéndola en arcilla…por lo que es más sencillo para ellos trabajar con ella.

    Todo está en todo, a poco que observemos, y nos dejemos ESTAR…la Inteligencia de la Vida…ya se comparte ASI MISMA.

  2. Maite

    18 julio, 2011

    En muchisimas ocasiones no se puede compartir con los más allegados a nuestros entornos lo que interiormente se experimenta y se siente.Pienso que cada uno tenemos una evolución diferente. Los caminos se separan, pero ésto no es cierto porque los contrarios deben existir y como si se tratara de una gotita de miel en la vida aparece la compasión comprendiendo el lugar donde me encuentro yo y se encuentra el otro.

    Es cierto que cuando comprendo al otro transciendo a una felicidad y luz mayor.
    No siempre lo que descubro, las observaciones y mi propio proceso lo puedo compartir. Mas reconozco y siento que deben quedar ocultos y anónimos.Entonces vuelve aparecer la compasión y una mayor sabiduria interior dificil de explicar…

    Pienso que solo dentro de mi mismas están todas y cada una de las respuestas.

    Gracias por cada uno de los artículos que me permiten sentir y caminar en el momento presente de mi realidad.

    Abrazos alados a todos…

  3. ¿Sentido? ¿Vida? ¿Tramo?

    20 julio, 2011

    La sabiduría y la verdad acuden al hombre que verdaderamente dice: «Soy ignorante, no sé».
    Los sencillos, los inocentes verán la luz porque son humildes.
    ¿Quiere conocer el sentido de la vida?
    La vida no tiene principio ni fin; es tanto muerte como vida; es la hoja verde y la hoja seca; es el amor y su inconmensurable belleza, el dolor del aislamiento y la dicha de la soledad.
    La vida no puede medirse ni la mente puede descubrirla.

  4. Iris.224

    20 julio, 2011

    Al descubrir,quitarse el velo del Ego, sólo se puede com-part-ir( es decir tomar acción con los otros) cuando no se tiene expectativas de los resultados, cuando no se espera nada a cambio.
    Los niños saben descubrir ,poque no tienen el Ego formado y carecen de necesidades(las básicas son aportadas por los padres).Y la inocencia ,les permite ver que todo es posible.
    En un sistema cerrado y aparentemente caótico, sólo puedes compartir, si sabes bien lo que aportar.Las actitudes entropicas se recolocan en su sitio, por su propio peso.
    Entonces confiar en que el Universo es amistoso, traiga lo que traiga , es un proceso de aceptación(aunque aparente lo más inadmisible).Es cuando aceptas que puedes empezar a compartir ,sabiendo que no exite un resultado final, sino que es un juego de salto de vallas…luego empiezas a disfrutar porque sabes que la vida te pone delante porque «Tú puedes»
    Namasté

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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