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Claves de Amor y Relaciones

El casado maduro y la joven princesa

Por el 7 octubre, 2013

Soy soltera y estoy enamorada de un casado 24 años mayor que yo. Sé que me quiere y aunque está con su mujer e hijos, a ésta no desea. Me dice que se va a separar pero eso nunca llega.

La relación de una persona soltara con otra casada es uno de los procesos más contradictorios y a menudo neuróticos que suele darse en al catálogo de pasiones humanas. El supuesto que se formula en la pregunta sucede más a menudo de lo que parece y tiene connotaciones sutilmente incestuosas. Desde la perspectiva psicológica se trata de un papá que tiene una mamá. Un papá que seduce y a su vez es seducido por una hija que desea apartar a mamá y por fin tener a papá para ella sola. Y aunque esta idea parezca retorcida, tiene más enjundia de lo que aparenta.

El caso es que la vida de una joven así de “enganchada” en una “relación imposible”, aunque nace como una aventura literaria, no tarda en tornarse neurótica. En realidad supone una aventura porque tan solo vive episodios intensos de pasión acalorada. Es un tipo de relación en el que casi nunca es posible viajar en pareja, o bien pasar varias noches en compañía, incluso simplemente compartir un cine sin pretender nada.

¿Por qué sucede tal cosa?

Porque es una relación fundamentalmente de cama. Y si bien esta cualidad sexual tan destacada parece proteger de implicaciones no deseadas, a medida que el tiempo pasa, se convierte en una ansiosa trampa. Y lo que nació como una aventura controlable y cómoda, tiende a crecer insatisfecha y mutilada de vida cotidiana.

El caso es que la joven princesa que al principio no deseaba más que el juego secreto con un Rey y vivir una experiencia de poder y riqueza, no tarda en pillarse de una forma cada vez más dependiente y desesperada. Aquellas citas controladas de tan solo dos o tres horas, se están convirtiendo en el espacio más deseado de la semana. La joven espera y espera, pensando en el día en que él ya no podrá soportar más tiempo a su aburrida esposa. En el fondo piensa que ella es el verdadero amor de este Rey atribulado, es decir, de un hombre enredado por su esposa que no tardará en darse cuenta de que la joven princesa es la que merece ser reina. La joven siente muy cercano el día en que por fin este monarca prisionero de una familia muerta, soltará a una esposa gris y sosa que le acompaña parásita. ¿Quién es capaz sino ella y tan sólo ella, de ponerle tanto y estimular tan fogosamente sus hormonas?

Sin embargo la separación tan cacareada resulta que nunca sucede, ni tan siquiera cuando de sorpresa, la joven le habla de su posible embarazo tal vez pensando que con este gesto, por fin él abandonará a quien tanto le estorba. La noticia no es bien recibida, por lo que en general el proyecto aborta.

Y sucede que van pasando los años y la prometida separación nunca llega. Ayer él dijo que no podía porque su hijo pequeño, mientras crecía le necesitaba cerca. Hace poco resulta que la esposa estaba enferma y de momento no puede hacerle esa faena. Y hoy por hoy afirma que hay un problema económico, y que no es momento de abandonar la casa.

El tiempo pasa y aunque la joven ha probado a salir con otros hombres, ninguno de los jóvenes le ha dado los colorines y desafíos que disfruta con su secreto amante y su larga biografía erótica. Poco a poco, el aislamiento social llega a su vida junto a una naciente obsesión que gira en torno a una neurótica espera. La joven trata de romper con el Rey y recuperar su vida, pero siente que está tan atada al chute e inminente promesa que nada ni nadie que no sea él, podría llenar el vacío de su alma.

¿Qué hacer en estos casos?

Hay drogas peores que la heroína aunque parezcan justificadas por la oportunidad de aprender al lado de un Rey que duerme con Reina. Se trata de cosas que jamás habría conocido una princesa corriendo divertida con los jóvenes chicos de su guardia.

En realidad esta situación de dependencia ni tiene fácil salida, ni conforme avanza sucede que en ningún aspecto compensa. El Rey se da cuenta que no puede literalmente soltar la pasión por la joven, ya convertida en adicción obsesa. Y por su parte la princesa no puede escapar de un esquema que sobrevive pendiente de la promesa pendiente para realizarse de forma completa.

Si esta joven amante que sufre con su expectativa frustrada desea vivir una nueva vida consciente y libre, tendrá que indagar en sí misma lo que subyace tras una relación con el padre no suficientemente resuelta. Esta indagación y un comprometido programa de crecimiento que le permita discernir y auto descubrirse, formará parte del proceso de maduración que su emocionalidad precisa y de un consiguiente salto de conciencia.

La libertad es otra forma de decir que no hay nada que perder.

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0 Comentarios
  1. Gaia

    7 octubre, 2013

    «Casualmente» he leído esto que está ad doc con lo que actualmente está pasando con mi vida. Sé que no tengo futuro con X y tampoco lo espero. Me falta la voluntad completa para decir gracias y seguir con mi camino. A veces me siento frustrada (por no decir siempre), a veces veo la oportunidad de conocimiento que esta situación me ha de dar (sigo en introspección), otras «me decido» a decir basta y sigo con el fluir de mi vida. No me agrada la incoherencia de mi actuar. Mi familia sufrió de la separación por una tercera persona y ahora yo estoy en una situación que ni por error pude haber pensado que ocurriría. Son tantas las emociones, los sentimientos, a veces, la inevitable culpa. ¿Qué falta para dar el paso? No quiero tomar medidas precipitadas una vez que halla tocado fondo, o cuando la situación se torne en un antes y un después de, o con la llegada de un nuevo ser. ¿Qué hacer ante tanta confusión?

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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