El futuro de la pareja y la familia
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El futuro de la pareja y la familia

Por el 26 septiembre, 2011
Hace unos días manteniendo una conversación con un amigo, me contaba que había encontrado la solución para equilibrar sus conflictos de pareja. ¿Cuál?, pregunté. Pues muy sencillo: “Un sábado sí y otro no, me tomo un espacio y voy a hacer motocross con mis amigos, y tras cuatro horas de deporte y buen rollete, vuelvo como nuevo a casa. Lo único malo, prosiguió, es que Lucía, con eso de que “voy por mi cuenta”, se mosquea muchísimo. Mosqueo que comienza el viernes y no se le pasa hasta la comida del domingo”.

A todo esto y para tener un cuadro de visión más amplio, convendrá saber que dada la  desahogada posición económica de la pareja, Lucía no trabaja, habiendo optado por dedicarse enteramente a la casa y a “cuidar” de su atareado marido.

Tras indagar más profundamente en el modelo de relación que refleja esa pareja, observé como se hacía manifiesto el nivel de codependencia que la fundamentaba, y dada la destacada posición intelectual del marido, uno se recuerda que tales aptitudes, no llevan necesariamente aparejadas madurez emocional.

Así pues y tras una interesante charla que empezaba a calentarse, nos preguntábamos.

¿Por qué en muchas parejas resulta tan caro el peaje de cada inocente “escapada”?, ¿podría abaratarse simplemente con un enfoque bien orquestado de desarrollo personal?

De alguna forma, pensábamos que lo que se precisa en este desarrollo no es solo leer libros acerca del funcionamiento de nuestra mente, sino embarcarse en un proceso terapéutico y vivenciar con consciencia un real crecimiento interno. Y conforme fuimos viendo la necesidad de esa honda maduración que tantas personas tenemos, pronto llegamos a preguntarnos, ¿cuándo será la propia Universidad la que aborde este tema y nos facilite el camino para optimizarnos emocionalmente?, porque en realidad, ¿dónde puede uno aprender esta asignatura de la vida, en la que deshacer identificaciones, aceptar sombras, resolver duelos, descubrir proyecciones, disolver culpas, suspender juicios, cicatrizar heridas emocionales que todavía a veces sangran…?

En este sentido mi interlocutor y yo llegamos a la conclusión de que hay ya muchos profesionales de la terapia psicológica de tipo integral o transpersonal, por lo que no sólo convendría aplicar el principio de: “el que busca, encuentra”, sino también tratar de no olvidar que detrás de toda búsqueda de crecimiento, se encuentra el misterioso factor “inteligencia de vida”, factor que pone en nuestro camino todo aquello que necesita nuestro particular programa para comprender y sanar.

Decíamos que la vida a todos enfrenta con la luz y la sombra, es parte del juego. Sin embargo, duele e indigna más cuando esta parte oscura se manifiesta en el seno de algo tan bello y grandioso como la relación de pareja. Pareciere que cuando llega la tormenta a este espacio tan sublimado del amor que al cielo nos lleva, todo se derrumba, no quedando otra que adaptarse al juego y tratar de aceptar, comprender y esperar a que salga el Sol.

El divorcio

Continuando nuestra conversación, salió el dato del elevado número de divorcios, un dato que para muchas personas parece preocupante, pero indagando más a fondo, llegamos a la conclusión de que en este campo existe un cambio de paradigma. Es decir que mientras que el anterior patrón social se afirmaba: “una pareja de por vida”, el nuevo concibe: “varias”. Sin embargo, reconocimos lo tremendo que es vivenciar una separación tóxica, y la profunda compasión que suscitan tantas parejas que en esta circunstancia de repartos y propiedades, entran en el dolor y la rabia. Se trata de parejas que a la hora de repartir obligaciones y cargas, se ven enfrentadas a una inusitada inundación de odio, aspecto que los bloquea y entristece profundamente, ya que son compañeros de camino que han superado obstáculos durante un gran trecho anterior de vida.

Nos preguntábamos lógicamente cuál es la causa oculta de tan dolorosos procesos de separación, aspecto que nos llevó a indagar qué es lo que realmente ha protegido el respeto y el amor del vínculo de pareja en culturas precedentes, sociedades en las que la dependencia, sobre todo económica en la mujer, era incluso todavía más manifiesta que en el revuelto presente. El tema cada vez más interesante, nos llevó a varias reflexiones.

Tierra y Cielo

Primero, que la relación entre los seres humanos permanece a los obstáculos y ciclos de vida, cuando coexisten intereses de orden “mayor”, intereses que sostendrán el vínculo y por tanto mantendrán su solidez y continuidad. Este interés mayor, o bien puede ser material, algo constatado en las épocas de crisis económica por el consiguiente descenso del número de divorcios, o bien de índole espiritual, mediante el reconocimiento compartido de una suprarealidad que fundamenta y sostiene a quienes viven en coherencia con ella.

Tanto mi amigo como yo, vimos evidente que sin el concurso de uno de estos dos elementos, es decir un “interés Tierra” y un “interés Cielo”, en muchos casos la familia terminaría por caerse y carecer de sentido. ¿A qué se debía entonces la tendencia al aumento de rupturas de los últimos 100 años? Una pregunta que nos hizo ver algo importante que pesa en las rupturas.

La escalera

El detalle señala que como sociedad hemos venido ascendiendo en los últimos 100 años un escalón evolutivo. En realidad veníamos evolucionando del nivel mítico o religioso, un nivel que se extendió en el seno de la cultura agrícola, y que más tarde al desarrollarnos como países industrializados y acceder a las fábricas, alcanzamos el nivel racional o tecnológico. Y aunque la consecuencia de este cambio de nivel haya liberado a la mente humana de muchas supersticiones, trajo también la pérdida de la fe religiosa, credos y contextos ceremoniales que entre otras cosas, tan sólidamente sustentaban a la sociedad y a la familia.

Pronto llegamos a la conclusión de que la pareja en este nuevo nivel “racional”, se vio enfrentada a un reto de maduración de carácter laico, proceso que aunque se cultivase de forma ajena a lo religioso, no por ello podía ir desprovista del carácter sagrado del vínculo y la espiritualidad transreligiosa de la consciencia.

Nuestra conversación fluía recordando los momentos en los que como sociedad nos hemos visto en la necesidad de un camino que trascendiese la pura razón, reconociendo finalmente que el proceso de autoconsciencia y maduración, primero tiene que hacerlo cada individuo consigo mismo, antes de poder acometer la gran responsabilidad de la familia. Recordamos entonces los ritos de paso que se realizaban en etapas pretéritas, ritos en el que a menudo el futuro iniciado atravesaba una etapa de soledad e interiorización, pasando por las pruebas consiguientes que daban acceso a un nivel de profundidad por el que devenir atentos y presentes. Tras superar tales procesos, el iniciado ya podía elegir esposa o marido, y formar familia.

La conversación nos acabó llevando a lo que les sucede a muchos hombres y mujeres que han superado la época de la crianza, observábamos como de pronto enfrentan un vacío de sentido y la desmotivación consiguiente por seguir con el mismo esquema anterior, un esquema que comienza a cuestionarse ya que impera una íntima necesidad de reinventar la vida.

De India a Inglaterra

En este contexto traje a colación que en los últimos meses de vida, había conocido dos curiosos modelos de “familia”, a cada cual más peculiar, dos modelos que representaban niveles de evolución distintos. El primero se trataba de Binay, un guía indio que en una gran casona cerca del Taj Mah Hal, convive en pareja estable y armoniosa con sus hijos, así como junto a medio centenar de familiares directos, abuelos, tíos hermanos, yernos, nueras, primos, sobrinos, nietos… Añadí que a poco que uno perciba lo que allí sucede, se pregunta, ¿cómo puede existir este grado de orden y cooperación entre tantos miembros como el que se respira en esta comunidad familiar?

Vimos que una vez más, la leyes del Cielo y la Tierra seguían funcionando, ya que como constaté, esta comunidad familiar indú, se apoyaba en la Tierra mediante el tejido económico de un complejo clan que abordaba toda clase de trabajos y servicios por insospechados que pareciesen. Y por otra parte, se servía del Cielo, al tratarse de una familia que en todos los atardeceres de su vida, abría un espacio colectivo para hacer presente lo sagrado, procediendo a rezar juntos, y a cantar fervorosamente a sus dioses, ritualizando sus credos con respetuosas ceremonias. En estos sagrados momentos, cada miembro de la comunidad se reconocía desde otra identidad, una identidad trascendente que les proporcionaba sentido al pragmático “salir adelante entre todos”.

Pues bien, al poco de mi regreso de India, comenté que había vuelto de nuevo a realizar una semana de ayuno y purificación en la ciudad inglesa de Glastonbury, proceso que realicé bajo la batuta naturista de Mikael O´Connell, un personaje que traía a colación porque además de cuidar eficazmente de sus pacientes, amaba y cuidaba a sus siete esposas y respectivos diez hijos. Se trataba esta de una tribu en la que cada unidad familiar convivía en casas particulares cercanas entre sí.

En esta ocasión, añadí que el secreto de esta comunidad consistía en el propósito superior de vida que los unía, y al mismo tiempo un interés común de trabajar y sostenerse alrededor de tal propósito. El caso es que la tribu urbana conformada por Mikael y las siete pequeñas familas, llevaban atravesado obstáculos y funcionando con este modelo, un número de años suficiente como para haber “superado la prueba” y haber validado su particular proyecto.

Conclusiones

Pues bien, estas y otras innumerables experiencias, por mi parte compartidas en comunicación profunda con cientos de parejas que me han venido solicitando consulta, nos inspiraron varias perspectivas:

Primera. Que el amor es una corriente de energía profunda que se manifiesta en alegría y cooperación, corriente que brota desde dentro de uno mismo y que más tiene que ver con la identidad esencial que con las exaltaciones circunstanciales que solemos atribuir a un ser amado que las desencadena. Y si bien la belleza que vemos en tal ser es parte importante del puente al infinito que intuimos posible bajo el manto de su comunión, no deja de ser un fenómeno proyectivo que merece la pena tener en cuenta. En realidad, la belleza está en el ojo del que la percibe.

Segunda. Que la mayor parte de las intensas atracciones, no sólo tienen que ver con el regalo mágico de la vida que forja destino a través de amorosos abrazos y honda comunicación, sino que también conviene considerar el abanico de carencias egoicas que tienden a “proyectarse” en el otro, carencias que se proyectan en cualidades que, de alguna forma, durante el proceso de relación, se disponen a ser desarrolladas en la propia persona.

Tercera: Que conforme se avanza en la relación de pareja, salen al exterior las sombras más recónditas de cada cual, sombras que conforme se van identificando y aceptando como tales, logran la unificación psicológica del propio individuo, un individuo madurado gracias al proceso, a veces tormentoso, de descubrir que el problema está en uno mismo y que el área de trabajo sobre el que resolver las grandes presiones de la convivencia, está en la autoconsciencia del propio programa.

Cuarta: Que aunque todo conflicto esté dentro y sea responsabilidad de uno mismo, hay determinados cambios de vida y opciones de camino que más allá de juicios y evaluaciones, conviene valorar y respetar. El ser humano tiene no solo la posibilidad, sino en muchos casos la responsabilidad de proceder a salir de su anterior situación de atasco, y buscar los entornos, las personas y los niveles de conciencia afines con los que generar sinergia y crecimiento. Y desde este inteligente encuentro realizar el trabajo vital que a cada cual le toca hacer con el equipaje recibido en la vida y las posibilidades creativas de adaptación que posea.

Quinta: Que la pareja es un proceso como la vida misma, y que efectivamente pueden caber una, varias o muchas, en ciclos sucesivos o en simultaneidad, dependerá de culturas y programas sociales. Es por ello que términos como “éxito” o “fracaso” en la pareja, no hacen otra cosa que intoxicar lo que nada ni nadie puede juzgar porque es el koan de cada cual.

Sexta: Que cada vez es más frecuente encontrar personas de cierta madurez espiritual que desean vivir en lo que puede denominarse como “soledad acompañada”. Es decir, una soledad como forma de vida individual que no renuncia a vínculos profundos de amistad e intimidad con cierta persona o personas, pero tampoco renuncia a una comunidad de crecimiento en donde crecer en afinidad y riqueza de relaciones tan diversas como sinérgicas.

Séptima: Que de la familia de “sangre” se puede evolucionar a la familia de “afines”, afines elegidos en la propia comunidad con el concurso mágico de los encuentros con sabor a destino. Una comunidad que puede posibilitar la íntima expansión de identidad hacia la gran “familia humana”. Un proceso de conciencia planetaria y apertura del corazón mediante el cual el Universo late dentro de esa alma contemplativa que respira en la bondad, verdad y belleza inherentes al vivir en la verdadera libertad.

El amor

Finalmente convinimos que tal vez existe un solo y gran Amor, el amor que se siente nacer desde dentro, un amor transpersonal que en realidad “somos” en esencia, y que nadie nos puede ni dar ni quitar, un amor trascendente y sencillo que al sentir comunión y Unidad en el todo, a “nadie” y al todo precisa para recrearse. Un amor como energía conciencia que se proyecta en infinidad de sucedáneos y niveles consiguientes de progresiva densidad y dualidad. Toda una escala de “amores” que partiendo de la básica y pura atracción celular, llega hasta la cima de la ternura, un sentimiento éste que “vacío de deseo”, roza el verdadero amor o pura conciencia.

Los seres humanos buscando el amor nos enredamos. Y tal vez, tras cada enredo salimos optimizados y más maduros para seguir buscando lo que aún sabiendo que está dentro, parece precisa una y otra vez de nuestra proyección en el afuera.

Y aún sabiendo que la fuente del amor está en el propio corazón, celebremos el encuentro mágico con el otro, y demos gracias porque algo nos trasciende. Agradezcamos que algo diseñó para nosotros, abrazos infinitos de pasión y ternura, caricias y miradas que como bálsamo sanador, curan nuestras heridas, y una vez más, el milagro se hace.

Ya es tiempo de invocar al alma despierta, abrir el pecho y expresar la grandeza de sentimientos, sensaciones e ideas con las que los seres humanos realizamos nuestro potencial creador. Hombres y mujeres que mediante el ágape de los sentidos, celebramos la vida, al tiempo que honramos la Inteligencia que la fundamenta.

Entretanto y conforme pasen los siglos ¿habrá regalo más grande que el sentir amor?

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0 Comentarios
  1. lola

    26 septiembre, 2011

    —-¿habrá regalo más grande que el sentir amor?
    El AMOR, es sinónimo de CONCIENCIA, …..
    ¿puede existir una sin la otra?
    Como humanidad estamos sumergidos en el inconsciente colectivo y necesitamos “Ser”..para comenzar el verdadero despertar, no sólo desde el entendimiento, sino desde “ese conocimiento orgánico, ese conocimiento que al igual que en el cuerpo nada de lo que le pase está separado, sino que se siente integrado en cada célula”.
    Esta es una anécdota con un trasfondo interesante:

    …..El Fuego que, como me lo dejaba ver en cierta ocasión un chamán que vive en uno de los valles aledaños a Quito, «tiene el poder de reunir una familia, porque tú enciendes un fuego , y enseguida el fuego convoca a tus amigos».
    Acampábamos en aquella ocasión en un cerro cercano a una de las ciudades del sur del Ecuador más de cien hombres y mujeres venidos de todo el continente para volver a recordar uno de los rituales más bellos y conmovedores..
    Había un fuego encendido en el círculo de ceremonias del campamento y a alguien se le ocurrió difundir el rumor de que no era conveniente prender ningún otro fuego adicional. Pero por la noche, un par de traviesos niños, ignorantes de las formalidades rituales, encendieron un fuego para calentarse a un costado del campamento.
    Una hora más tarde, había alrededor de ese fuego infantil más de dos docenas de hombres y mujeres, muchos de ellos entablando amistad por primera vez, calentándose un café en la hoguera, compartiendo sus historias y sus bromas. Mientras esta «familia» se había reunido espontánea y mágicamente alrededor de este fuego de los niños, en el fuego central del círculo ceremonial, un hombre solitario nos observaba desde lo lejos: era el hombre que quería un solo fuego en el campamento.

  2. Miren

    28 septiembre, 2011

    Buen día:
    La brillante psicoterapeuta Paule Salomón sostiene que bastantes milenios antes de la era cristiana (era astrológica de piscis), la «raza hombre» se vio expuesta a una tendencia tan engullidora como arrasadora por parte de la «diosa madre» y todo su torrencial energético proviniente de su útero, núcleo de la vida.
    Según Salomon, la era cristiana (y demás culturas androcentristas) surgirían del profundo deseo de emancipación y venganza de la «raza hombre» sobre la «raza mujer».
    Así, en la actualidad, ambas razas se estarían viendo arrastradas a un proceso de transformación colectiva que permita la sanación de las relaciones entre hombres y mujeres, situación que explica de manera muy concisa la licenciada en Estudios Interculturales, Pamela Field.
    A su vez, Field, sostiene que existen numerosas profecías indígenas que alientan a las mujeres a recuperar y vivir aspectos de su poder femenino, para poder sanar y, a su vez, poder ayudar a sanar a los hombres.
    Field asegura que, aunque en un principio este planteamiento puede generar malestar en «la mujer herida», conforme ésta vaya sanando podrá ver al hombre con otros ojos y compreder, entonces, que el hombre es meramente el resultado del desequilibrio de un mundo en el que falta la representación de la energía femenina, en su estado puro y equilibrado.
    Un abrazo muy fuerte

  3. Teresa

    28 septiembre, 2011

    Sentir Amor…
    El amor se encuentra en cada uno de nosotros, en nuestro interior particular y exclusivo.
    Si somos capaces de amarnos con mayúsculas, seremos capaces de amar a nuestro alrededor, llenar nuestra vida y de nuestros amigos de magia, porque ya la nuestra se encuentra casi plena, tenemos tanto amor dentro que necesitamos dar para asi intentar conseguir que alguien despierte su propio amor.
    Hay demasiada exlusividad, individualismo, cerramiento… el mundo no evoluciona, nos hemos quedado estancados.
    No hay suficiente luz en cada alma que habita la tierra, hay que seguir caminando.

  4. Amor Integral

    30 septiembre, 2011

    Omitir las diferencias no ayuda a la integración. Sólamente desde la constatación y la aceptación de lo que nos diferencia podemos, posteriormente, integrar ambas polaridades y conectar, de manera directa y verdadera, con la Unidad que todos somos. La diferencia es el camino hacia la unidad.
    Gracias

  5. paco

    30 septiembre, 2011

    Acompaño tu sentir Jose María.
    Sereno y brillante como de costumbre.
    Abrazo

  6. Nacho

    25 octubre, 2011

    Cuidado con el tema de la familia. Comparto gran parte del artículo y honro la amplia perspectiva. Pero el sabio enfoque sistémico de las Constelaciones Familiares de Hellinger, nos recuerda y demuestra experiencialmente, una y otra vez, que nos guste o no, tenemos una familia de origen que debe ser honrada, integrada y aceptada de verdad, y que mientras eso no suceda, nos afectará y condicionará el resto de nuestra vida. Esa familia nunca puede ser sustituida por amigos, etc. Lo que no impide que uno pueda vivir dónde y con quien quiera. Ni que uno pertenezca a una Comunidad y este vinculado universalmente a todo a través del Amor incondicional que todo lo une. Namaste

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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