El tarot iluminado
Mágico vivir

El tarot iluminado

Por el 11 junio, 2012
Ignoro qué fuerzas participan en los momentos con sabor a destino. En mi caso, atribuyo al Misterio o a esa fuerza inteligente más allá de la pura casualidad, por la que encontrándome tras casi dos años de viaje en México decidiese de pronto y sin razón alguna, dar por finalizada mi estancia allí. Y sin pensármelo dos veces, a los tres días embarqué mi todo terreno en un barco mercante y partiría de vuelta a España.

Un proyecto en el corazón

Pues bien, a la semana de partir un terrible terremoto asoló el Distrito Federal, lugar en el que yo había vivido una larga temporada, llevando tras de sí una importante cifra de muertos. Cuando pisé de nuevo Tenerife, sentí que en mi agenda lumínica figuraba un proyecto creativo basado en un antiguo pacto con un pintor y un músico: un pacto por el que crearía un nuevo Tarot, es decir, una herramienta de activación de la intuición que nacería impregnada de ese plus acuariano que sentía dentro y que me impulsaba a renovar lo que sentía obsoleto.

La vida se las arregló para que en aquella primera etapa creativa me encontrase con una guerrera de luz de nombre Mina. Esa bella guerrera a sus 22 años fluía libre por el mundo ampliando su visión mediante experiencias y practicando esgrima. Mina además, era toda una investigadora del Tarot ya que se había adentrado en las escuelas más profundas y había extraído del mismo una perspectiva tan arquetípica como esencial. Y encontrándome en la primera fase de estudio y vivencia con cada lámina, reconocí muy valioso el particular enfoque de Mina. Ella comprendía el Tarot desde su hondo simbolismo, soslayando el contenido adivinatorio que tanto solía despistar de su verdadera comprensión.

Eran finales de los 80 y en España había todavía muy poca información que no fuese o un rancio esoterismo europeo o libros de la religión cristiana. En realidad, el Tarot aparecía ante los ojos de los más progres envuelto en misterio y tan solo capaz de ser leído o interpretado supuestamente por aquellos iniciados que estuviesen dotados de capacidades extrasensoriales. El Tarot se desenvolvía en un contexto que se llamaba vulgarmente “videncia”, una supuesta facultad intuitiva que trataba de orientar la vida a sus consultores.

Los 22 arcanos mayores del Tarot fueron el eje de mi proyecto. Por ello, antes de crear un nuevo Tarot, elegí abordar el estudio general del mismo haciendo de cada arcano, una absoluta vivencia. Decidí pues, dedicar siete días full time a cada una las 22 cartas de forma que todo lo que me sucediera espontáneamente durante los mismos, fuese mirado con el enfoque de cada arcano, y así sentir la correspondiente inspiración de cada arquetipo.

El punto de partida

Así comenzaría un laberinto de vivencias y comprensiones activadas por la riqueza creativa de los 22 arcanos mayores que, como eslabones escalonados inundarían mi vida de insospechadas vivencias y germinaría en mi persona la luminosa semilla de su más hondo significado: 0 El Loco, 1 El Mago, 2 La Sacerdotisa, 3 La Emperatriz, 4 El Emperador, 5 El Sumo Sacerdote, 6 Los Amantes, 7 El Triunfo, 8 La Fuerza, 9 El Ermitaño, 10 La Rueda, 11 El Iluminado, 12 El Equilibrio, 13 La Muerte, 14 La Templanza, 15 El Diablo, 16 La Estrella, 17 La Torre, 18 La Luna, 19 El Sol, 20 El Juicio y 21 El Mundo.

Había tantas cosas impresionantes que vivir desde la perspectiva específica de cada carta, que de pronto y de forma mágica, mi vida fluía y parecía ajustarse insospechadamente al significado profundo de la misma. ¡Era sorprendente! Todo lo que sucedía estaba relacionado con la convocatoria de esa energía-atención que se había activado en nuestra percepción.

Personajes, encuentros, noticias… todo eran sincronías… Cada carta y sus siete días de enfoque atencional, era una obsesión que nos conducía a investigar cada específico arcano como una lección de vida. En realidad trabajábamos con cada uno de ellos desde dos lados: desde la mente racional, sobre todo en los primeros días de cada carta para estudiar sus fuentes y significados, y desde el otro hemisferio cerebral, el derecho, procediendo a dibujar y colorear su imagen en estado meditativo. Cada carta era investigada en su no casual diseño en más de una docena de Tarots reconocidos. No nos despegábamos ni un momento de la lámina llevándola encima toda la jornada. Y por la noche, tras visualizarla y meditar en ella, la dejábamos junto a la cama inspirando nuestro sueño y sintonizando nuestro inconsciente con los significados profundos que su rica simbología expresaba.

¿Qué está sucediendo ahora?

Era el mantra que utilizábamos infinidad de veces durante la jornada. De esa forma deteníamos en seco nuestro posible automatismo y activábamos el estado de atención en base a lo que cada arcano demandaba.

Parecía que el Universo entero se teñía de un color y un despliegue de matices diferenciados en cada uno de los 22 arcanos. Sucedía que todas las casualidades que nos acontecían llevaban el sello inequívoco del consiguiente mensaje que traía el arcano. Estábamos en realidad, fluyendo por el Gran Libro de la Vida y nos dábamos cuenta de que habíamos activado una gigantesca máquina de percibir, imaginar y comprender.

En realidad el término “Tarot” significa en idioma egipcio “Camino Real”. Mina y yo no dejábamos de hablar horas y horas sobre el tema, con lo que refinábamos cada día más aquella bola de nieve que crecía imparable.

Reconozco que aún siendo tan joven, Mina era una de las personas más inteligentes que había conocido y una de las que más aprendí. En realidad, las afinidades nos permitieron ampliar y profundizar en el trecho de vida que nos tocó recorrer juntos.

Cuando acabó aquella primera etapa en el proceso de creación del nuevo Tarot durante la que habíamos abordado integralmente cada carta, había integrado el camino intelectual con el vivencial y en mi mochila había un enorme bagage de experiencias con sabor transpersonal. Podía ya hablar del Tarot desde mi propio ser pues había “vivido” el Tarot dentro de mí y estaba en condiciones de abordar la segunda etapa del gran proyecto. Visualizaba el Tarot como el Gran libro de la vida. Para mí lo descubierto y comprendido nada tenía que ver con aquel despiste tan generalizado que suponía utilizar aquellas cartas como mancia adivinatoria, de salud, dinero y amor con que observaba se las solían reducir. Sentía que tras esas ancestrales láminas, subyacía otra visión y otro mensaje que podía contribuir al crecimiento y la expansión de consciencia.

Las imágenes

Fue entonces, a los tres días de acabar la última carta, cuando recibí una llamada telefónica.

“No puede ser… sincronía total…”

Ya no me sorprendía nada… Era Rafael Trelles, mi amigo el pintor portorriqueño con quien había acordado realizar el proyecto. Un amigo con el que había vivido varias vivencias en México y California y al que no veía hace años. Rafael tras cruzar el charco, se encontraba en Madrid mochila en mano. Había venido sin avisar, sin tiempo y sin billete de vuelta.

“Tenemos un proyecto mano, ¿recuerdas?, ¿Qué hago”?, preguntó:

“Venirte ya para acá. Acabo de culminar una parte fundamental del mismo y ya tengo la semilla dentro como para crear contigo el nuevo Tarot. Tenemos  las claves para que expreses en imágenes lo que arde en salir”.

Su alegría fue grande, había salido de Puerto Rico confiando en algo acordado antes del terremoto y mi salida de México. En realidad aquel compromiso creativo que luego hicimos extensivo a Michel, un músico de Jazz y Marimar su compañera, constituía el proyecto luminoso con el que había cruzado el mar muy dentro del corazón.

Se presentó a los tres días en Canarias y en menos de una semana conseguímos una casa absolutamente increíble para recluirnos y trabajar. El destino había movido sus teclas propiciando que un antiguo convento, reconvertido en la casa de un conocido, se abriese a nosotros.

Aquel convento del siglo XVII, estaba lleno de esculturas igualmente extraordinarias. Era todo un templo restaurado con gran sensibilidad y respeto. Sus jardines eran igualmente alucinantes y desde el barranco que los rodeaba, se veía el mar. Tenía paredes de piedra de casi un metro de anchas y sus techos y suelos lo formaban imponentes maderas y vigas. Sus estancias eran muy amplias y podría decirse que todo el lugar estaba cargado de magia y silencio. La vida nos acababa de hacer otro regalo, que facilitaba la cadena de pequeños sucesos por el que fluía el Proyecto.

“Puedes quedarte el tiempo que quieras para completar ese proyecto”, me dijo su propietario con una generosidad tal,  que reforzó la fe necesaria para recorrer el laberinto de obstáculos que todo camino conlleva en su recorrido.

Pues bien, allí la segunda etapa comenzaba, con lo que nos pusimos de inmediato a trabajar. Nos dimos otros siete días por carta para sentir, vivenciar y materializar la imagen y la poesía que acompañaría a la misma. Rafael comenzaba el trabajo de cada lámina afinando la escucha a mis palabras sobre el significado de cada carta para luego, pintar un cuadro a la vez que yo escribía su desarrollo técnico y poético.

La energía que se estaba generando era tan intensa que al cabo de las tres primeras, se presentaron en Tenerife tres visitantes amigos de Rafael que también cruzaron el charco, un pintor newyorquino Zeno, una bailarina mexicana Janine y un pintor mexicano Oscar. Éste último al llegar se afeitó la cabeza y aportó su energía a este grupo de mística creativa.

Mina entonces se fue y siguió su camino. Ambos entendimos que nos habíamos cruzado para lo vivido y en muchas ocasiones mirando a las estrellas, agradecí y reconocí su gran aportación al proyecto.

En aquella singular mansión comenzamos a vivir cada carta semana a semana. Hablábamos todos los días de lo que cada uno de nosotros había percibido y comprendido de cada arcano que abordábamos y, asimismo a diario meditábamos sobre el mismo. En realidad, vivíamos y trabajábamos en un ambiente híper creativo, un ambiente que hizo brotar del corazón y de la mente de aquel genial pintor, las imágenes que darían lugar al futuro “Tarot del Universo”, que fue así como posteriormente lo bauticé en su salida al mundo.

Aquella comunidad de artistas que seguían el impulso de crear lo que descubríamos en el corazón, avanzó imparable y entusiasta semana a semana. Muchas noches nos reuníamos en el fuego con una botella de vino local y abríamos el alma para intercambiar, descubrir y comprender. El resultado de aquellas dialécticas llenas de amor y creatividad, nos iban conduciendo no sólo a un inolvidable proceso personal de expansión, sino a unas láminas y a un libro que revolucionaría a miles de mesas de lectores de tarot que a partir de entonces,  trabajarían con una nueva energía de conocimiento, transparencia e integración. Una energía que dejaría atrás el oscurantismo y la manipulación dualista de una época precedente.

A veces salíamos de aquel imponente recinto de piedra que albergaba nuestro silencio creador y nos dirigíamos al Teide, nuestra montaña sagrada. Allí meditábamos en su cumbre sintiéndonos más cerca del cielo.

La música

Y sucedió que ya prácticamente finalizando la última lámina de las 22 semanas, volvió a acontecer lo inesperado. La tercera etapa llamaba con increíble puntualidad de la mano del músico Michael Philp.

Cuando oí su voz al teléfono desde Madrid, vinieron a mi mente las imágenes de nuestro anterior encuentro en México. Aquella noche Gradissa, la bella astróloga y bailarina con la que convivía, invitó a casa a Michael, músico de Jazz. Tuvimos muy buena comunicación desde el principio y entre otras cosas le hice partícipe del proyecto de realizar un nuevo Tarot que rompiese la carga esotérica anterior, y que no sólo iba a ser poetizado y pintado, sino que se me ocurría que también podría musicalizado. Michel se entusiasmó y de pronto sellamos un pacto de voluntad creativa. Sucedía con la llamada de Michel lo mismo que con la llegada de Rafael. Y es que desde que había abandonado México, no nos habíamos cruzado palabra y sin embargo, acudía puntual a la cita como si hubiésemos estado en comunicación permanente.

Michel estaba en España con Marimar y su hijo Demian. Los tres llegarían a Tenerife en una semana. Aquel convento abriría otra de las estancias vacías para recibir a los viajeros y apoyar el proyecto creativo.

¿Cabía mayor sincronía?

A las tres semanas de llegar Michel, los pintores y la sacerdotisa mexicana seguían su camino. Rafael y yo nos dábamos un abrazo de despedida con la sensación de “misión cumplida”. Allí en un ritual solemne y respetuoso, éste entrego el “testigo” al músico y a los otros tres de la banda que también se unieron a Michael en aquella aventura tan fecunda.

Observé que esta tercera etapa correspondiente a la música, no estaba formada precisamente por un equipo de silenciosos contemplativos como con los pintores. En realidad constataba que había abierto la puerta a un tropel de sensibles vividores con sus mujeres, hijos, amigos… Y las cosas no eran así, y sentía que se me  podían ir de las manos.

Conforme vi la que se avecinaba, respiré a fondo y pensé que sería capaz de orientar aquella energía dispersa hacia la disciplina clave de la creación que nos ocupaba. Asumí internamente que trataría por todos los medios de no ceder al despiste y a la energía de acomodo y no esfuerzo que se comenzaba a percibir. Algo muy dentro de mí, sentía nostalgia por los tiempos pasados con los pintores, tiempos de disciplina, sobriedad y silencio.

Pues bien, comenzamos conviviendo nueve personas dispuestas a vibrar semana tras semana en el proceso del Tarot. La estructura investigativa para sembrar la creación estaba controlada. La poesía ya estaba creada, los cuadros ya estaban pintados, solo faltaba la música.

Al poco, el gasto se hizo incontrolable y el dinero comenzó a escasear. Yo como director y responsable del proyecto había liquidado casi todo de lo que disponía para financiar el proyecto que, por otra parte, ocupaba todo mi horizonte. Al poco decidí montar una subasta con todos los cuadros del pintor que ya habíamos debidamente fotografiado para que pudiesen ser finalmente editados y publicados en el nuevo Tarot que se avecinaba.

Aquella subasta tuvo un notable y clamoroso éxito. Dimos una fiesta en un lugar muy peculiar y se pujó por cada cuadro, vendiéndose a precios muy interesantes, lo que nos daba gasolina para seguir rodando a toda velocidad y comenzar a poner música a cada carta.

Por mi parte me quedé con uno de ellos, adquirí La Estrella, el arcano 17. Algunos amigos cercanos se quedaron también con algunas pinturas que todavía aprecian y valoran.

En esta tercera etapa y habiendo ya vivido las dos anteriores, sentía que sabía cómo conducir el proceso y cómo pronunciar las palabras adecuadas para lograr desencadenar la creación específica. Conocía los riesgos de cada carta, las partes oscuras y claras de las mismas. Cada vivencia iba engrandeciendo una espiral cada vez más amplia. Teníamos otras 22 semanas de aventura por delante, pero en este caso, dadas las características del nuevo equipo, las cosas para mí eran mucho más complicadas.

El proceso se alargó y así estuvimos un largo año conviviendo en la creación musical de cada arcano. Teclados, sintetizadores, baterías, guitarras, trompetas… en aquella casa vivíamos dos holandeses, una bailarina española, tres peruanos, una argentina… De cuando en cuando nos desplazábamos en tropel para dar conciertos en Madrid. Hacíamos jazz en diferentes lugares públicos. Pero la música de fondo que nos aglutinaba a nuestro regreso a Tenerife, seguía siendo el proyecto del Tarot.

La espiral

Finalmente acabó el proceso, pero aquel asombroso proyecto seguía queriendo generar otra espiral. Sentíamos que quedaba por alcanzar el último escalón, un reto consistente en coreografiar aquel increíble camino y constituir una especie de circo en caravana en el que centrifugar la gran aventura del conocimiento. Lo haríamos con payasos, bailarines, acróbatas, músicos, imágenes, palabras…

La idea de todos los que componíamos aquella comunidad brotaba imparable y consistía en subir desde la Tierra del Fuego a lo largo de la carretera andina hasta llegar a California al estilo de una serpiente emplumada que se disponía a ascender en una Kundalini gigante. En aquella caravana cantaríamos, tocaríamos y representaríamos el nuevo Tarot del Universo bajo una enorme carpa que emitiese conocimiento y expandiese consciencia.

La decadencia

Pero las circunstancias de la vida deterioraron esta fase que comenzaba a calentar motores con lo que se paralizó aquella iniciativa. Así pues y con los últimos recursos económicos que disponía después de aquel intenso trabajo que había demandado toda mi entrega durante dos años, viajé a Barcelona en donde edité el Tarot del Universo en inglés y en español. Realmente reconozco que aquella edición tan inspirada tuvo un éxito arrollador. La edición se agotó rápidamente en ambos idiomas.

Posteriormente, se me invitó a múltiples entrevistas de medios de comunicación y pude comprobar por las llamadas y cartas que se recibían que en muchas mesas de cartomancia, se hablaba de este Tarot como una aportación iluminadora y que además “funcionaba” a la perfección. En el ambiente tarotero se decía que aquel Tarot del Universo estaba cargado de una potente magia que lo hacía funcionar a otro nivel.

La edición constaba de las láminas de Rafael y un libro mío. Quedamos a la espera el CD ya que no se veía claro como incorporarlo al Kit. La composición musical pasó por el estudio de grabación profesional pero no llegó a su edición final ya que se colaron en algunos la ingestión de sustancias tóxicas con un deterioro tal en el espíritu del proyecto, que el equipo de músicos se separó y cada uno seguimos nuestro camino.

Conclusión

Al poco, volé a Puerto Rico cargado de una gran caja de Tarots para honrar y entregar a Rafael y Gradissa que como pareja reencontrada habían tenido un hijo. La obra estaba hecha y la parcela de humanidad que nos contempló en el mercado, pareció dar un cierto salto adelante con el nuevo enfoque respecto a lo que anteriormente había estado muy cargado de miedo, amenaza y manipulaciones esotéricas. Al cabo de los años, el Tarot dejó de ser un tema de atención en mi vida y en la de muchos contemporáneos. La energía con que avanzábamos fue encarnando en otros enfoques que sustituyeron a los precedentes.

La psicología transpersonal, el vedanta y el mindfulness han hecho un coktail en la intimidad de mi ser que apunta al silencio consciente como puerta a la emergente inteligencia cardíaca.

Sin embargo, bendigo desde aquí a mis compañeros de aquel camino, y a todos los que pasaron por aquella mágica casa que durante un tiempo de comunidad creativa, alumbró mi vida como faro en la noche. Doy las gracias asimismo a Luis Zamorano que nos abrió las puertas de aquel templo de Tacoronte, permitiéndonos un lugar en el que la luz se tornó más clara y la sombra más oscura. Un lugar y una aventura que pasados los años, inspira mi respeto y mi silencio.

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JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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