El trabajo del Papa en un mundo revuelto
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El trabajo del Papa en un mundo revuelto

Por el 29 agosto, 2011
Me cuestiono las toneladas de prejuicio y suposición que la sociedad tecnológica proyecta sobre el Papa y sus multitudinarias visitas pastorales. Observo que tales acontecimientos mediáticos conllevan toda una carga histórica de “dialécticas pro y contra”, dialécticas en las que se etiqueta y se juzga con apasionado criterio sin a menudo haber investigado de verdad lo que nos mueve realmente a rechazar o bien admitir tales oleadas culturales, oleadas que a poco que se filtren y se posen, lo que finalmente observaremos es que tras la visita de este líder religioso, dejando creencias aparte, lo que se ha difundido es un mensaje de amor y paz.

El caso es que muchos ciudadanos fueron programados en unas creencias religiosas, y desde la visión infantil de las mismas, creyeron literalmente que a poco que hiciesen méritos y ofreciesen su mejor opción, el todo poder de los cielos las protegería de enfermedades, insuficiencias y amor a raudales. Más tarde, sucedió que al madurar y enfrentar las “pruebas del camino”, se vieron obligados a soltar creencias y ponerse duro a trabajar ante la repentina reducción materialista de la llamada “realidad”. Un aterrizaje que en muchos casos conllevaba un sutil reproche a la antigua fe, al tiempo que miraban de reojo a un dios en quien habían creído y finalmente los había “abandonado” en pleno pinchazo de la burbuja.

Muchos pensaron asimismo que todo eso tan bonito de confiar en una suprafigura celestial que a uno amaba de forma ilimitada, era en realidad un bonito engañabobos, pensaban en consecuencia que en la vida estamos solos en el único reino de lo fenoménico y aparente, y que las religiones, no dejaban de ser una especie de pastilla cultural o anestesia tercermundista para recorrer el duro camino de la vida, sobre todo cuando se es pobre.

La llegada del Papa a un lugar determinado, bien sea para reforzar la fe en la juventud, para unir a la familia en crisis, o bien para hacer presente la paz como camino, no deja de levantar cuestionamientos a toda una masa de laicos e indiferentes. Y sucede que ante la existente pluralidad de niveles evolutivos que se dan en la ciudadanía, aparecen no solo respetuosos librepensadores que cuestionan toda rupia que se pague al despliegue de una religión concreta, sino también calurosos resentidos que de alguna forma piensan: “Hubo un tiempo en que creí, pero bah…”.

En este contexto racionalista se hacen también presentes los escépticos, es decir quienes ya de forma puramente cientifista tienen muy claro qué hay o no hay en el plano cuántico, y qué son realmente “flecos mágicos y míticos que mucha gente todavía necesita para vivir”.

Unos y otros representan a una masa pensante que ha cesado de sentir cierta sensación de búsqueda espiritual, y que sin embargo en lo más profundo de sus corazones, tal vez lo que anhelan es descubrir una grieta en el muro racionalista que a menudo los desconecta y opaca.

Y en este contexto ciudadano de anunciada visita papal, contexto de tráfico cerrado y de medios de comunicación al rojo, de pronto saltan a la palestra imágenes del esplendor vaticano explayando normativas acerca del uso del preservativo, del papel de la homosexualidad, de la contracepción y de la bioética. Ante esto, muchos piensan en el mensaje evangélico de Jesucristo y no les cuadra el tinglao, sin embargo, cuando ven a reyes y mandatarios inclinarse respetuosos, suavizan sus posiciones, tal vez pensando en el mayor peso de las arcas municipales con la llegada de tanto peregrino.

El caso es que durante la mediática visita papal, cientos de miles de jóvenes tienen durante días una bandera de alegría que al parecer no precisa de botellón, peregrinos que tienen ocasiones de bailar la vida, de sentirse dichosos para expresar dicha a otros, y de caminar por las cunetas de la provincia en ejemplar marcha. Una convocatoria religiosa que a muchos laicos, a menudo arrogantes, les saca de sus casillas pensando en la supuesta ingenuidad o “comedera de coco que padecen los supuestos hipnotizados. Sin embargo a poco que indaguen y miren más dentro, verán un milagro que convoca a la parte más generosa, sana y amorosa de millones de seres humanos, seres que entre otras cosas se emocionan cuando el apacible y sabio viejito del papamóvil les mira a los ojos, y de pronto, una corriente de amor se se hace presente en un corazón engrandecido que nunca olvidará lo que sintió…

El caso es que para los bautizados y alineados con la Iglesia Católica, el hecho de creer en Dios significa no solo reconocer una dimensión superior a nuestra limitada mente pensante, sino que la propia ortodoxia conlleva “creer” asimismo en un kit completo que incluye a la Santísima Trinidad, a la concepción de la Virgen por obra y gracia del Espíritu Santo, a la transubstanciación del Verbo, a la resurrección de Cristo, a su ascensión a los cielos, a la vida eterna, a los goces del Paraíso y a las calderas del Infierno. Una visión que para el cristiano no practicante, cristiano educado en colegio y familia religiosa, no es del todo fácil admitir.

Y en este contexto, sucede a muchos ciudadanos que tras perder al Dios de la infancia, deambulan en la razón materialista buscando la paz incausada más propia del influjo del espíritu que del placer y la cuenta bancaria. Y también a menudo olvidan que en realidad el espíritu es una vivencia, y no precisamente una creencia. Bien sabemos que la fe no se activa mediante la acción de repetir un credo una y otra vez, “a ver si se nos queda de una vez”, sino que llega como intuición profunda que aparece en el corazón, inundando de íntima confianza.

Y el caso es que visitas de líderes espirituales tales como el Papa o el Dalai Lama por ejemplo, activan una energía de trascendencia, compasión y virtud que lejos de levantar fantasmas de quemas de brujas y desmanes imperialistas, contribuyen a presencializar una dimensión del ser humano que demasiado a menudo vive tapada por el mecanicismo egocéntrico de un modelo social que se deconstruye estrepitoso a pesar de la piedad de sus iglesias.

Mientras tanto, bienvenidos los humildes porque ellos poseerán la tierra.

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0 Comentarios
  1. paco

    29 agosto, 2011

    brilla más un niño sano
    que el oro del Vaticano

  2. Esperanza

    30 agosto, 2011

    La visita del Papa demostro que aún hay un futuro posible gracias a la gente que creemos en el amor y en los valores y no nos dejamos acobardar por los miedos infundidos de la guerra o la crisis mundial.en estos tiempos lo unico que nos hace fuertes es la fé que cada uno la busque como pueda para ser feliz.

  3. Angela Uyá

    30 agosto, 2011

    Estos últimos días se han dicho y escrito muchas cosas sobre la visita del Papa. La mayoría de ellas, a pesar de carecer de lógica ni sentido, tenían el poder de dejar al oyente o lector con una sensación de malestar e intraquilidad. De alguna forma resonaban con los propios miedos, resentimientos, limitaciones e ignorancia. Leer este escrito de José María Doria produce el efecto contrario. Este escrito proyecta luz y profunda comprensión. Resuena con la tolerancia, la amplitud de visión, el respeto. Une en lugar de acrecentar las diferencias, trasciende lo superficial para evidenciar la unidad que subyace. Gracias José María.

  4. Fernando Guzmán B.

    29 septiembre, 2011

    Aunque no presencié la visita papal (vivo en Chile) sí me tocó hace años la visita del papa anterior a nuestro país. Siendo un creyente no bautizado, encuentro grandeza en el comentario de José María, pues estas instacias nos dan la oportunidad de abrir el corazón y detener la marcha compulsiva del diario vivir
    para reflexionar, mirar un poco dentro de nosotros mismos y
    ver que es lo que cada cual puede aportar sin criticar.

    Saludos

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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