El veneno del amor
Descubriendo

El veneno del amor

Por el 31 octubre, 2011
Érase una vez en un lejano reino de Oriente se hallaba una muchacha recién casada llamada Noemí, muchacha que tras casarse llena de felicidad con el hombre que amaba, comenzó a sentirse atormentada por los conflictos que permanentemente mantenía con su suegra, mujer algo mayor con la que convivía junto a su marido.

No pasaba un solo día sin que la irritación y la cólera brotasen entre aquellas dos personas que llenaban de amargura y rabia sus corazones. Con el paso del tiempo la convivencia se hizo tan insoportable que un día la muchacha sintiendo una total desesperación, marchó en busca de un anciano que vivía en la montaña y del que se rumoreaba poseedor de remedios muy extraños pero sumamente eficaces.

Tras dos días de camino llegó a la morada de aquel anciano, y dijo:

“Amigo sabio. A pesar de haberme casado con un bello y vivir en un feliz matrimonio tal y como yo esperaba y sentía merecer, mi vida es insoportable y mi casa un terrible infierno. La causa es el endemoniado carácter de mi suegra con la que me he visto obligada a convivir, por lo que me siento permanentemente irritada. Mi casa es un lugar insoportable y ya no puedo más”, dijo entre sollozos.

Y continuando añadió: -“Lo he pensado mucho, necesito matarla, no puedo consentir que esta situación  continúe, he decidido que desaparezca de nuestra vida, sé lo que digo y no tengo otra solución. Por favor, dame un veneno para acabar definitivamente con ella y devolver la paz a mi matrimonio”.

-“Humm…” exclamó el sabio. “Aunque lo que me pides es un asunto delicado, creo que voy a poder ayudarte, en realidad dispongo de unas hierbas cuyo lento efecto pueden acabar con la vida de tu suegra, pero, para garantizar la ausencia de toda sospecha, deberás administrarlo en pequeñas cantidades, tan solo 3 gotas cada 7 días, para que al cabo de 9 meses, tu problema haya terminado. Pero ¡Atención! Estas hierbas tienen además otro requisito que resulta clave para sus plenos efectos”.

-“¿Cuál?”, dijo la muchacha, “haré lo que sea”.

-Pues bien, durante la administración de este bebedizo, tendrás que tratar a tu suegra con infinita amabilidad, quiero decir tendrás que tratarla como si fuese el alma más hermosa del mundo, deberás cada día que ver en su rostro la bondad, la ternura y el amor de una verdadera madre. Te verás obligada a comprenderla y ponerte en su lugar, por lo que todas tus palabras, tus gestos, y toda manifestación deberán estar bañadas de exquisita compasión, apoyo y cuidado. Si haces esto tal y como te digo, te librarás de ella y encontrarás lo que vienes buscando”.

-“¿9 meses?”, dijo ella.

-¡”Sí! no hay más remedio”, exclamó contundente el anciano.

La joven muchacha apretando los dientes con firmeza y determinación, finalmente dijo:

-“Lo haré, si con esto puedo librarme definitivamente de ella, me comprometo”.

Una vez de vuelta a casa, La muchacha comenzó diligente a administrar a su suegra las gotas, tal y como le había indicado el anciano, al tiempo que controlaba su carácter, canalizaba sus emociones y ofrecía la cara más benévola y cariñosa que era capaz de mostrar a aquella anciana.

Semana a semana y conforme la muchacha ofrecía lo más exquisito de su ser, la atmósfera de la casa se iba serenando, y un ambiente de paz, concordia y cooperación comenzó a reinar en el hogar.

Pasó el tiempo, y un día, de pronto desde la cabaña del sabio anciano, se divisó la silueta de aquella joven muchacha que meses atrás, se había presentado con un proyecto asesino.

-“Amigo sabio. Me siento muy confundida. He venido administrando la hierba mortífera, al tiempo que siguiendo tus instrucciones devolvía a mi suegra la mejor de mis sonrisas, he controlado mi rabia y mordiéndome los labios he devuelto amabilidad y cariño tal y como dijiste. Pero, poco a poco he acabado viendo en ella a una madre, y aquel rostro que me producía ira y rabia… no sé qué me ha pasado, pero se ha ido transformando en ternura y en un amor incondicional que rebosa nuestros corazones”.

Tras una pausa, prosiguió diciendo: “Reconozco que hoy mi casa está en paz y mi corazón rebosa insólitamente de amor hacia aquel rostro que quería matar, librándome de él para siempre. Me siento arrepentida y ahora, por favor amigo sabio, quiero que me des un antídoto o algo que pueda salvar la vida de esta hermosa mujer, porque no puedo ver otra cosa que en ella el rostro del Amor”.

Al pronto el anciano, y con una amplia sonrisa en su rostro, dijo:

-“Querida Noemí, en realidad el único veneno no estaba en las hierbas que te di, sino en tu mente. Tu cambio de actitud ha permitido recoger lo sembrado, has hecho un gran camino abriendo la puerta de la cara más hermosa y profunda de vuestras almas”.

-“¿Qué quieres decir?, no entiendo”, respondió desconcertada la muchacha.

El sabio entonces dijo: -“Quiero decir que en realidad las hierbas no contenían ningún veneno y que el trabajo que has hecho sobre tu propia mirada, tratando de realizar lo más verdadero de tu ser, ha eliminado el único veneno que podía existir”: las proyecciones de tu propia sombra. “Vete a casa y disfruta de la madre que la vida te ha regalado y de la tierna abuela de tus futuros hijos.

Noemí se sentía tan feliz: “Gracias noble anciano, he recibido la lección más importante de mi vida”.

Una vez de vuelta en camino a casa, la muchacha escuchó a un pequeño grupo de niños que repetía el estribillo de una conocida canción:

Vemos lo que somos.
Si cambias tu forma de ver el mundo,
el mundo cambiará.

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0 Comentarios
  1. Esperanza

    3 noviembre, 2011

    si la actitud es por ambas partes si,por que si solo das se consume y muere.hasta que no conoces de verdad a alguien no entiendes los motivos de su actitud ante la vida y las pesonas q le rodean.

  2. andres

    3 noviembre, 2011

    En los demas aparecen a veces proyectadas las frustraciones personales

  3. Francisco

    19 noviembre, 2011

    Me ha reconfortado mucho este relato. Darnos cuenta de la importancia del Amor es un paso que nos ayuda a trascender sentimientos que tan solo nos dañan y dañan a los demás.

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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