Claves de amor y relaciones. Erotizar el dolor. Madurez sexual y personal.
Por el 25 noviembre, 2013

He sido muy activa sexualmente y he tenido muchas relaciones. Me he dado cuenta de que he utilizado el sexo para llenar un gran vacío. Ahora cuando hago el amor me sucede a menudo que lloro. ¿Qué me pasa?

Tal vez cuando haces el amor lloras porque es precisamente en tales momentos en los no puedes evitar el bajar la guardia de tus defensas. Y de pronto tras soltar el control, sale disparada como corcho de botella una bolsa de dolor que tal vez muy dentro vive sumergida y apretada.

Sucede a veces que tenemos viejos duelos sin cerrar, duelos que no hemos resuelto sino tan solo desterrado fuera de nuestra vista y mantenidos a prudente distancia. Y así es la vida, sucede que en una noche cualquiera aparece una pesadilla que aunque algo inconexa nos da ciertas pistas. Otras veces es haciendo el amor, un espacio de vida en el que dejamos de controlar, y es entonces cuando de nuevo drenan efluvios de nuestra casi ancestral tristeza. Esto desconcierta porque al principio ignoramos qué es lo que nos pasa, aunque sabemos que si nos detenemos y afinamos la mirada interna, no tardamos en intuir cuál es el foco original de tales lágrimas.

A veces sucede a determinadas mujeres que afirmando ser sexualmente liberadas y abiertas, en realidad lo que sienten en un nivel más profundo es una gran inseguridad por haber buscado amor a cambio de sexo en noches sin afinidades más hondas. Y una vez probado el camino de las variadas relaciones sexuales que en muchos casos, encubren la necesidad de sentirse deseadas y queridas, se destapa la bolsa de dolor que vivía sumergida y no suficientemente drenada ni observada. Es entonces cuando la relación sexual opera como un taladro sobre la vieja bolsa, al tiempo que brotan las emociones condensadas.

La erotización del dolor es algo actualmente tan extendido que podría afirmarse que vivimos en una cultura sexualizada. Una cultura en la que el adjetivo sexy utiliza para cualificar casi todas las facetas de la existencia.  Y en realidad no puede haber madurez sexual sin la correspondiente madurez emocional y consiguiente autoconsciencia. En realidad muchas personas pueden disfrutar de un gran cociente intelectual pero todavía no tienen el corazón abierto, ni están sexualmente maduradas. Es por ello que oscilan entre conductas que conducen a bloquear la fuerza raíz del eros o por el contrario, dejarse llevar por una intensa genitalidad que temporalmente anestesia y tapa.

El sexo tan sólo como sensación ha salido ya del armario, cosa que a casi nadie ya escandaliza ni despierta condenas, pero qué poco se habla del sexo como encuentro profundo que enciende la llama. Se trata éste de un sexo consciente que no requiere de fantasías, ni de disfraces ni de estrategias de encendido, sino tan solo de amor, inteligencia cardíaca y consciencia. Un sexo que puede encontrar formas insospechadas de energía raíz y que se experimenta tan solo cuando la Inteligencia de Vida abre la puerta.

Para lograr la madurez no solo sexual sino emocional, necesitamos explorar con profundidad las formas en las que usamos nuestra sexualidad. A menudo sucede que estas son tan solo un medio para tapar soledades y pérdidas que tensionan nuestra alma. El darse cuenta de ello, al principio puede que no resuelva gran cosa pero sí está garantizado que se ha puesto en marcha una espoleta de cambio que nos llevará a otra cosa.

Convendrá respirar profundo, y mirar las estrellas que brillan tras las pupilas de quienes viven cerca. Más tarde, la energía raíz desplegará hacia las cumbres, abriendo el corazón y ofreciendo vivencias de calidad insospechada.

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JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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