Observando

La felicidad. ¿Misterio? ¿Elección ¿Camino?

Por el 21 febrero, 2011

¿Hay alguien que no busque la felicidad?
¿Acaso la buscamos en vivencias y adquisiciones que más la alejan?
¿Qué podemos hacer para encontrar ese misterioso tesoro que alimenta nuestra esperanza?

La Felicidad… ¡ah! ¡Qué gran palabro! Casi al pronunciarlo, sentimos sonrojo por haber creído inocentemente que, oculta tras lo que tanto deseamos, nos aguardaba. La felicidad parece actualmente estar en la lista de esos términos prohibidos por una sociedad desorientada, términos del mismo rango que “amor” y “dios”, palabras secuestradas que no pronunciamos, por temor a ser condenados como personas ingenuas.

¿Qué ha pasado con esta idea que todos perseguimos, a veces corriendo tras los deseos y vivencias que más nos alejan de ella? En realidad, es frecuente creer que la hallaremos en los futuros placeres, en el seno del poder, en el meollo de la pasión, en la exaltación del romance, en la unión de la familia, en el glamour del éxito, al final de un proceso o soñando con la galaxia… La buscamos inútilmente en la adquisición y en la satisfacción de nuestros deseos, algo que gratifica nuestra persona durante un tiempo, pero al poco, ese punto nos abandona.

¿Por qué no es tan habitual encontrar alguien que se declare feliz, sin matices ni más vueltas?

Comencemos por preguntarnos, ¿qué es en la felicidad? Según Sonja Lyubomirsky, la felicidad tiene que ver con la experiencia de alegría y satisfacción, combinada con la sensación de que la vida tiene sentido y vale la pena. Una forma e señalar tanto a la experiencia puntual, como a la sensación permanente de fondo que impregna nuestra existencia.

En realidad siempre sentí la felicidad como una vivencia de paz profunda, una paz no ajena al amor que en principio creemos alcanzable desde nuestro nivel persona. Más tarde, he comprendido que la felicidad era un estado transpersonal de conciencia. Un estado de totalidad y plenitud que podemos legítimamente buscar, ahondando en nuestra esencia. Tal vez la felicidad por su carácter trascendente no está sujeta a condición alguna. Y aún viviendo en lo hondo de uno mismo, no es descubierta hasta que un día, es ella la que nos encuentra.

Los seres humanos actuales la estudiamos con metodologías científicas, tratamos de meterla en laboratorios, y la analizamos desde la óptica de una neurología de vanguardia. Y eso está bien, porque gracias a las estadísticas, algo más sabemos de ella. En realidad, a través de una emergente “Ciencia de la Felicidad” conocemos tres factores que tienen un gran peso en su existencia. Primero: Los aspectos biológicos que constituyen nuestra herencia genética. En realidad los genes causantes de la felicidad tienen una influencia del 50%, y contra lo que a menudo se piensa, son susceptibles de comportamiento variable, ya que se activan, entre otras cosas, con abrazos y caricias. Segundo: Actividad deliberada, es decir, lo que decidimos hacer para crecer, para cultivarnos en la virtud y el aprender a pensar en atención plena. Se trata éste de un factor con un peso del 40%. El tercero y último tan solo representa un 10% y hace referencia a las circunstancias que nos llegan, es decir, economía, salud, vida afectiva… ¿Tan solo un 10%? Sí, así de secundario, aunque no lo parezca.

Y si bien la llamada Psicología Positiva estudia estos aspectos, no podemos soslayar los mapas inmortales que los grandes filósofos y místicos han dejado sobre la faz de la Tierra. Y es aquí donde nos vemos trascendiendo la pequeña lógica de las estadísticas que persiguen aproximarse, e inútilmente colonizarla. Es aquí donde se abre el misterio sagrado que a la felicidad fundamenta, un misterio que se ilumina cuando se cierran los ojos de la razón metodológica, cuando hacemos silencio en la mente pensante y abrimos el corazón a una intuición que, al tiempo que nos encuentra, conduce suavemente nuestra alma ante sus puertas.

¿Qué cartografías nos han legado los grandes seres que han visitado nuestro planeta? El territorio roza lo inefable, es por ello que en el sentir, en el crear y en el amar, será cuando nos rozará su presencia. La felicidad es un tesoro que todo ser humano intuye como posible, un tesoro que busca aunque se haya sentido frustrado tras perseguirla incansablemente en la adquisición de cosas y experiencias.

En realidad cuando nos adentramos en la historia de los pueblos y culturas de la Tierra, descubrimos una serie de verdades inmutables que han sobrevivido a la diversidad de los cambios, de las culturas y de las razas. Se trata de verdades que han permanecido intactas ante destrucciones y guerras, verdades comunes que bajo el nombre de Filosofía Perenne se hallan presentes en todas las civilizaciones de la milenaria raza humana.

¿Qué dice este corpus de conocimiento? Nos dice en primer lugar que la felicidad está dentro de nosotros. En segundo lugar, señala que aunque está dentro, nuestra vida está sujeta a conflictos y situaciones dolorosas. En tercer lugar, afirma que hay un camino para descubrirla y aflorarla. Y finalmente concluye señalando que si se hace este camino y ella nos encuentra, nuestra vida se convierte en un recorrido de amor y luz en beneficio de la Humanidad entera.

Dentro de todo ser humano late una promesa de infinitud, de ternura y consciencia despierta. En el reino sobrenatural está la llave de esa puerta, un umbral que cuando se cruza, corren lágrimas de gozo y el corazón, de amor incondicional rebosa. Más tarde, la felicidad desciende y encarna en la vivencia de las cosas sencillas, y en la honda serenidad de la vida cotidiana.

Tal vez esta noche, tal vez mañana, tal vez ahora…

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0 Comentarios
  1. Fran Rosmarino

    22 febrero, 2011

    La felicidad. ¡que bien tan preciado! Sin embargo hay que saber, que para llegar a ese bien tan buscado, no existe ningún camino que nos lleve hasta él. Y simplemente no existe, porque esa Felicidad que pretendemos encontar, Ya la Somos… Sólo es necesario que la descubramos en nuestro interior y aprensamos a reconocerla como una dimensión más de nosotros mismos, para luego poder vivir desde ese punto, todo el campo de vida que se habre ante nuestra percepción de conciencia.

  2. ¿Buscar La Felicidad?

    24 febrero, 2011

    ¿No es la felicidad semejante al horizonte?
    Si lo que busco es alcanzar el horizonte que veo, éste no se detiene, siempre irá muy por delante de mí.
    Pero si me detengo y me doy cuenta, puedo comprobar que mis dos píes están dibujando una línea de horizonte.
    El que lo quisiera ver como estamos acostumbrados a ver el horizonte, se tendría que alejar.
    Pero si soy consciente y me doy cuenta, yo tengo, bajo mis pies, mi horizonte, esté donde esté.
    Esa es mi felicidad.
    Los demás, si la ven, pueden querer alcanzarla y nunca la encontrarán.
    Olvidan que ellos ya tiene su propia felicidad: están sobre ella pero, obcecados por la búsqueda, ¡no pueden verla !

  3. La Felicidad "Mariposa"

    27 febrero, 2011

    «La felicidad es una mariposa», dijo el Maestro. «Si la persigues, se escapa. Si te sientas y esperas tranquilamente, se posa en tu hombro».

    «Entonces, ¿qué debo hacer para alcanzar la felicidad?»

    «Dejar de perseguirla»

    « ¿Y no puedo hacer nada más?»

    «Sí. Puedes tratar de sentarte y esperar tranquilamente. . . ¡si te atreves!».

    Anthony de Mello «Un minuto para el absurdo»

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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