Observando

Ha muerto… ¡qué desgracia!

Por el 20 septiembre, 2010

¿Todavía vivimos instalados en sufrir y más sufrir cuando alguien querido muere?
¿Acaso pensamos que el abuelo de 90 está mejor en el Hospital lleno de tubos que muerto?
¿Te sigue pareciendo de mal gusto hablar de la muerte cuando éste tema casualmente sale?

¿Cuándo vamos a comprender que el sufrimiento es infinitamente peor que la muerte? El hecho de alguien sufra, SÍ es “para tanto”, pero ¿de que alguien muera?,  ¿acaso la muerte no merece más ecuanimidad y respeto que lo que solemos hacer cuando esta nos roza?, ¿cuándo vamos a meternos en la cabeza que el muerto ya no sufre más, y que a quien le toca kilos de aceptación y, sobre todo de generosidad y autoconsciencia, es a quien continua en la vida?

Una cosa es rendir culto a la vida, cosa deseable por aquello de la bendita gratitud, y otra muy distinta es la de seguir vagando por las superficies del apego, una forma de cerrar los ojos a la llamada que subyace tras la muerte que llegó o llegará. Al parecer esta comprensión cuesta tanto porque todavía asociamos muerte con pérdida, y si bien es una pérdida desde nuestra egocéntrica perspectiva, ¿quién es capaz de ponerse, aunque sea por un ratito, en el lugar quien llegó al final, por inesperado o aparentemente injusto que parezca?

La pérdida es el horror, pero a menudo es menos horror que alguien muera cuando el Misterio le visita, que el hecho de ser abandonados o traicionados… ambas son pérdidas pero las unas son irreversibles y cancelan, al tiempo que las otras precisan de mayor aceptación y recursos.

Para los niños de las tribus aborígenes, la muerte es algo asumible y natural, un suceso que aceptan sin dramas añadidos. Lo mismo sucede con los animales, hace poco presencié como mi gatito murió de una neumonía y cómo su madre manejaba el tema…

¿Qué nos pasa en esta civilización occidental con la muerte? Los nacidos cerca del 2.000 ya no enfrentan el yu yu del famoso “Juicio Final” cristiano. Y desde esta perspectiva, ya no subyace el venenoso fantasma de la culpa y la gran amenaza del famoso castigo eterno. Otra cosa es la responsabilidad que uno asume por sus acciones con el punto justo de madurez y consciencia.

Llegar incluso a decir que la muerte es una bendición y que nada ocurre por casualidad, ¿todavía parece una aberración?, ¿acaso se cree que quien así se expresa no es sensible, o simplemente no quiere tanto a los que se van, tanto tal vez como los quieres tú?

Decir que la muerte ha sido tratada en todas las culturas menos manipuladoras que la judeocristiana, con bendita naturalidad y sin dramas añadidos, es señalar que ni es tan chollo vivir, ni es tan dramático morir. Tal vez sea un regalo vivir conscientes y despiertos, y tal vez sea otro regalo morir en paz, sin miedo y sin dolor.

El sabio Sri Nissargadatta dijo un día con natural lucidez: Nací llorando y moriré sonriendo. Sonriendo es lo que nos brotará el día en el que hayamos comprendido que primero, la muerte no llega porque sí, llega a quien le llega y en el momento en el que le llega. Segundo, que la muerte es un puente a una totalidad más allá de la mente cerebral, y se supone, solo se supone, que es un estado más placido que el anterior. Y tercero, que aquí quien se desgarra dramáticamente es el ego inmerso en el campo morfogenético cultural, es decir el de un ego que no ha sido suficientemente trabajado en el “soltar” y, que de alguna forma, evoca viejas pérdidas y proyecta sus propios miedos, apegos e íntimas tragedias en el porvenir.

¿Y por qué esta sociedad es tan dramática con la muerte y su entrono?, ¿se debe acaso al horror que nos produce la amenaza de rebajar ese acomodo artificial y debilitador de la llamada “sociedad del bienestar”?, ¿cuándo vamos a dejar en nuestro testamento el dinerillo suficiente como para hacer una fiesta, como mínimo del mismo tipo o mejor que la que se nos hizo al nacer?, ¿y cuándo vamos a pensar que la muerte no es un asunto oscuro?

Pero ATENCION una cosa es la muerte y derivados, y otra cosa es el sufrimiento. En realidad, ante éste, hinco mi rodilla en tierra, inclino la cabeza, y me alisto en las humildes filas de los que trabajan de por vida hacia su erradicación. El sufrimiento suele ser terrible cuando muere un hijo o un ser con el que existe un gran vínculo. Son casos que merecen un profundo silencio, un profundo respeto y un sabio acompañamiento, sin que ello menoscabe la sabiduría que subyace tras esa lotería tan sabia como maldita que desgarra a quien le cae.

En realidad es ahí, en el sufriente en donde está el verdadero objeto de compasión y el verdadero objeto de investigación para aprender a reorientarlo. El sufrimiento no debe confundirse con el dolor, ya que éste es tan natural e inevitable en curso de la vida, como el propio placer. Por el contrario, a diferencia del dolor, el sufrimiento es una actitud, una resistencia, un programa… es decir aspectos que además de poder ser superados con el suficiente desarrollo personal, tienen la misma causa origen: la ignorancia y la inconsciencia.

Dicen que San Pablo decía todas las noches: “Muero cada día”.
¿Te animas?

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0 Comentarios
  1. Patricia P

    20 septiembre, 2010

    Hola a tod@s,
    acababa de escribir «amo el otoño en Madrid, las hojas caídas en el Retiro…» y voy y me encuentro la foto de la lápida… he pensado jopéee… luego leo lo del gatito y he pensado el de Kayzen? jopéee… me han dado el día…
    La verdad es que he acabado el artículo riéndome de mi misma… porque en dos segundos he visto el historial de mi ego, el apego…
    Gracias J. María por quitarle «yeso» y mostrar que lo que es, ES.

    Besitos

  2. ruth

    21 septiembre, 2010

    Al igual que no puedes elegir cuando nacer no puedes elegir cuando morir, me hace gracia la gente que dice que se a quiere morir ni que fuese a llegar cuando ellos quieran. A mi se me murio hace poco mi abuela y senti su perdida, pero también alivio estaba harta de verla sufrir, ya no era vida y gracias a ella creí en el gran misterio de la vida y que la energía solo se transforma no muere, al cuidarla también me enseño la felicidad de servir al prójimo y soy lo que soy por ella. Todas las personas nos dejan un pedacito de elllas cuando se van por que ya forman parte de nosotros, están en nosotros y nosotros en ellos, más si su esencia es afin a la nuestra.
    Un abrazo a tod@s

  3. Bodi

    21 septiembre, 2010

    Me he puesto mi chal preferido para meditar sobre este asunto tan espinoso para mi: soltar, muerte, desapego,sufrimiento. Un humilde anciano siempre sonriente y seguro de sí mismo, se sentó a mi lado dispuesto a acompañarme, acercó su mano a la mia e inquirió: ¿vamos?. Sentí mariposas en el estómago y agarré su mano con fuerza, para responderle: sí, vamos; vamos a resolver pacíficamente lo que está pendiente, he de volver a la facultad para superar esta asignatura, tal como indican las señales. Estaba tan decidido que me atreví a preguntarle ¿puedo detener el tiempo, sólo un momento, para verle?, y me respondió: cuando estés preparada, no puede verte frágil, precisas la soledad y amarte a ti misma; cada día que pase será un logro, confía, confía en la paz y en el amor, y…muévete. «Eres un testarrudo, acaso consigues siempre lo que te propones?», puntualicé. «Idem de idem», aseveró.

  4. Lola

    21 septiembre, 2010

    ..quedan muchas asignaturas pendientes…y, gracias …
    Pertenecer a este gran momento que ya, se está gestando, es vivir un regalo….

    Cuando un escultor, coge una piedra y va con el cincel rompiendo trozos…¿eso es muerte…o vida?
    La muerte es el examen final, con nosotros mismos…día a día en soltar, y su reválida es nuestra propia despedida de este mundo tal como lo conocemos.
    Somos afortunados los que podemos vivir la muerte en esta época.
    Una comprensión profunda nos abre sus puertas…incluso para acompañar y acompañarnos y,
    un nuevo sustrato ya está alimentando nuestra tumba.

  5. Thania vanessa

    23 septiembre, 2010

    HOLA:
    El Dios en quien yo creo no nos manda el problema, sino la fuerza para sobrellevarlo.
    La pena es necesaria debido a que a partir de ello se establece que esta pena es la que de alguna manera abre la puerta de una nueva dimensión, es el dolor inevitable para conseguir una sola cosa imprescindible, mi propio crecimiento. Nadie crece desde otro lugar que no sea haber pasado por un dolor asociado a una frustración, a una pérdida. Nadie crece sin tener conciencia de algo que ya no es. Madurar siempre implica dejar atrás algo perdido, aunque sea un espacio imaginario, y elaborar un duelo es abandonar uno de esos espacios anteriores internos o externos, que siempre nos suena más seguro, más protegido y aunque más no sea, más previsible.
    La vida es la continuidad de la vida, más allá de la historia puntual, cada momento se muere para dar lugar al que sigue, cada instante que vivimos va a tener que morirse para que nazca uno nuevo, que nosotros después vamos a tener que estrenar .
    saludos y besos, dios los bendiga.

  6. paco arana

    23 septiembre, 2010

    Un verso de mi padre que considero d emis preferidos y comparto con vosotros y dice.

    hice un pacto con la muerte
    a mi que me llegue tarde
    que yo acudiré de repente.

    salud y suerte a todos.

  7. chity

    24 septiembre, 2010

    La 1ª muerte que recuerdo, es de la mamá de una amiga del cole cuando yo tenía unos 8 años.
    A la clase nos hicieron un pequeño funeral en una pequeña capilla de la iglesia, frente a la virgen con su niño en brazos, con la intención de evitar posibles traumas…
    Apesadumbrado, el sacerdote (D. Pablo) nos contó lo bien que estaba la madre de mi amiga en el cielo, con dios, los ángeles, en el paraiso… fué tal el éxito de la narración que todos intervinimos para preguntarle por otros detalles del lugar y saber cuándo nos tocaría a nosotros poder disfrutar de aquello… Titubeos, silencio, el pobre no sabía donde meterse… lo q dijo después no debió de ser tan convincente, no tengo recuerdo, sólo sé que, mirando a la virgen recordé que mi amiga se había quedado sin madre, y eso no parecía ser nada bueno.
    Me pregunto en qué momento empezamos a temerle a la muerte.

    …El otro día coincidí con Inma (así se llamaba la niña, y la adulta, claro), después de años sin vernos, en el cole de nuestros hijos, y recordé esta historia… hoy es una maravillosa madre!

  8. Luz

    24 septiembre, 2010

    Empezamos a temerle a la muerte cuando nos damos cuenta de que tenemos que vivir la vida y cumplir nuestro propósito individual, es decir, aprovechar la vida que nos fué concedida por nuestros padres biológicos y celestiales para continuar adecuadamente en nuestro camino de crecimiento personal, eso implica, estar aquí para Aprender a dar y recibir Amor, para saldar nuestras deudas del alma, y para transmitir nuestro conocimiento y sabiduría a los demás herman@s con el fin de lograr la paz, la abundancia, la libertad y la justicia para todos los seres.

  9. Maite

    25 septiembre, 2010

    He leido cada uno de vuestros comentarios y me merencen un respeto muy especial, por evocar los mas profundos sentimientos.

    En estos momentos convive con nosotros desde hace dos años mi mamá política con 88 años. De td esta maravillosa historia reconozco que he aprendido acompañar a los seres queridos en las despedidas gracias a mis padres. Desde pequeños hemos conviviamos con los abuelos. Los cuidabamos e incluso mi padre nos enseñó amortajarlos . Recuerdo cómo nos turnabamos por la noche siendo estudiantes, para que mi madre pudiera dormir un poquito. Tambien recuerdo cómo mi padre acompañó fuera de la habitación a mi madre al fallecer mi abuela y mi hermana la mayor y yo ayudamos a mi padre para amortajarla con cuidado y delicadeza. Tambien hemos tenido que dar la noticia de fallecimientos a madres de nuestra familia (a mi tia y mi suegra). Creo qu el gran secreto de la vida está en, cómo nos acompañamos en cada etapa de la vida?
    para así culminar con una despedida serena y tranquila ( no por ello reteniendo las lágrimas) somos seres con emociones y sentimientos.
    Tambien he aprendido qu en ocasiones no se llega a tiempo para amortajar a un padre y entonces un hermano te abraza diciendote ¡yo lo he hecho por tí ! En estos procesos, reconoces que no eres el ser «Unico Imprescindible», qu se debe dejar paso a los otros qu tds componemos ese Todo y nos necesitamos los unos a los otros, qu cada uno tiene su lugar, qu la «Importancia Personal» hay qu pisarla para qu los demás florezcan y sus rallitos tambien iluminen.

    Un abrazo grandote…!

  10. Yolanda Palacios Hernández

    26 septiembre, 2010

    Al leer tu articulo fui recordando la muerte de los dos seres que me dieron la vida, mi papá hace tres decadas y mi mami hace dos. Los sentimientos fueron diferentes y la angustia, dolor, sufrimiento, rabia, o infinita desesperación me acompañaron en los dos casos, pues el apego que mal reconocia como amor no me permitio reconocer que la muerte es un regalo para quien tiene el cuerpo fisico agotado y maltratado debido a los pesimos habitos alimenticios.
    Estos ultimos dos años me han ayudado a entender que estamos de paso y la muerte es una gran liberación para todos. Puede sonar extraño, pero hoy, estoy infinitamente agradecida con mi mami por su decisión de partir, y permitirme vivir mi vida sin la atadura de su bien-estar a expensas de mi ser.
    Tienes razón, no se de donde hemos deducido que la muerte es un mal, una separación y tantas otras etiquetas tristes y coloreadas de sufrimiento. Vinimos solos y nos vamos solos, sabemos que tenemos una experiencia fisica temporal, de donde pues hemos comprado que si alguien se muere hemos de sufrir, y pasar por ese tiempo de duelo… ya lo he vivido dos veces y no fue agradable, creci con un acuerdo: sufrir es bueno, gozar no es bueno. Lo estoy cambiando.
    La felicidad es una decisión, y creer que la muerte de alguien a quien amas debe llevarte al abismo de la tristeza tambien es una decisión, es una locura en mi opinion, una desgastante locura.
    Un abrazo a todos desde Colombia.
    Yolanda

  11. maite

    4 octubre, 2010

    Queridos amigos.
    Este epitafio «SE MURIO A LOS 30 Y LO ENTERRARON A LOS 90″, fúe como un destello en la comprensión de esta realidad…»se me prendio el bombillo» que diria un argentino.
    Gracias Jose María, me apunto a la idea de la «fiesta de despedida».
    En cuanto al acompañamiento en el sufrimiento, sugiero una formación de los profesionales (médicos, enfermeros, etc) que estan cerca de la muerte con un rango de importancia, como minimo, igual al de las técnicas de asepsia que se exigen en los profesionales (ginecologos, matronas, enfermeros) que estan presentes en el comienzo de nuestra vida.
    Un abrazo.
    Maite.

  12. Bodi

    9 noviembre, 2010

    «Todos formamos parte de la centella divina.
    Todos tenemos un propósito en la creación llamado Amor.
    Despierta, ábrete a ese amor.
    Lo que ha pasado no debe volver.
    Lo que llega debe ser reconocido».

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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