Observando

La ansiedad y el desierto

Por el 6 diciembre, 2010

¿Te cuesta mucho dormir y estás en la tele hasta muy tarde?
¿Te agobias cuando estás en soledad y no haces nada?
Bienvenido pues, a la travesía del desierto que a tu vida llega.

Dadas las circunstancias ambientales de saturación sensorial que en este siglo enfrentamos, daría la impresión de que para quien vive atrapado por la ansiedad, la vivencia del “desierto” puede ser su gran asignatura. Al parecer en nuestro plan de estudios de la carrera Vida, llega un momento en que lo que precisamente toca, es algo parecido a la Nada, una nada inundada de vacío fértil, un vacío rebosante en el que nada hay que hacer, nada hay que resolver o cambiar, ni nada hay a que rendir culto ni rechazar. Un vacío que irradia consciencia y libertad.

Para nuestra mente turística, la asignatura “desierto” y su asociación a “nada”, es toda una amenaza. Sin embargo, para quien anhela ir más allá del impacto adictivo, el desierto sacará sus demonios y centrifugará sus más íntimas rabietas. Un desierto que señala un vacío consciente, un silencio inundado de totalidad que abraza a quien se adentra y observa.

Tal vez una de las próximas aventuras humanas será la de aprender a “hacer sin hacer”, es decir, un hacer sin identificaciones con esto o aquello y los consiguientes apegos y rechazos que tales identificaciones conllevan. Tal vez durante la mencionada travesía se trata tan solo de “estar ahí”, en el ojo del huracán, tomando consciencia y manteniendo la plena presencia del ahora. Un proceso de liberación y entrada en la calma que la Inteligencia de Vida se ocupa de desencadenar en todo buscador, sin necesidad de rodearse de camellos y arenas.

La metafórica travesía diseñada entre dunas y paisajes en los que el cielo se toca con la tierra, se parece a la mirada del peregrino que no ve adorno alguno sobre el que elucubrar preguntas ni fabricar respuestas. Una travesía que conforme avanza sobre un caminar consciente, desprende la ansiedad que aprieta, al tiempo que suelta las mochilas de las memorias, un desprendimiento que anuncia los primeros destellos de una paz, tan incausada como neutra.

La revolución tecnológica que tantos años nos ha costado conquistar y que nos permitió salir de aquella nada preconsciente, clama ser atravesada por la visión penetrante de un recobrado vipassana. Y si bien en aquel “camino de ida” tratamos de utilizar paquetes crecientes de información, por el contrario en el actual camino de vuelta, nuestro destino es la vacuidad. Pero en esta ocasión, nada nos recuerda al pasado vacío carencial, sino al vacío radiante de supraconsciente eternidad, una eternidad que cuando nos encuentra, conjuga y trasciende el Alfa y el Omega.

Mientras sentimos que la travesía avanza, bien sea en la atmósfera bereber, en el asfalto o en los Himalayas, se hace más evidente el gran mensaje del alma: No encontraremos la paz hasta que nuestro corazón, vacío de deseos y ligero como una pluma, haga su latir sin pedir nada. Pareciera que hay que pasar por el desierto de los deseos, deseos que esclavizan a este ser humano que tras saturarse de los sentidos, puede un día ser encontrado por la Diosa.

Y una vez atravesado ese desierto que a cada persona en su momento llega, el peregrino se sentirá fluyendo en la inspiración que, en muchos momentos del día, le permitirá detenerse, contemplar y vivirse en la presencia. Comprenderá entonces que Lo Nuevo no aparece encadenando pensamientos ingeniosos, sino más bien brotando de una silenciosa vacuidad que, en sí misma, parece convocar al genio de la botella.

Y así como el juego de los amantes pasa del susurro al silencio, y del silencio a los besos y a las danzas, de la misma forma en la travesía, se pasa del juego de los pensamientos a las intuiciones enamoradas, intuiciones inspiradas por la Diosa que riega todo rincón de cálida esperanza. Reconozcamos que la enfermedad central de nuestra civilización es la ansiedad, un semiconsciente sentimiento de amenazante soledad que contrae y genera desconfianza.

¿El antídoto? Cuando seas encontrado por tu desierto, y te atrevas a dormir bajo las estrellas, abre bien tu pecho al Gran Silencio que, desde tiempo atrás, te espera. Y, cuando más tarde llegue el día en que vuelvas a tu vida cotidiana, observarás que hay más espacio entre tus palabras, observarás que tus escuchas son más profundas, y que guardaste la televisión en un armario de estanterías bien altas. Observarás asimismo que miras el cielo más a menudo y que caminas, paso a paso, con plena consciencia.

Tal vez cuando eso suceda y la Paz te está encontrando, mirarás a la ansiedad como un recuerdo de otras etapas. Ese día, la Humanidad que en ti habita, estará más cerca de la utopía por la que lucha investiga y reza.

El gran silencio te busca… ábrete a su misterio y déjate encontrar por la Diosa.

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0 Comentarios
  1. PazzaP

    6 diciembre, 2010

    «El gran silencio te busca… ábrete a su misterio y déjate encontrar por la Diosa.»

    En ello estoy…
    Gracias por los ánimos que en metáforas amorosas me han llegado alto y claro.

  2. PazzaP

    6 diciembre, 2010

    Excelente texto.

  3. lola

    6 diciembre, 2010

    Vivir en el «misterio» dejando que el silencio te encuentre…en los mercados…entre fogones.. en una caricia…para caminar despierto.

    Dejas de hacer mientras «haces» y con los ojos abiertos contemplas el tintinear de las estrellas.

    Y, de pronto te recuerdas;
    «A veces, es necesario tener un Caos dentro de sí, para dar a Luz una estrella fugaz».

  4. ASYA

    7 diciembre, 2010

    El encuentro con la diosa es el encuentro con el alma.

    LA diosa vive dentro y lo de afuera tan solo son engañosos reflejos.

    Búscala en el amor y en la sensibilidad del alma.

    Envuelta en un manto de silencio, Ella espera para acogerte en su abrzazo primordial y amor infinito….

    El desierto es la travesía de nuestra vida por el que debemos transitar sin olvidar el amor que somos en esencia.

  5. chicaluna

    7 diciembre, 2010

    La travesía por el desierto nos despoja de todo lo superfluo. E inevitablemente nos llega en algún momento de nuestra vida… Sonrío ahora recordando las rabietas, el enfado y la resistencia inútil en momentos de mi vida en los que se ha presentado y no he querido acogerlo… ¡Esfuerzo inútil! Y veo de cuánto cambio y bendición venía preñado…
    Aventurarse en él trae consigo el dejar caer todo lo que sobra. Y a mí me da la medida de cuan aferrada estoy a algunas cosas-situaciones-seres. Pero sólo hay este camino para vivir viendo el Rostro: “Felices los pobres, porque ellos verán a Dios”… ¿lo podríamos transformar en “Felices de verdad los desapegados, los que atraviesan el velo del sueño, porque Vivirán conscientes desde su Ser divino Ananda”?
    ¡Buena y fecunda travesía, caminantes!

  6. PazzaP

    8 diciembre, 2010

    Con permiso, Chicaluna, un matiz:

    El esfuerzo no era inútil, en tanto te ha traído hasta la que eres hoy.
    Tú misma lo dices: «Y veo de cuánto cambio y bendición venía preñado…»

    Atención: el juez siempre anda al acecho.

  7. Thania vanessa

    4 enero, 2011

    Hola:
    Gacias por la publicación , a remobido cosa en mi que me han hecho reflexionar, gracias.
    saludos dios los bendiga.

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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