La herida del sanado
Descubriendo

La herida del sanador

Por el 22 agosto, 2011
Me pregunto por qué una mayoría de cirujanos tiene pavor a operarse. Me pregunto asimismo por qué los consultores de negocios que asesoran a presidentes de grandes multinacionales, no hacen negocios a nivel particular, ya que según afirman “lo perderían todo”. Por qué los predicadores del amor y la ética viven tan a menudo sombras borrascosas que los torturan en la más anónima intimidad. Por qué los cocineros más sofisticados engullen bocatas y comida basura en las barras del Bar. Por qué los pasteleros comen tanto jamón sin adornos, y por qué las prostitutas rezan con fervor y devoción mística al Dios del amor.

Pero lo que más destaca del contradictorio panorama que ofrece este baile de opuestos, es descubrir a poco que se rasque, que una gran parte de psicólogos, psiquiatras, terapeutas y “ayudadores” sociales, no dejan de sangrar en sus heridas emocionales más antiguas y profundas.

¿Acaso el rito del curar o en su caso del participar en la curación del otro, alivia los íntimos dolores del propio sanador? Me pregunto quién elige tan delicada profesión, ¿acaso la elección de este vocacional camino es tomada por la propia herida?, ¿quizá una herida que tiene la misión de descargar toda su enseñanza evolutiva al sujeto que la hospeda?, ¿quiere esto decir que la elección del camino está tomada por una convulsión que quiere ser removida una y otra vez  para finalmente, ser concientizada, aceptada y trascendida?

Resulta cuando menos curioso, que el herido convierta su dolor fundamental en profesión.

Uno se pregunta también si el terapeuta que padece esta herida tan psicológica como existencial, camina con la secreta finalidad de “vivir en propias carnes”, lo que será posteriormente encarado con sus pacientes.

¿Acaso esta manera tan ardua de aprender empapándose de conflicto, no es otra cosa que un laboratorio de lujo?, ¿quién afirmó que el hecho de vivenciar el catálogo de dolores de la Humanidad es una forma de doctorarse en amor?

En realidad, ¿nos percatarnos cuando nuestro amigo o bien nuestro psicoterapeuta “nos comprende” de verdad?, ¿sentimos realmente cuando éste no solo entiende conceptualmente nuestro “problema”, problema tal vez estudiado en la página 88, sino que también sentimos que además lo “sabe”?

No deja de ser paradójico que quien más autorizado está para convocar a las fuerzas sanadoras que viven en el interior de cada ser humano, sea precisamente quien mucho padece, quien perpetua en extraño rito cotidiano su dolor, y quien a menudo sabotea su propia curación.

¿Acaso alguien cree que para dedicarse a la profesión de terapeuta, hay que estar lo que se dice, “sano”?, ¿qué significa ese estar “sano”?, ¿acaso pensamos que estar sano es no tener fiebre, trabajar y reproducirse?, ¿todavía creemos que una profesión tan “vocacional” como lo pueda ser la de un terapeuta que evoca conocimiento, virtud y sabiduría, requiere el requisito de haber llegado ya a ser erudito, virtuoso y sabio?

Tal vez para el ser humano, la vida es un proceso y nadie es en realidad una “obra acabada”. Quizá en cada momento y circunstancia de nuestro vivir, resonamos con un color del espectro con todas sus consecuencias. Quiere esto decir que de alguna forma, nos convertimos en él. Y eso es precisamente lo que en ese instante somos, gozamos y padecemos. Un potencial de infinitas caras que experimentar como mensaje vital del camino.

Es muy posible que si aquél médico del alma, médico y a la vez paciente compañero de su sombra, decidiese cambiar de profesión y dedicarse a otra cosa, como por ejemplo actor, domador de caballos o bailarina de salón, observaríamos como la bacteria emocional que venía acompañando su anterior circunstancia, también cambiaría de versión. Comprobaríamos asimismo que sus viejas heridas emocionales, aparentemente incurables, se cerrarían, y tal vez aparecería otro cuadro de desafíos y procesos psicocorporales que superar e integrar.

¿A dónde nos lleva esta reflexión?

Tal vez a rendirse a la imperfección y aceptar con mayúsculas lo que hay, un lote de encrucijadas y paradojas que aparecen envueltas en problema, y desaparecen habiendo dejado un gran bagaje de lucidez y gratitud.

El sanador está herido. Y tras el rostro de ese acompañante del alma que recibe y acoge con paciencia, amor y sensatez, late un remolino de fuerzas evolucionarias que conspiran en ese rito de la redención que fundamenta el sagrado encuentro terapéutico.

Cada sanador, en algún momento de su andadura, experimenta en sí mismo aquel problema que más tarde, una vez trabajado, encontrará en su profesión.

Y de la misma forma que cada veneno tiene su antídoto, cada conflicto expresado en sagrada escucha, inspira el antídoto y a la vez el camino para cultivar rosas blancas en el jardín del corazón.

ETIQUETAS
RELATED POSTS
0 Comentarios
  1. Miren

    22 agosto, 2011

    Buen día:
    Honro tus palabras y tu expresión, José María.
    Un abrazo

  2. Paco

    23 agosto, 2011

    En casa del herrero ,,,cuchara de palo

    Magistralmente expuesto el» problema» y la «solución «

  3. Iris.224

    24 agosto, 2011

    Llegué a pensar que era adicta al sufrimiento,que cada subidón de lágrima emotiva era resultado de mi enganche a la adrenalina.Reprimia este sentimiento como quién no merece ni tan siquiera hacer ruido y pasar desapercibida.Cuando comprendí que ello era un mecanismo más de la subida del kundalini, me dejé ir por la emoción hasta el punto de ser bien recibida.
    Ya no se trataba de masoquismo puro y duro,sino de la empatía del momento y la circunstancia.
    En el instante que acepté tal cual venía se iba,comprendí que era para vivirlo sin más.

  4. Leonor

    24 agosto, 2011

    La primera vez que oí » tu vulnerabilidad es tu fortaleza», pensé que era una frase para consolarme, más después, he podido comprobar que es mucho más; cuando se ha vivido el dolor y se supera, es mucho más fácil comprender a quién lo sufre y poder acompañarle en su proceso.

    – «Un potencial de infinitas caras que experimentar», la vida es un proceso y nadie es en realidad una “obra acabada -. Para mi, una gran base en la que apoyarme

  5. Andrea

    25 agosto, 2011

    GRACIAS… tus letras me regalan la sensacion de compania en este camino… Sanamos para sanarnos? Tal vez… El fin divino se cumple cualquiera que fuera la respuesta. Solo intento aprender a llevar mi herida con aceptacion, amor y gran dosis de humidad.

  6. Natalia Kraus

    9 septiembre, 2011

    Tus palabras son un regalo. Gracias

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

Suscríbete
¡Recibe los últimos artículos de mi blog en tu email!
Archivos
VISITA MI FACEBOOK
PÁGINAS AMIGAS