Descubriendo

La herida primordial

Por el 6 junio, 2011
Aunque parezca osado, puede decirse que la mayor parte de las dolencias humanas tienen un trasfondo metafísico. En realidad conforme se indaga en la verdadera raíz de las mismas, observamos que en el origen de la enfermedad subyace en muchas ocasiones un gran desamparo, un desamparo cuya raíz está en la desconexión que experimenta ese encapsulado “yo”, desde el que se vive en la actual condición humana.

En realidad, nuestro padecimiento primordial alude a la amnesia de nuestra identidad esencial. Semejante olvido supone la gran pérdida, la pérdida tan extensamente reflejada en algunas religiones cuando aluden a una humanidad que se ve arrojada del paraíso, momento en el cual comienza al largo camino de vuelta a casa, un camino que comienza en lo prepersonal, avanza a lo personal y, culmina en lo transpersonal.

Se trata de un proceso que refleja la paradoja de la vida humana. Y en realidad, aunque nada sucede en la danza cósmica que no sea “divino”, no deja de parecer una broma de mal gusto, una broma en la que perder, para luego paradójicamente ganar, ¿perder y ganar el qué?. Sin duda todo un juego laberíntico que desde la mente racional no puede comprenderse. Está claro que esta pretendida comprensión, tendrá que darse en un nivel de conciencia que a la razón trascienda, un nivel desde el que podremos sonreír ante lo perfecto y bello de ese  supra orden cósmico, que la mística tan diáfanamente experimenta y transmite.

Pareciere que esta desconexión con la Unidad que experimentamos, desconexión que algunos han llamado castigo y otros juego cósmico, acarrea toda una saga de perturbaciones, colapsos y otros accidentes que de alguna forma, traen un regalo escondido para el que los padece, el regalo de un impulso evolutivo hacia la búsqueda del tesoro perdido, la transformación personal y la consiguiente ampliación de consciencia. Es decir, un impulso tan malvado como benéfico para avanzar un paso más en el camino de vuelta a casa.

En cierto modo, nuestra problemática como humanidad es existencial. El ser humano que ha dejado atrás la condición puramente animal es religioso por su propia naturaleza, y desde milenios ha evidenciado el anhelo de reconocer algo sagrado que lo trasciende y “unirse a dicha realidad última”, unirse a ese Dios tan trascendente como inmanente que es intuido y honrado desde el misterio del corazón.

Nuestra civilización ha producido una enfermiza identificación con el yo, un yo que se experimenta como realidad separada y dual. Puede decirse que la llamada realidad suprema, origen y fin de todo lo que aparece, ha sido totalmente olvidada con todas las neuróticas consecuencias que conlleva vivir a merced de la dualidad y a expensas de la pura razón.

En el mundo actual, las religiones que hasta hace un siglo se han ocupado de hacer resonar lo que tan caro resulta olvidar, poco o nada van a inspirar a los jóvenes de hoy. Es el tiempo de los científicos maduros, es el tiempo de honrar un vacío cuántico desde el que, como sopa primordial inefable, aparecen y desaparecen las formas de lo que  percibimos como creación.

El reconocimiento del misterio, ya sea explicado por el científico o por el peregrino con su íntimo compromiso de recorrer el camino espiritual, nos puede conducir a la vivencia mística, es decir, a la única puerta que puede transformar benévolamente al ser humano. Se trata ni más ni menos que de una íntima experiencia de Unidad, algo que está más allá del campo cognitivo. Una vivencia única e inefable que supone la chispa de superación del egocéntrico narcisismo que padecemos. Una chispa que reorienta al ser humano hacia una relación cooperativa y benévola con la vida, al tiempo que revela la relatividad del yo, y otorga sentido y belleza a la vida.

De nada sirven las predicaciones, las amenazas, la sugestión temporal de creencias, los fenómenos milagrosos y la diseminación de credos esperanzadores. Quien más quien menos “sabe” que si quiere libertad, tendrá que vivir eso que incluso intelectualmente parece claro como el agua. En realidad sabemos que tendremos que vivirlo para sentirlo, y desde ahí, desde el gran dentro, recrearnos en la liberación de la propia crisálida.

Tal vez sirva de algo reconocer la intuición de que en nuestra condición ordinaria, vivimos encapsulados creyendo ser únicamente el yo desde el que actuamos comúnmente, y cuántas dificultades ofrece el camino de desasirse desde fuera de tal egocéntrica identidad. En realidad, las horas de silencio y compromiso con ese desasimiento, son el llamado camino espiritual, el camino de la relativización del yo, que no de la negación del mismo. Un yo egoico que no es otra cosa que un organizador del conocimiento, algo tan simple y funcional, y a la vez tan hipnótico como atrofiante.

A este punto de desidentificación puede reducirse la doctrina espiritual de la humanidad, al reconocimiento de lo que no somos en realidad, y tras la insospechada vivencia de…., el retorno al vacío radiante y creador, un vacío que como pura conciencia revela la perfección que tan solo los místicos de todos los tiempos han señalado con unanimidad.

Mientras llega el despertar, ¿qué podemos hacer para vivenciar ésta Unidad?

Gran Koan, tal vez ni depende de lo que llamamos yo.

Ahí pues estamos unos y otros, subiendo la montaña, y querámoslo o no, unos lo hacen con un grado de consciencia y otros con los ojos vendados.

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0 Comentarios
  1. ASYA

    7 junio, 2011

    Cuando uno siente que hay algo más allá que nos trasciende y nos damos cuenta que tb somos eso…esas heridas se alivian.

    Gracias por volver a escribir e inspirarnos

    Asya

  2. ¿Sé? ¿Busco? ¿Espero?

    8 junio, 2011

    Si creo que sé es que estoy muerto.
    Si busco o si espero, sólo lo puedo hacer de aquello que ya conozco, que reside en mi memoria, aquello que es pensamiento, que es conocido, que es tiempo…
    Por lo tanto para estar abierto a lo Desconocido: No Sé, No Busco, No Espero…

  3. lola

    8 junio, 2011

    Gracias por seguir aportando enfoques, los echaba de menos…
    Semillas de luz que en cada cual arraigan atravesando esa «película», cual osmosis,; permitiendo reconocer lo que ES…recordarlo , que lo hemos sentido, qye lo somos …y no OLVIDARNOS.

  4. ruth

    8 junio, 2011

    Gracias por volver Jose María. Yo creo que el egocentrismo es el mayor virus que sufrimos en la actualidad, los que luchamos para no caer en el, encontramos que rodeados de este tantas personas ciegas, es un escape que asumimos como autodefensa, personalmente ante el daño que produce este egoismo actuo intentando emanar amor por todo y por todos, si hacemos de esto una ley llegará un momento que será mayor el todos al yo y eso espero que sea al derpertar…

  5. ¿Despertar? ¿Hacer? ¿Unidad?

    10 junio, 2011

    «Mientras llega el despertar, ¿qué puedo hacer para vivenciar esta Unidad?»

    No tengo que Hacer nada porque si Hago, descuido el Ser.
    Soy Uno con Todo.
    Si Hago me Separo, me Divido, me identifico con el Ego.
    Estoy Alerta, en Calma, Presente,
    Desidentificado de Emociones, Pensamientos, Reacciones y Formas.
    Soy un Campo de Conciencia, de Presencia Alerta.
    Estoy en el Ahora, Soy el Ahora.
    Soy Uno con Todo lo que está en el Ahora.

  6. jose

    11 junio, 2011

    maravilloso enfoque de una realidad subyacente,
    el despertar está en anular el ego sin duda

  7. ester

    11 junio, 2011

    el ser es lo que nos hace a uno mismo

  8. Leonor

    11 junio, 2011

    Siento que «las horas de Silencio y Compromiso» son las que pueden ayudarnos a recuperarnos de la amnesia que padecemos.
    Creo que todos partimos de la base de la montaña con los ojos vendados, según nuestro temperamento/caracter… vamos deshaciéndonos de las vendas o no. Cada uno tenemos una lección que aprender y una serie de recursos para lograrlo; solo es necesario que contactemos con ellos.
    ¿Como sanar la «Herida Primordial»?. Cuando en el cuerpo se produce una herida todo el organismo (cada célula) se pone en marcha, haciendo cada uno lo que le compete hasta llegar a la cicatrización de dicha herida; todos unidos con un fin común. Quizás lo primero, es saber que hay Una Herida y una vez que lo sepamos hacer cada uno nuestra parte.

  9. ¿Vivencia? ¿Retorno? ¿Perfección?

    17 junio, 2011

    «…y tras la insospechada vivencia de…., el retorno al vacío radiante y creador, un vacío que como pura conciencia revela la perfección que tan solo los místicos de todos los tiempos han señalado con unanimidad.»

    ¿Cómo puedo dejar de evadirme?
    Viendo la verdad de que todas las evasiones conducen a la ilusión y al sufrimiento.
    La verdad libera.
    No puedes hacer nada para liberarte.
    La acción misma de dejar de escapar es otra evasión.
    El más elevado estado de inacción es la acción de la verdad.

  10. Paco

    21 junio, 2011

    desde la base a la cima
    la montaña te estimula
    a veces suave ,otras dura
    es la senda del destino

    terrenal como divino
    se manifiesta el presente
    el vendado y el vidente
    caminan al mismo ritmo

    tan especial logaritmo
    no se explica con la mente

  11. Laura

    2 julio, 2011

    Despojarse de cualquier identificación egóica, es el «Unirse con el TODO». Nunca siento tanta liberación y bienestar como cuando resuena en mi ese mantra que dice: No soy mi cuerpo, no soy mis deseos.. soy lo que queda, «Un puro centro de percepción consciente».
    Gracias¡

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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