Mágico vivir

Las cadenas del pasado

Por el 5 marzo, 2012
Una mañana de domingo, encontrándome en Santa Cruz de Tenerife lugar en donde vivía, sentí la necesidad de saber en qué área práctica de la vida aplicaría un día futuro, la larga preparación filosófica y humanista que llevaba tiempo incorporando mi persona.

En realidad tras tantos viajes, conferencias y libros de búsqueda interna, estaba llegando el momento de encontrar un espacio de aterrizaje en el que de verdad pudiese comenzar a ser útil a la sociedad en el día a día.

Recordaba como había dejado atrás la vida empresarial, y a su vez como había reconvertido mi mente y mi corazón en entrega silenciosa a la esencia. Sin embargo, ya habían pasado más de 10 años en los que no había hecho otra cosa que investigar, meditar y viajar, allí donde se escondiese cualquier tradición rigurosa para expandir la consciencia.

Mi persona aquella mañana estaba inquieta. La presión para encontrar un camino profesional en el que aplicar todo lo vivido y comprendido, urgía en mis venas. Sentía la necesidad de saber ya el cómo devolver a la humanidad lo que durante tantos años, la generosa vida había invertido en lo hondo de mi persona.

Podría decirse que me hallaba listo para “salir de fábrica” y entrar en el mundo a… ¿hacer qué?, me preguntaba inquieto …  El caso es que la puerta de vuelta todavía no llegaba, e ignoraba si era porque no estaba suficientemente preparado, o bien porque mi camino era una locura y no valía en realidad, para nada. Fue por ello que aquella mañana me preguntaba una vez tras otra:

¿Cómo transmitir lo que en mi camino iniciático había descubierto mi alma?,

¿Tendré sitio en el mundo que dejé en la superficie y la materia?

¿Cómo ser útil a la parcela de humanidad que el universo asigne a mi persona?

Sentía que tras tantos retiros en monasterios y labores humildes y hermanadas, precisaba expandir lo que tanto bien había hecho en mi persona. En realidad llevaba ya un largo entrenamiento junto a seres sabios que proveían de mapas  en el camino de la progresiva autoconsciencia. Sin embargo, me preguntaba:

¿De qué sirve tener tantas vivencias de soledad contemplativa y aventuras de relación humana, si estas mueren conmigo sin germinar en el corazón de otras almas?

Si en realidad me había servido lo que había encontrado, ¿cómo iba yo a seguir en mi particular cueva filosófica sin salir al mundo para convertir todo mi bagaje en crecimiento, alivio y alegría?

No era cuestión de meterme a fraile, ni tampoco de hacer votos en un monasterio budista. Por otra parte me resistía a volver al mundo y colocarme en un trabajo que tan solo me diera horarios y las pocas rupias que mi vida sencilla necesitaba.

Tras mi anterior etapa de empresario con coche de rally y caballos de salto en propia cuadra, me veía lejos de aquello y adentrado en una nueva existencia. Recordé que tal vez por haber vivido el Zen entre otras prácticas, había bajado a tierra, fregando platos en Londres, vendiendo aretes en México ejerciendo de titiritero en Grecia, ensamblando un stand de feria en Brooklin, realizado un nuevo Tarot, y escribiendo guiones de arte para la TV canaria. Y tales ocupaciones, además de que me dieron algún dinero, fueron toda una terapia para mi mente todavía ligeramente apretada.

Así que en un arranque del corazón, pedí directamente al Universo

¡Señálame el camino!

¡Necesito aplicar lo comprendido en estos años de búsqueda!

¡Ofréceme aunque sea una señal que mi ser reconozca!

Tras haber pronunciado lo que apretaba en mi pecho y tensionaba mi cabeza, sentí deseos de cabalgar en mi potente moto y recorrer la isla. Pensé que tal vez el aire fresco en mi cara y el baile arriesgado de las curvas, aliviaría la urgencia de averiguar lo que mi alma padecía.

La carretera estaba soleada y en esa época las leyes permitían ir en moto a pelo frente al viento y sin casco en la cabeza.. Al poco, mi moto rugía osada y adrenalínica, adelantado coches y superando caravanas.

De pronto, al llegar a la zona oeste, en plena falda del Teide, topé con una fila de coches parados en mitad de la carretera. Pensé, “afortunadamente tengo moto y este atasco me lo paso en dos patadas”. Así que aceleré y me fui acercando atento al origen de esa parada.

Y … ¿qué vi?

No era ningún accidente, ni tampoco un control de policía, …

¡No puede ser! Exclamé. Era tan solo un perrillo algo perdido que arrastraba una larga cadena. Me gustó el respeto con que los canarios aguardaban el largo recorrido que este animalito exigía hasta no cruzar con él, sus más o menos 7 metros de cadena pesada.

No lo dudé. Aparqué la moto y me dirigí al perrillo que desconcertado se hallaba en mitad de la calzada. Le silbé amistoso y se acercó a mí a ese pasito trotón, de quien arrastra tantos kilos de peso a sus espaldas.

Una vez en la cuneta el perrillo y su cadena, los coches arrancaron y se disolvió la caravana. Fue entonces cuando miré despacio al animalito que sereno me miraba. Comprobé que en su cuello había un collar de cuero fuerte y descubrí que bajo del mismo había una gran callosidad de piel seca y acuerada. Deduje de inmediato, que había debido tirar durante muchos días de la pesada cadena que soportaba.

Traté de tomar en mis manos su cadena y ¡Uf! ¡Qué barbaridad! ¿Cuántos kilos pesará esto? Desde luego no era una cadena corriente, era de eslabones grandes y un hierro de primera. Supuse de inmediato que aquel perrillo viviría atado en alguna casa solitaria, de esas que se habitan tan solo en fin de semana. Supuse también, que ese animalito mucho habría deseado la libertad tirando una y otra vez de su cadena. Supuse que tiró y tiró, hasta llegar un día en que de pronto, su libertad fue cosa hecha.

Miré a los alrededores, no había casas cerca, era puro campo todo lo que nos rodeaba. Pensé que este personajillo habría sobrevivido cazando lo que podía, sin embargo, no estaba muy delgado, ni parecía enfermo, tan solo era una ser que había elegido un destino nuevo, una vida en libertad y en busca de experiencias. Seguramente su vida anterior era una atadura, y su radio de acción tal vez limitado a los pocos metros de la cadena. Posiblemente miraría lejanas montañas y su instinto le diría que un día, las recorrería libre y sin ataduras…

Mientras percibía estas imágenes, el perrillo muy tranquilo me miraba. Así pues, decidí por de pronto liberarlo de la cadena, después, ya vería.

Hummm ¡Qué fuerte estaba ésta prendida a su collar! El hierro era muy grueso y estaba lleno de roña. Sentí que las lluvias vividas en montes y valles, así como los días de luz y noches de tormenta, habían dejado su huella. Tuve que forzar algo su cuello para soltar su cadena, al tiempo que él sin entender nada, aceptaba rendido como si algo sintiera.

Me pregunté entretanto, ¿cuántos seres humanos decidieron arriesgar una nueva vida a costa de dolor y lastres que rebajarían la merecida calidad de su aventura? ¿Cuántas personas habrían soltado familias, ciudades y parejas y sin embargo, arrastrarían consigo, rencores, traumas y culpas?, ¿cómo ayudar a soltar las cadenas de esta estirpe de peregrinos libres que saben desprenderse de vidas estancadas y dormidas?

Finalmente logré soltar su cadena y la guardé en una gran maleta que mi moto atrás llevaba puesta.

¡Qué bien atado estaba! ¡Cuánto valor y fuerza para soltarse y atravesar montañas con el lastre de su pasada vida a cuestas!

Una vez liberado y mirándole a los ojos, le dije susurrando que siguiera su camino, que yo por mi parte seguiría en moto y además su destino, era seguir adelante con su propio mapa.

Comprobé que no se apegaba a mí y que captaba muy bien de lo que iba la película, así que dio media vuelta y al mismo ritmo trotón de antes, comenzó a ascender por un sendero de montaña.

Le seguí con la mirada mientras se alejaba y comprobé que no daba saltos de alegría. Pensé que a pesar de haberse quitado de encima el lastre de su pasado, tal vez todavía no se daba cuenta de lo que en un corto espacio, había cambiado su vida.

Poco a poco, fue subiendo en sinuosas curvas la falda de aquella montaña. Miré la cadena de nuevo y ¡Uf! Pensé: seguro que este animalillo valiente que ahora anda en lo mismo que otros días, es decir, comer, beber, reproducirse… se encontrará con algún otro perro libre. Y ante la pregunta que hacen los amigos, ¿qué tal te va la vida? Contará:

“Pues muy bien. Inexplicablemente bien. Me canso menos y donde antes recorría una montaña, ahora me hago tres sin descanso ni fatiga. Y si antes me costaba conseguir comida y amistades, ahora, sin embargo a la primera sintonizo, y vivo con otro punto mis andanzas. Por otra parte, he conocido a una perrita y yo que me enredaba en todos mis anteriores intentos, ahora las cosas funcionan a la primera. En realidad amigo mío, quizá se trate tan solo de una racha… aunque… ahora que lo pienso… déjame recordar…. “

Sí… En realidad tengo una imagen muy vaga de lo sucedido. Recuerdo que tras soltar mi vida pasada en la que vivía atado en un patio, y más tarde atravesar dificultades en una dura y solitaria travesía, sucedió una mañana mientras cruzaba una carretera… que me crucé con un terapeuta que me amó y me llamó por mi verdadero nombre. Y de pronto, sentí que algo extraño pasó, que aquel encuentro sería un antes y un después en mi existencia. Hummm, no sé,… tan sólo recuerdo que había una gran Luz en la montaña”.

Desde entonces… mi vida ha cambiado. Sí, ahora las cosas son fáciles. Tal vez a partir de aquel momento en el que mi vida se cruzó con la suya, tuvieron sentido las muchas horas que padecí buscando una salida a mi noche oscura…”

Mi moto de nuevo rugía y en el interior de mi maleta iba el testimonio de una señal que el universo regalaba a mis recientes demandas de profecía.

Pasados los años y conforme escribo estas líneas, observo que me acabé haciendo ginecólogo del alma y constituyendo una Escuela y una Fundación Transpersonal para expandir la autoconsciencia.

¿Está escrito nuestro destino?

Lo que sí sabemos es que el universo conspira en favor de nuestras íntimas demandas.

A veces parece que todo, absolutamente todo, refleja una Plan de amor y luz que nos busca y encuentra de manera mágica.

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0 Comentarios
  1. Paco

    5 marzo, 2012

    Jose María

    Me toca ser el primero en agradecerte tan bella anégdota.

    Sabidurìa perenne , vida y milagros de un monje del siglo 21.

    Saludos desde la afortunada Isla de Tenerife .

    Nos vemos y reconocemos .

    paco
    ( peregrino del vivir)

  2. Amalia

    5 marzo, 2012

    Sí,¡ qué versatilidad la tuya! A menudo me doy cuenta de que la vida da muchas vueltas y, cuanto más receptivo te muestres, mayores son los regalos de la vida. La sabiduría es un don para ser compartido, lo que uno construye ha de ser para los demás…claro, que durante ese proceso de creación, se despiertan muchas idas y venidas, momentos de confusión, decepciones profundas… Y al final, la recompensa , cuando uno descubre su propio canal de transmisión. Pero nuestro juego existencial nunca tiene fin, no sabemos aún dónde acabaremos y con quien…La sorpresa forma parte de ese gran misterio.

  3. elisa

    6 marzo, 2012

    Gracias JM.
    Descubriendo dia a dia y compatiendo tu sabiduria reconozco en mi persona gratos momentos.
    Esto que leo me hace retomar de nuevo mi confianza en el Universo. No sé si el destino ya esta escrito o mas bien el personaje que somos en cada momento lo va representando o escribiendo conforme va creciendo.

  4. Devagita

    6 marzo, 2012

    Un precioso relato.

  5. Lola

    8 marzo, 2012

    ….Existen dos Grandes y Profundas fuerzas integradoras de la realidad que experimentamos:

    Una es el Conocimiento, que integra-agrega en la ignorancia “la duda”…

    Y la otra es el AMOR..”que es capaz de desdibujar la condición personalistica de la propia necesidad…para entregarse ….en el acto de COMPRENDER…que se comprende así misma.

    Cuando ambas se UNEN en la urdimbre de la VIDA, el Universo se reordena…aparece una condición TOTAL…..
    aunque “aparentemente” nada ha cambiado…

    Gracias, por cada una de las etapas ..de los pasos…
    de este Blog: Observando…Descubriendo…

    ATENTOS.

  6. beatruz

    11 marzo, 2012

    Gracias x ser. Gracias x ese relato.

  7. andres

    12 marzo, 2012

    Me alegro por su cambio

  8. Elena

    13 marzo, 2012

    Gracias por continuar quitando cadenas!

  9. Sergio Mendoza

    14 marzo, 2012

    Jeje… Gracias querido JM… una comprensión que llega a lo más hondo de mi ser… «algo» que «ya he vivido», «algo» que «resuena», «algo» que «se me hace familiar»… Te abrazo!!! paz…

  10. Rocio

    22 marzo, 2012

    Me encantó!…

  11. Cristina del Pozo García

    28 marzo, 2012

    Hola José María,

    Cuántos recuerdos me traen este relato, del tiempo que trabajé contigo. De esa llama que se prende, y que sigue viva, esperando su momento.

    Al igual que el perrito, mi camino se cruzó con el tuyo, y aunque no lo sepas bien, algo en el espíritu se prende, esperando su momento. A veces se nos olvida vigilar, cuidar y mantener esa llama. Pero el espíritu está alerta, para avisarnos de cuándo es el momento de seguir nuestro verdadero camino. Y llega un momento en que por mucho que intentemos ignorarlo, la llamada es más fuerte que cualquier cosa, y rompemos nuestras cadenas. Después iremos cargando con ellas, un tiempo, pero más tarde nos curaremos y nos liberaremos.

    Ese debería ser el destino de todos. Es es ahora mi camino. Gracias por todo lo que me diste en su momento. Nos volveremos a ver pronto.

    Un gran abrazo

    Cristina

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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