Los dos pilares
Descubriendo

Los dos pilares

Por el 5 diciembre, 2011
Al parecer en esta insospechada vida, el ser humano enfrenta las dos caras de su mente dual. Y así como vienen días soleados de suaves brisas, por el contrario, sucede que el cielo de pronto se encapota, dando paso a tiempos de tormenta y ansiedad. Pues bien, ayer tuve la ocasión de escuchar a un amigo “acerca de cómo le iba la vida”, un tiempo en el que al parecer tocaban reiterados meses de tormenta. Tras escuchar, me pregunté:

¿Qué puede hacer un ser humano cuando se siente tensionado y mordido por lo que parece no poder resolver? ¿Qué puede hacerse cuando vivimos en un marco de trabajo en el que no nos sentimos motivados, compensados ni creativos? ¿O bien vivimos conviviendo con una pareja con la que ya hay muy poco que compartir, una relación en la que  la ausencia de pasión y el aburrimiento se hacen presentes dos días sí y uno no? ¿Y si se siente además que los hijos reciben con exigencias sin devolver ni tan siquiera las gracias? ¿Qué hacer ante una vida sedentaria, sin proyectos entusiastas, y con cierta música de pesimismo y decadencia? ¿Y qué hacer cuando aparecen frecuentes sentimientos de soledad, resignación e impotencia ante el horizonte de envejecer que parece tocar a muchas personas en su particular momento vital?

Parecerá una vulgar receta, pero los dos pilares que voy a señalar tienen una raíz común: “Crecimiento”, un crecimiento hasta la muerte que puede ser asociado a la frase de Einstein:

“Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de consciencia en que se creó”

¿Y cómo se hace eso de crecer?, ¿acaso hay niveles de consciencia, “modelo escalera”?, ¿tanto poder tiene el silencio contemplativo?, ¿acaso el simple hecho de observarse, permanecer atento, y fluir desde la presencia resulta ser una panacea?, ¿puede todo eso entrenarse?

En realidad el crecimiento como medicina se basa en dos pilares: Psicoterapia y Meditación.

Entiendo como psicoterapia un proceso desde el que somos acompañados en el noble oficio de auto descubrir y devenir conscientes. Un proceso en el que al tiempo que vamos ampliando el “darnos cuenta” de la calidad de nuestras emociones y pensamientos, devenimos asimismo conscientes de cuáles son las verdaderas intenciones de nuestras acciones. En realidad mediante la psicoterapia no tardamos en asumir la responsabilidad de nuestra vida emocional, una responsabilidad que puede culminar en el florecimiento de la compasión y la sabiduría.

La psicoterapia en su sentido óptimo supone un proceso en el que aprendemos a gestionar nuestros íntimos significados, orientar sabiamente la mirada interior, y aceptar activamente lo que hay sin resignación alguna. Aceptamos porque comprendemos, al tiempo que dejamos de “echar balones fuera” y cargar de culpas a lo que parece irritarnos.

En este sentido, alguien dijo que lo importante no es lo que sucede, sino lo que hacemos con lo que sucede. Y lógicamente para ajustar cada día las velas hacia el verdadero rumbo que nunca defrauda, conviene tener en cuenta que la psicoterapia permite reflexión y consciencia de nuestras sombras más sumergidas, al tiempo que desarrolla habilidades para neutralizar pautas no deseadas.

La meditación por su parte es una práctica de introspección basada en el silencio y la atención plena, práctica por la que se aquieta el mundo mental y se facilita el acceso a niveles profundos de consciencia. Tal vez algún curioso que nunca haya practicado meditación, y mire por el ojo de la cerradura a un practicante de la misma, se pregunte, ¿tantos beneficios tiene el hecho de permanecer en silencio y sin aparente “hacer nada”? En este sentido responden innumerables estudios neurológicos, bioquímicos y espirituales señalando que en realidad, el silencio y la respiración consciente son una de las más potentes medicinas para la pacificación y apertura de consciencia que el ser humano de nuestra actual civilización más precisa.

La meditación es el puente a una paz sin causa que reside más allá de la actividad mental, el puente asimismo a la confianza y benevolencia propias del ser profundo. La meditación permite el acceso a la vivencia transracional que aflora conforme se atraviesan las capas de cebolla de la periferia pensante, y se revela la quietud nuclear y despierta de la esencia.

Tal vez psicoterapia sin meditación, o meditación sin psicoterapia, pueda cada una por su parte ayudar a la purificación del personaje que llevamos puesto, y contribuir a la supresión del sufrimiento. De hecho la contemplación en sí misma ya es transformadora por el simple hecho de observar y descubrir quiénes somos en realidad. Pero como dice el Evangelio: Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Por lo que no estará de más que demos al personaje que encarnamos una ración de autoexamen y entrenamiento personal, y por otro lado, honremos también a la esencia transpersonal que somos, mediante la comprensión y  descubrimiento de su infinitud.

Recordemos que así como la ciencia de la psicología contribuye al pulido y abrillantado del personaje con el que nos movemos en el samsara de las ilusiones, por su parte, la espiritualidad derivada de la práctica contemplativa, alienta ese camino iniciático por el que atravesamos la mente pensante, y con ella la máscara que cubre la verdadera identidad.

En la llamada Terapia Transpersonal. El terapeuta transpersonal integra estos dos pilares, procediendo no solo a acompañar con amor y sensatez procesos de ampliación, sino que además trabaja con la meditación, una práctica en la que entrena a su paciente.

En realidad, vivimos el tiempo de la integración, en este caso integración de los dos pilares en el gran Uno de la consciencia, un estadio que se revela como amor cuando eso nos encuentra y se abre el corazón.

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0 Comentarios
  1. CARMEN

    6 diciembre, 2011

    Me ha parecido super-interesante este artículo.Pero a mi pobre y escaso juicio es un recorrido que no se puede hacer en soledad.No es fácil encontrar personas y compartir una meditación profunda que ayude a crecer, a sacar fuera, todo lo bello y bueno que reside dormido en el interior, como es en mi caso por ejemplo.Hay muchos frentes en el exterior, que inconscientemente te hacen olvidar todo lo que realmente ERES.Estos artículos son una fuente inagotable de sabiduría y aprendizaje.Es de agradecer el poder acceder a ellos por la bondad desinteresada de su autor.

  2. andres

    12 diciembre, 2011

    El recorrido hay que hacerlo con un psicologo.

  3. lidia R

    28 enero, 2012

    Integrar es el camino a seguir en estos momentos. Integrar aspectos como los que mencionas en tu reflexión y que se nos han vendido como opuestos sin serlo.
    El mejor aompañante para el camino, en mi opinión, es alguien que halla recorrido muchos y variados caminos y halla sabido quedarse con lo mejor de cada uno e integrar como bien dices, psicología y espiritualidad. Un saludo

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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