Observando

Me come la rabia, ¿qué hago?

Por el 27 septiembre, 2010

¿Crees todavía que eso del perdón es tragar lo que te parece injusto y ofensivo?
¿O bien piensas que para perdonar hace falta admitir la conducta que rechazas?
¿Has pensado alguna vez qué hacer cuando la rabia nos come o el rencor nos corroe?

¿Hay algo que esclavice y dañe más a quien lo padece que la rabia y el rencor?, ¿existe algún antídoto eficaz para quien se siente carcomido por ese virus que al igual que las termitas, come al alma? ¿Qué quiso decir hace cuatro mil años El Mahabarata, cuando señaló: “La conservación de la especie se debe a que el hombre sabe perdonar”?

¿Hay algo que perdonar? Tal vez habrá que mirarse si queda algún resentimiento de aquella separación en la que sentimos odio e impotencia en las discusiones de dinero y de la tutela de los hijos, o bien cuando nuestra suegra se nos aparecía como una patética capitana que manipulaba a nuestra esposa o marido, o bien cuando por fin descubrimos las cartas de amor que nuestra pareja escribió a su amante y sentimos: “Oh entonces… ¿todo lo que hacía y me decía en la cama durante estos dos últimos años, era una farsa?, o bien cuando nuestros hijos adolescentes pasan de toda obligación y tiranizan a quienes los cuidan, o tal vez cuando el que sonríe a nuestra cara y a quien deparamos confidencias, nos pone verdes a nuestras espaldas , o quizá cuando sale elegido quien justo menos se lo merece y peor nos cae, o cuando gana más dinero y tiene más éxito aquel que parece más falso y da más coba, cuando… cuando…

El odio y la rabia es como una brasa que queremos lanzar sobre nuestro enemigo, una brasa que mientras la apretamos nos quema. Llega un día en el que el odio nos enferma y finalmente nos abrimos a la salud y con ella al perdonar, todo un acontecimiento, pero, ¿a quién hay realmente que perdonar? Aunque parezca mentira, habrá que comenzar por perdonar a uno mismo, es decir aceptar nuestros actos pasados con toda la compasión, benevolencia y responsabilidad que merece un sabio mirar. Se trata de asumir la responsabilidad y el aprendizaje de nuestros actos, al tiempo que limpiamos todo resquicio de culpa y castigo que viva larvado en nuestro subconsciente. Cuando nos aprieta el rencor que un día fue sembrado por impotencia, conviene revisar nuestra propia historia personal y proceder a contemplarla con una mirada madura y cargada de humildad. El perdón a uno mismo, a la vida, al Universo, y todos sus reflejos derivados, como, por ejemplo, a nuestros padres, a nuestras parejas, a nuestros hijos y a nuestros ofensores… no es un acto de inteligencia, sino un regalo de la Vida.

Tal vez tengamos que considerar el perdón como un acto de comprensión, algo que no se puede provocar. La comprensión es una liberación que tan solo “sucede”. Y posiblemente la puesta en marcha del proceso que esta conlleva, comenzó por un: “Sí quiero”, dos palabras claves por las que comienzan tantas cosas…  Al parecer una de las más poderosas fuerzas que movilizan el universo que vivimos deviene de haber “querido” lo que queremos que suceda.

¿Qué tiene de mágico o misterioso eso de la súbita comprensión? Por de pronto conviene discernir que comprender no es lo mismo que entender, algo que tan solo se reduce al ámbito intelectual o racional. El hecho de “comprender” supone incorporar, encarnar e integrar aquello que en su día pudimos entender, y que de pronto atestiguamos que ya lo somos.

Es por ello que el perdón no es un acto mental de justificación o de excusa de la acción del otro, sino que es un acontecimiento espiritual, un suceso que como un regalo de la Gracia, un día nos encuentra, al tiempo que lava nuestro corazón de presión y mordedura rabiosa. Una Gracia a la que tal vez podamos abrirnos, comenzando por entender que quien perdona no está precisamente aceptando la conducta que rechaza, ni tan siquiera estando disponible para tomar copas con su ofensor. En realidad se puede perdonar, y al mismo tiempo demandar judicialmente a quien sentimos lo merece, sin que sean conductas excluyentes.

El perdón es un acto íntimo, anónimo y silencioso, un acto de reconocimiento profundo por el que, de alguna forma, de pronto comprendemos la pauta de conducta y las intricadas programaciones mentales del ofensor. Sucede que incluso percibimos el curso de su infancia y las condiciones familiares que tal vez éste enfrentó cuando era un niño inocente y asustado.  Sucede entonces que sentimos la inocencia de todo ser humano, incluida la nuestra por patética y perversa que a nuestros ojos, haya sido cualquier acción atrás cometida.

Reconocer que todo es perfecto, incluidos nuestros deseos de cambiarlo, no es solo un inteligente acto de deducción translógica, sino que supone un estado de lucidez y globalidad que acontece a todo ser humano abierto a comprender. A comprender que la herida objeto de ofensa, tal vez estaba presente en nosotros antes de tales sucesos, y que todas aquellas personas que han tenido que ver con nuestros odios, miedos e injusticias, merecen nuestra más profunda compasión.

Alguien dijo: “Pedid y se os dará”.
¿Cabe mejor petición que la propia libertad?

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0 Comentarios
  1. Luz

    29 septiembre, 2010

    Acabemos con esta farsa. BASTA YA DE SUFRIR!!!!!

  2. Elena Carlota

    29 septiembre, 2010

    Hola a todos.
    El término perdón parece que hace suponer que alguien es culpable de algún acto cometido en perjuicio de otro, con lo cual, está asociado a culpabilidad y además, sitúa a la persona que concede el perdón, en un plano algo superior al que, en teoría, ha de ser perdonado por la supuesta ofensa cometida.
    Por eso me gusta más el término comprensión. Como bien explicas, la comprensión no hace alusión a culpable o a víctima, a ofensor u ofendido. Abarca mucho más: la sabiduría de que no existe ofensa alguna cuando se ha trascendido el mundo de las dualidades. De que aquello que sucede es lo que nos corresponde experimentar para poder evolucionar en el camino de convertirnos en seres humanos conscientes de nuestra esencia divina… En todo acontecimiento que nos suceda, por duro que sea, no se trata de señalar a un culpable, sino de aprender de lo sucedido, extrayendo la enseñanza que nos sirva para pasar página.

    Un abrazo

  3. ruth

    29 septiembre, 2010

    Sí, creo que tenemos que perdonar por propia evolución, por la filogénesis conductuctual, tendemos a evolucionar y a adaptarnos al medio para sobrevivir, muchas especies animales han sufrido cambios al igual que el ser humano pero los nuestros no son apreciables a la vista. El odio es contraproducente eso lo sabemos todos es como un virus que no te deja ver la luz ,ni ser feliz, a veces cuesta aceptar a las personas y a nosotros mismos pero todos hemos sido víctimas o verdugos en algún momento.Hay que aceptarse para aceptar y respetar.Un abrazo

  4. Luz

    30 septiembre, 2010

    QUE LO QUE SUCEDA HOY EN EL MUNDO LO SEA POR MI SUPREMO BIEN Y POR EL BIEN DE LA VIDA EN TODAS PARTES.
    QUE LO QUE SUCEDA HOY EN EL MUNDO LO SEA POR MI SUPREMA PAZ Y POR LA SUPREMA PAZ EN TODAS PARTES.
    QUE LO QUE SUCEDA HOY EN EL MUNDO LO SEA POR MI SUPREMO AMOR INCONDICIONAL Y POR EL SUPREMO AMOR INCONDICIONAL EN TODAS PARTES.
    AMEN.

  5. KARINA

    7 abril, 2011

    NECESITO CON URGENCIA PERDONARME A MI Y ESTA RABIA INTERIOR QUE NO ME DEJA CAMINAR DERECHA ESTOY FURIOSA CON TODO Y QUIERO QUE TERMINE DEBO PERDONAR A TODOS LOS QUE GENERAN ESTA BRONCA Y CUBRIR TODO CON UN MANTO DE PERDON LO HARE LO HARE LO HARE ,

    PERDON ,LO SIENTO, GRACIAS ,TE AMO
    PERDON LO SIENTO ,GRACIAS TE AMO
    PERDON ,LO SIENTO,GRACIAS ,TE AMO

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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