Observando

Meditación en Wall Street

Por el 1 noviembre, 2010

¿Crees que meditar es algo exótico para gente vegetariana que no se enrolla con el futbol?
¿Acaso piensas que para meditar necesitas un lago, un templo o estar a solas en casa?
¿Piensas que los que meditan pasan del sexo y viven en una mojigata idealización?

¿Qué está pasando en el mundo occidental con respecto a la llamada “meditación”? Si bien en el siglo pasado era cosa de unos pocos “colgados” que sintonizaban con ese lejano Oriente, ahora por el contrario comienza a ser algo cotidiano en empresas, aeropuertos, editoriales, centros comerciales, y en toda clase de ofertas culturales de crecimiento personal. Y aunque esto es una realidad social de crecimiento vertiginoso, merece detenerse unos minutos y clarificar algunos engaños que circulan respecto a la misma.

Por de pronto la llamada meditación debería cambiar de nombre y ser más bien conocida como ”contemplación”. En realidad la meditar no es reflexionar, ni dar vueltas a las cosas, o averiguar mediante el uso del pensamiento. Así pues contemplar es una práctica de atención plena al momento presente, es decir, hacerse plenamente consciente de las sensaciones, emociones y pensamientos que circulan ahora por el campo de percepción. Esta práctica de la observación que incrementa el silencio interior, es decir un silencio que se parece al apaciguamiento y quietud, está tan mal entendida que, en general se piensa que para meditar correctamente “hay que dejar la mente en blanco”, cosa que de creerse así, puede torturar al principiante que termina por calificar a la misma de “misión imposible”. Aclaremos que una cosa es observar los pensamientos y darse cuenta de que pueden brotar espacios vacíos entre cada uno de ellos, y otra cosa buscar ese vacío como objetivo meditativo.

La práctica de la contemplación es todo un regalo que la milenaria sabiduría ha legado a este ser humano tan profundamente desorientado en los vericuetos del pensamiento y la memoria como el de nuestra actual civilización. ¿En que se basa esta afirmación? En algo clave y al mismo tiempo desconocido para la realidad ordinaria: el pensamiento no es el camino de encuentro con la verdad, ni tampoco es referencia de sabiduría. El pensamiento no crea lo Nuevo, sino que más bien se construye y alimenta de la memoria, es decir de “materia muerta”, al estilo fotocopia, es decir nada creativa ni espontánea. El pensamiento crea el tiempo, y discurre entre los estrechos e ilusorios cauces del pasado y el futuro.

Tanto el pensamiento como la información son lo que todavía moviliza a una sociedad prisionera de la lógica y la razón, una sociedad dormida en un “pienso luego existo”. En realidad el pensamiento no trabaja en el plano de la Realidad sino más bien en una vigilia que tan solo cuando trasciende es considerada como un sueño de ilusoria realidad. El pensamiento se desenvuelve en un estado mental tan limitado como separativo y dualista, un estado subóptimo que tan solo resulta útil para controlar y deducir aspectos técnicos de la existencia.

A poco que se investigue se reconocerá que el pensamiento no es la herramienta adecuada para crear, para amar, para sentir la belleza, para descubrir la verdad, ni para satisfacer la necesidad de comprensión que anhela el ser humano en proceso de despertar. Es por ello que conforme se evoluciona, se siente la necesidad de  descubrir un nivel más allá del mismo, un nivel desde el que vivirse sintiendo, creando, comprendiendo, amando y confiando desde una conciencia de unidad.

Y para atravesar este plano de la esfera pensante y entrar en una percepción tan creativa como multinivel, la práctica de la meditación es un auténtico turbo, una herramienta sin ideologías a las que adherirse ni religiones a las que afiliarse. La meditación aunque se realiza desde la no intención ni el deseo de sus frutos, se sabe que abre suavemente el melón de la cabeza pensante. Una apertura que permite el acceso a un nivel de consciencia desde el que vivirse en un presente continuo, un presente en el que no cabe el sufrimiento ni la tiranía anímica de la anticipación y el recuerdo. Un nivel de consciencia que visto incluso desde una perspectiva pragmática, tiene tantos beneficios que incluso los jóvenes “tiburones” de Wall Street están comenzando a practicarla. Y aunque todavía muchos de ellos la han incorporado en sus vidas con la esperanza de no estresarse, así como de acceder a espacios de genialidad, también cuentan con la temprana expectativa de tener más energía para hacerse ricos.

En este orden de cosas, el silencio es el gran camino para ahondar en la observación y el discernimiento. De hecho, de no pasar varias horas al día en silencio, se corre el peligro de desconectarse del alma que nos mantiene en la cordura del corazón. Esta práctica continuada propicia asimismo el nacimiento de una identidad profunda e inafectada que puede ser denominada como Observador o Testigo. Un observador o identidad esencial que se vive como centro de percepción neutro y ecuánime, un Testigo que no se identifica con la corriente de pensamientos, sentimientos y sensaciones, a las que percibe pasar sin intervenir ni juzgar.

A este este nivel supramental o transpersonal se accede más fácilmente con la práctica de esta milenaria técnica de la contemplación, una técnica que en general comienza a iniciarse en los recintos especializados, y termina por llevarse a la vida cotidiana en el caminar por una acera, pelar una cebolla, consultar un programa bursátil, abrazar con pasión o sin ella… en realidad la diferencia entre el estado mental ordinario y el estado contemplativo, es que mientras en el uno se vive automáticamente, en el otro se vive de forma consciente y en sostenida presencia.

¿Todavía condicionaremos el logro de la paz y la alegría a la llegada de algo?
¿Es ya llegado el tiempo de reconocer que la salida de esta locura está justo más adentro?

ETIQUETAS
RELATED POSTS
0 Comentarios
  1. Patricia

    1 noviembre, 2010

    Hola a tod@s,
    lo único que puedo decir es que qué bálsamo de escrito… la perfeccionista que habita en mí, que da por saco con lo de la mente en blanco, se ha quedado «cuajada».
    Gracias por compartir,
    Besitos

  2. Leonor

    1 noviembre, 2010

    Esta mañana, paseando por Ascao (mi Wall Street), he sido testigo de algo curioso: hace un año cambie la meditación de casa (Zazen o Taichi) por caminar (pasear con mi perra); en este año han aparecido «chispitas o fogonazos», que me han proporcionado pistas importantes para mi vida; lo curioso de hoy ha sido que he podido seguir contemplando sin engancharme al «fogonazo». Ahora ya es tiempo de expresarlo,asi que os dejo para escribirlo; pero queria decir que ¡Es posible!

  3. maria

    1 noviembre, 2010

    No pienso solo siento que se puede meditar en muchos sitios y con velita mejor.
    Namasté.

  4. Iris.224

    1 noviembre, 2010

    Es probable que en los tiempos que vivimos en Occidente, la meditación sea dinámica o activa… en eso nos diferenciamos con los de Oriente.
    Para mí la contemplación es una forma de vida ,e intrínsica de la observación neutral de los acontecimientos que pasan en mi vida y que he aprendido a respetarlos y aceptarlos sin juicio.Ello sólo se produce cuando mi Ego está dormido ,relajado o más bien en estado alfa.
    Es así como aflora mi saber e como mis vivencias se hacen intensas desde el Sentir mientras hago…no sé trata de hacer dos cosas a la vez , sino más bien de hacerlo con conciencia.
    Sólo puede hablar el corazón cuando con el silencio se adormece el parloteo mental.

  5. Bodi

    2 noviembre, 2010

    El principio de incertidumbre aunque parezca mentira es el que mas puertas me abre a través de la meditación, tambien la atención sostenida a los huecos o espacios silenciosos por la información que brota de esa nada o potencialidad pura indicando que es posible el movimiento hacia la unidad, junto a la contemplación de la situación sin efectuar juicios, disuelve la tensión y aparece la poesía del alma. Es un dejarse llevar por el silencio para que floten las respuestas, absteniendome, sin inquietudes y con calma, para enfrentar los retos de superacion personal que nos depara la vida y el mundo en este momento. Solo me queda pedir bendicion a la creación y a inteligencia divina para allanar el camino.

  6. Tie

    14 noviembre, 2010

    Gracias Jose Maria por recordarnos que la salida de la locura está en nuestro interior, que no podemos condicionar el logro de la paz y la alegria a la llegada de nada, por mas que haya en nuestra mente intimos anhelos.
    Quiza en algún momento fué algo exótico y aparentemente poco práctico; en esta cultura ocidental donde la máxima «el tiempo es oro»está tan presente, y parece que hubiera que traducir las horas a euros, el acto de sentarse y en silencio podia parecer hasta descabellado, si no, una rareza como mínimo.
    A mi me ayudó Osho, él decia, sea cual sea tú potencial, lo encotrarás en la meditación, ya entonces esgrimiendo un argumento práctico, más acorde con la cultura que nos ha educado. Aún así a veces me cuesta encontrar el momento para sentarme aunque tambien es cierto que se puede meditar haciendo una tortilla o cualquier otra cosa, pues meditar es ese estado mental de consciencia en el presente, aqui y ahora. Tambien me ayudo una crisis, pues era la única manera de sacar a mi mente del recuerdo y la añoranza.
    Entonces trataba de meditar en todos los sitios, algo tan sencillo como sentir el fresquito y el calorcito que se produce en las aletas de la nariz cuando respiras. La mente se iva a un sitio y luego a otro, no pasa nada, yo regresaba al fresquito calorcito, mientras está ahí la mente no puede estar en otro sitio.
    Trataba de meditar en el coche, en el bus en el metro.
    A veces escuchaba cosas curiosas, hablaban como si no estuvieras. Una vez en el metro, alguien que se sentaba al lado dijo: mira ese, no se lo cre ni él, la chica que estaba con él le contestó: ya, que más quisieras tú.
    Se puede meditar en cualquier sitio, a veces la dificultad sirve para incrementar la práctica y debe ser bienvenida.
    Todo está bien.
    Gracias de nuevo José María.
    Un abrazo.
    Tie.

  7. chicaluna

    16 noviembre, 2010

    Me ha gustado lo de “abrir el meloncito pensante que tenemos por cabeza”. Me ha gustado el matiz de “contemplación”. Cuentan que Teresa de Jesús tenía al principio “problemas” con su oración, porque le vendieron que era “pensar y pensar”, y eso le resultaba agotador.
    Hay una historia acerca de un pobre hombre que todas las mañanas acudía al templo a orar. Insignificante y sin cultura. Y el santón oficial de turno le daba vueltas a qué haría aquel ignorante todos los días tanto y tanto rato… Así que un día le preguntó: ¿Qué le dices a Dios, cómo rezas? A lo que el hombre, sorprendido sólo pudo responder: ¿Decir???? Nada, no le digo nada!!! … Yo le miro y Él me mira…
    ¿Será acaso meditar eso? ¿Mirar y dejarnos mirar? ¿Descansar en ese espacio interno en el que no hay visto y veedor? Yo confío en que algo de esto hay, y mientras, muchas veces toca meditar a ciegas, mientras cae el velo que me impide Ver.
    Namasté

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

Suscríbete
¡Recibe los últimos artículos de mi blog en tu email!
Archivos
VISITA MI FACEBOOK
PÁGINAS AMIGAS