Observando

El mito de los maestros espirituales

Por el 18 octubre, 2010

¿Todavía crees que la personalidad puede tener solo una cara?, ¿la perfecta?
¿Acaso creías que era tan paciente y casto como parecía predicar?
¿Imaginaste que formar pareja con una persona tan “meditadora” sería un camino de rosas?

En el camino de búsqueda de la verdad que cada día más personas recorren, es frecuente encontrar la figura del “maestro espiritual”, figura modélica y ejemplar, tal vez inspirada en la incondicional entrega que se genera en la cultura oriental entre discípulo y gurú. Y el hecho de que sobre este gurú se tienda a proyectar las más sublimes idealizaciones, no quiere decir que éste realmente llegue necesariamente a encarnarlas en su propio nivel persona.

Quizá convenga aclarar de una vez por todas que no es lo mismo ser un “Maestro”, como parece que muchos discípulos tratan legítimamente de llegar a ser, que tener incorporadas una o varias “maestrías” en la esfera personal. Y en este sentido puede afirmarse sin temor a caer en la radicalidad, que el único Maestro que existe, es decir, aquello que se manifiesta tan perfecto como divino,  es el ser esencial que todo ser humano ES en su consciencia profunda.

El hecho de que un ser pueda servir de “maestro” a otro, no significa que su persona tenga que encarnar la perfección, sino que basta con que haga de espejo a la luz que el discípulo busca y que todos en realidad somos. Por otra parte, los seres que encarnan grandes capacidades mentales y espirituales, no dejan de tener dolores de cabeza, asperezas con los hijos o discípulos, días con mal tiempo en el carácter, y en muchos casos, enfermedades y muertes muy dolorosas. Una realidad que tiende a ocultarse para satisfacer las infantiles etapas de una humanidad que necesita modelos ideales para crecer, ya que al igual que todo niño, precisa del “mejor papá del mundo”. Sin duda una manera de enfocar la energía hacia valores y virtudes que actúan como los primeros faros de navegación.

Como bien se sabe, este discípulo que durante unos años de fervor y respeto modélico, ha necesitado idealizar a su “maestro”, tarde o temprano termina por crecer y madurar, al tiempo que tiene la ocasión de presenciar en éste, alguna salida de tono ajena a la habitual beatitud. A veces podrá pillarle infraganti satisfaciendo deseos oficialmente nada deseables en los “iluminados”, o simplemente observará en su maestro gestos de ira, manipulación o exageraciones varias que no ha podido reprimir en la cotidiana reunión de sus fieles.

Situaciones éstas que en la inmadurez del discípulo tienden a ocasionar desilusión y rabia. ¡Papá ha muerto!, ¿qué será verdad de todo lo que nos ha dicho? ¡Todo esto es un camelo! Sentimientos que naturalmente brotan en el joven peregrino, que de alguna forma, si quiere seguir avanzando, tendrá que acabar viendo desde el amor y la belleza, las limitaciones menos presentables, las arrugas más profundas y los deseos menos confesables… de la “esfera persona” de su iniciador. Todo ello sin confundir la Luna con el dedo que la señala.

Poco a poco y conforme el discípulo acepta su sombra, comienza a tener la “manga más ancha”, y asimismo a quererse con sus propias limitaciones. Finalmente termina también por percibir a su antiguo maestro con capacidades y competencias, en muchos casos tan admirables como exquisitas, es decir, cualidades de alta cultura derivadas de un largo cultivo. Es entonces cuando comprende que las maestrías son rasgos del alma, rasgos que se manifiestan con sabiduría a través de la propia esfera personal, esfera que por naturaleza es dual, contradictoria y vulnerable, por muy observada y trabajada que ésta haya sido.

Con el tiempo, el discípulo se da cuenta de que ya ha descubierto en sí mismo, uno a uno, todos los defectos que criticó en sus tiempos de “idealización académica”. Son los aspectos que ahora abraza en su viejo maestro, tornando a éste todavía más venerable que cuando era considerado como un avatar de incógnito entre los humanos con la misión de salvar a la Tierra. Es entonces cuando de pronto, los ojos del discípulo son ya capaces de percibir el amor profundo y una ternura infinita envuelta en intuición y sabiduría. Amor y lucidez que ni más ni menos son, han sido y serán las suyas, ni más ni menos que la expresión directa de la verdadera identidad o nivel en el que se despierta de la ilusión de considerarse persona separada, un nivel en el que ya no hay “otro”, en el que se ES unidad de consciencia. El nivel de de percepción que todo ser humano visitado por la Gracia es capaz de sentir y expresar.

El maestro no es aquel que transmite información, ése es el profesor. En realidad el maestro es quien deconstruye el andamiaje para atravesar el ego, el que facilita el desarme de resistencias, quien acompaña e inspira el proceso de ser lo que sabemos que somos, pero aún así seguimos soñando que no lo somos. El maestro es quien de alguna forma, despertó y dinamiza el despertar, el que transitó por el laberinto, se perdió una y mil veces, y quien en el camino de vuelta a casa, encuentra otros que también lo recorren.

¿Quién es el maestro? ¿Un libro, un atardecer, un perro, un inocente, un amante, tus padres, aquel anciano, el más humilde, el tacón de la bailarina, la flauta del eremita, las sandalias del peregrino, el dolor de aquel adiós, la mirada de la ternura, el relámpago, la herida de nuevo abierta, la sonrisa de una madre, tu voz, el falo de Don Fauno, la pérdida, el cielo estrellado, el pezón de la doncella, la muerte, el ojo de la vaca…?

Todo aquello que refleje tu esencia…
Aunque a veces para llegar a ello, se atraviesen los infiernos de las propias sombras.

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0 Comentarios
  1. Patricia

    18 octubre, 2010

    Hola a tod@s,
    este artículo me gusta mucho.
    Me plantea la cuestión sobre mi mente infantil: cuando «me pillo» idealizando a otro, ¿es una búsqueda del papá perfecto? ¿yo solita no puedo?
    Besitos

  2. Miren

    18 octubre, 2010

    Gracias. Todo un ejercicio de honestidad, sensatez y sobre todo… Consideración.

    Por la parte que me toca como discípula, agradezco de corazón la publicación de este artículo. Lo que se expresa en él es algo que he podido constatar de primera mano en alguna ocasión, habiendo llegado a echar de menos un reconocimiento explícito.

    Entiendo que igual que la labor del/a discípul@ consiste en esa desmitificación progresiva, de igual manera al/a «maestr@» corresponde igual grado de honestidad por su parte y eso, en mi caso, ha brillado por su ausencia.

    No existe verdadero aprendizaje sin una asunción responsable de las propias dificultades …Tampoco auténtica maestria.

    Un abrazo fuerte.

  3. Iris224

    19 octubre, 2010

    Todos somos Maestros , aunque no lo sepamos; es despertar al Mago Interior que está dormido, aletargando… Éste no sabe de pensamientos ,ni de fórmulas mágicas puesto que sólo conoce el lenguaje del corazón.Y ve y escucha la vida, que al pasar ,le trae regalos algunos agrios y otros dulces…pero así y todo no pierde la compostura, la templanza , la voluntad de Ser como un Faro que con su Luz armoniza su entorno. Aunque vengan tramontanas o diluvios emocionales o sumanis porque todo lo ve al pasar!

  4. Aurora

    19 octubre, 2010

    Si observamos, son tantos los maestros que nos rodean… Y qué decir del maestro que llevamos adentro?

    Tengo a tantos maestros que agradecer. El escrito, como todo lo que escribe Doria, está exquisito y provoca reflexión.
    Gracias

  5. Jose Serrano

    19 octubre, 2010

    Pues para mi la maestria es el autoconocimiento y el conocimiento exterior. Hay mucha gente a la que admiro.Entre ellos a José María, a mi querido tutor Raul, a mucha gente…Mi hijo de 9 meses…Para mi la psique es un mundo complejo que nos cuesta comprender 100%.No hay que conocer las cosas a ese nivel. Es mejor «observarse» y descubrirse uno mismo, y de ahi saca uno sus propias conclusiones.El «centramiento» de Antonio Blay es un tema de vital importancia en mi propio autoconocimiento, igual que el tema del curso de Terapeuta Transpersonal que imparte la Escuela. Un saludo

  6. ruth

    19 octubre, 2010

    El aprendizaje depende del ojo con que se mire y el oido con el que se oiga.
    Un abrazo.

  7. maite

    20 octubre, 2010

    Gracias , como he disfrutado con este escrito!!!.
    En este baile, los cambios de pareja entre aprendices y maestros son tan armoniosos e irresistibles.
    En esto que se llama el ESPACIO EUROPEO DE EDUCACION SUPERIOR, el profesor aspira a ser maestro… igual que el ojo de la vaca.
    Gracias Maestro.

  8. Luz

    21 octubre, 2010

    Me encanta la foto. Tb «el ojo de la vaca». Es un exquisito artículo donde los haya, sobre todo porque los «iluminados» son personas de carne y hueso, con las mismas necesidades y defectos que todos los demás; si no fuera así, no se encarnarían.

  9. Olivia

    24 octubre, 2010

    la lectura del maestro…grande el camino recorrido y se precisa lucidez y coraje atravesar la oscuridad de la sombra… gran definición de maestro y discipul@. Gracias! por tu expresión, expansión y apertura de vivencia y recorrido interior que no deja impasible.
    todos somos maestros y discipulos dependiendo las etapas de la vida. Hace tiempo que tengo claro que el unico maestro se encuentra dentro de uno y que el resto de personas reflejan retazos internos que ayudan a comprender el puzzle egoico que nos compone. Una realidad que se vuelve cada dia más visible y palpable a medida que vamos experimentando y vivenciando los distintos episodios y niveles que nos toca de nuestra existencia
    Dismiticar las facetas idealizadas del «otro como maestro» ayuda a comprender las distintas piezas que componen al personaje para llegar a quererlo tal cual es. Un proceso que empieza en uno mismo y que se reencuentra con los demás
    quien es el maestro? acaso tu? acaso yo? tal vez ninguno? o tal vez los dos?
    Gracias por la claridad de tus mensajes y la expresión profunda desde dentro. Y porque de tu mano siempre se tiene la sensación de haber crecido…
    Un abrazo

  10. chicaluna

    25 octubre, 2010

    Y en el Camino, se van presentando los maestros (personas, acontecimientos, crisis…) que no son sino el reflejo de lo que Es, el único Maestro. Y puede suceder, y de hecho sucede, que al no estar aún preparados para el Todo, nos quedemos anclados en la parte, confundiendo maestro con Maestro.
    Pero de todos modos, agradecimiento infinito a a quellos que, de forma incompleta y parcial, aparecen en nuestro camino como guías transitorios. Regalo inmerecido para aprendiz y maestro que, a lo largo del Camino, intercambian sus papeles a menudo.

  11. LAURA

    26 octubre, 2010

    Maestros que llegan a abrir tu conciencia, guiños de la vida que te iluminan, un día estupendo para caminar por esa arena y pisar fuerte sin ánimo de hacer nada más que caminar y caminar, quien te mire, quien te escuche, tal vez sea lo de menos, no es tu pretensión… y éso es lo mejor!. Llegar a la conclusión de la no obligatoriedad de ser perfecto ni de buscar la perfección, sólo de ser.

  12. clara

    27 octubre, 2010

    Yo me apunto a desmitificar ya, y de una vez por todas, el concepto de «perfección». Ya de por sí el palabro es una lacra pesada para quien se la imponga, por condicionar, constreñir y limitar.
    ¿Por qué no nos apuntamos a la UTENTICIDAD, sólo a SER? ¿Acaso no lo hacemos porque seguimos buscando el/la ideal del pasado lejano? ¿Tú donde estás?.

  13. ¿Maestro? ¿Discípulo?

    6 febrero, 2011

    Krishnamurti: «Todos os preocupáis terriblemente por la resolución de un problema. Yo no. Lo siento. Os dije al principio mismo de estas charlas que no estoy interesado en resolver problemas, vuestros o míos. No soy vuestro auxiliar o guía.

    Vosotros sois vuestro propio maestro, vuestro propio discípulo. Estáis aquí para aprender, y no para preguntar a otro lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer. Estáis aquí para aprender vosotros mismos sobre los problemas que tenéis, y no para que yo os instruya. No me pongáis, pues, en esa falsa posición, porque no os instruiré.

    SI LO HICIERA, ME CONVERTIRÍA EN UN GUÍA, EN UN GURÚ, AUMENTANDO ASÍ LA PROPIA EXPLOTACIÓN QUE EXISTE EN EL MUNDO.

    Estamos pues aquí, ustedes y yo, para aprender, y no para ser instruidos. Estamos aprendiendo, no por estudio, no por experiencia, sino para estar alerta, despiertos, totalmente concientes de nosotros mismos; de modo que nuestra relación es enteramente distinta de la del instructor y el enseñado.

    El que habla no os está instruyendo ni diciendo lo que hay que hacer. Esto carecería por completo de madurez.

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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