Repetir o reinventar
Descubriendo

Repetir o reinventar

Por el 19 septiembre, 2011
Quien examine su vida, probablemente descubrirá que tras el recorrido de sus propias vivencias, subyace un guión en el que determinados acontecimientos se manifiestan en oleadas o ciclos. Ciclos de vida que al estilo de la espiral del ADN o de la galaxia, repiten elementos o circunstancias anteriormente vividas.

Una manera de afirmar que nuestro guión vital está en muchos factores predefinido por tendencias y acontecimientos que una y otra vez vuelven a nuestro escenario de vida. Se trata de episodios que aunque se repiten, llegan al presente encarnados en otros rostros y lugares, pero que íntimamente pueden ser reconocidos, a menudo  como “asignatura pendiente”.

Pareciera que tal repetición sirve no solo para tomar conciencia de lo aprendido, sino también para poder identificar los recursos de que disponemos al encarar lo que apareciendo de nuevo, nos toca aprender. Tal vez cada espiral de “repetición” permita observar lo dignamente que llevamos lo que antes nos perturbaba, o asimismo para considerar que las cosas tendrán que ser hechas de otra forma, o en caso contrario, nos veremos atrapados una y otra vez por la misma lección de vida.

Encuentros, separaciones, personajes, fracasos y éxitos, accidentes, cambios de orientación, encrucijadas, regalos inesperados, privilegios, ayudas, descubrimientos…

La ley de los ciclos se manifiesta con claridad en la precisión con que planetas y estrellas recorren este universo elíptico, universo en el que todo va y viene con predecible matemática. Una realidad ante la que uno se pregunta, ¿podemos escapar de la repetición de episodios dolorosos, y reinventar nuestro guión de vida?, ¿o acaso estamos condenados a repetir una y otra vez las circunstancias por las que nos hemos visto elevados y más tarde caídos?

¿Qué podemos aprender con la vuelta de la espiral que nos hace repetir asignatura una y otra vez?, ¿existe alguna intención evolutiva por la que determinadas circunstancias vuelven, en tanto que otras pareciera que ya son “prueba superada”, y nunca más repiten?, ¿acaso el  adiós definitivo a determinadas circunstancias, tiene que ver con el aprendizaje de alguna lección?

En este sentido la conocida película “Atrapado en el tiempo”, refleja como el protagonista, Bill Murray, se ve envuelto en una circunstancia en la que el tiempo se ha detenido y no avanza. El calendario marca todas las mañanas el mismo día, y casi obsesionado, se ve enfrentado a tener que aprender una desconocida clave para liberarse. La película señala como aunque todos los días sucedan las mismas cosas, el protagonista puede vivirlas de una forma o de otra.

Un Bill Murray que en progresiva toma de conciencia, es por una parte libre en cuanto al qué hacer frente a lo que le sucede, es decir en poder reaccionar, por ejemplo con desamor y egoísmo o bien con cooperación y amor, y por otra parte, no puede cambiar el guión de lo que sucede, ya que tal ámbito de sucesos está determinado por lo que podríamos llamar destino.

Una realidad que tiene que ver con la conocida máxima de: Lo importante no es lo que sucede sino que hacemos ante lo que sucede. Una perspectiva que conduce a revisar qué podemos hacer ante acontecimientos que no elegiríamos vivir, y que inexorablemente nos acontecen.

En este sentido el guión de la citada película ofrece una salida a la inexorable repetición. La salida no es otra que la calidad intencional de las acciones con que un Bill Murray responde a cada cotidiano y repetitivo suceso que a su vida llega. Es por ello, que el atrapado protagonista que al principio encarna al arrogante y egocéntrico triunfador, se ve obligado a dejar atrás esta actitud egoísta por un renovado espíritu de servicio, pleno de generosidad y amor, y de esta forma responder a los acontecimientos cotidianos que vuelven una y otra vez, y liberarse..

¿Qué mensaje transmite la Inteligencia de vida en estas “coincidentes espirales”? En realidad, más allá de las creencias y admitiendo la existencia de algún tipo de código universal, habrá que admitir que la vida tiene algo que ver con la evolución y el aprendizaje. Un aprendizaje que puede resumirse en devenir progresivamente consciente. Es decir que la cosa no va de aprenderse algo, sino más bien de comprender la ley universal, y “darse cuenta” de las reglas de juego que rigen la Inteligencia del vivir.

¿Qué convendrá discernir ante la opción de “repetir” o “reinventarse”? Primero, darse cuenta de que estamos repitiendo, algo que para muchas personas es todo un logro. Segundo, examinar las similitudes y diferencias entre el ciclo anterior y el nuevo, descubriendo lo que hay que “trabajarse” para no repetir. Y tercero, hacer cambios en el guión que “nos persigue”, a fin de evitar su repetición, o como mínimo conseguir que tal circunstancia vuelva, pero no precisamente acompañada de sufrimiento, sino de bonanza y calidad emocional.

¿Qué puede hacerse realmente para no repetir el error y el dolor que a menudo acompaña cada vuelta? Tal vez la respuesta esté en la máxima socrática: Una vida no examinada, no merece la pena ser vivida. Algo que nos moverá a averiguar qué “parte de nosotros” moviliza las pequeñas y grandes acciones del nuevo ciclo. En realidad la  clave liberadora que permitirá superar las pruebas del camino, se basará en servir desde el amor y dejar hacer al corazón, al tiempo que se aminora el oculto afán de provecho que no es otra cosa que reforzar el miedo.

Para ello, nada mejor que mantener atención sostenida en la progresiva desidentificación con la mente, y percatarnos de la parte emocional de nuestra persona que moviliza cada acción.

Sin duda una toma de conciencia que como elixir mágico nos liberará de la noria que atrapa el constante soñar de la mente humana y permitirá el despertar.

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  1. Amor Integral

    19 septiembre, 2011

    Bondad:
    La bondad no es resignación frustrante. Tampoco sumisión o entrega dependiente ni denigrante. La bondad no puede ser impuesta por nadie, ni siquiera por uno mismo.
    Como la compasión, es un elemento esencial en el proceso de la ascensión colectiva. Vibrar en frecuencia más elevada, puede abrir puertas del alma, que nunca imaginamos que existieran.
    La bondad es una intención libre. Nace del profundo convencimiento de que yo soy tu y tu eres yo, de que somos unidad. Para la bondad no hay vosotros ni ellos. Para la bondad sólo existe nosotros.
    Nace voluntariamente desde el interior con un solo propósito: dejar constancia, mediante diferentes actitudes, de que estamos constituidos de la misma energía y de que es esta misma energía la única que puede regenerarnos y revitalizarnos. Nos nutre, porque nos enseña a dar y a darnos sin temor a vernos defraudados, transmitiendo comprensión, aliento y entusiasmo a quienes nos rodean.
    ¿En qué momentos nos alejamos de una actitud bondadosa? Se aprecia de manera sencilla en las actitudes agresivas que se adoptan con modales ofensivos y/o palabras hirientes. También en la indiferencia que manifestamos ante las inquietudes o necesidades de los demás, juzgándolas de poca importancia o como producto de la falta de entendimiento y habilidad para resolver problemas. Al considerarnos superiores/as, nos convertimos en seres realmente incapaces de escuchar con interés y tratar con amabilidad a quienes nos rodean.
    La bondad es generosa y no espera nada a cambio. No necesitamos hacer propaganda de nuestra bondad, porque entonces pierde su valor y su esencia. Nuestro actuar necesita ir acompañado de un verdadero deseo de servir, evitando hacer las cosas para quedar bien, para que se hable bien de nosotros…
    Para poder impregnar nuestra vida de esta profunda fuerza es menester:
    – Motivación y Voluntad. Estar dispuestos a sonreír desde el corazón.
    – Respetar la libertad de las demás personas y seres vivos, igual que reclamamos que se respete la nuestra.
    – Valorar lo bueno y positivo de lo que se nos presenta a cada instante.
    – Reconocer y honrar con gratitud la confianza y buena fe que depositan en nosotros.
    – Mostrar atención y consideración. Estar en disposición de ayuda y entrega.
    – Desde la más profunda honestidad, reconocer nuestros propios límites sin prenteder dar una imagen falsa de nosotros mismos, es decir, trantado de no caer en manipulaciones insanas y mediocres. Y de ser así … empezar por reconocerlo.
    La bondad es la clave del enlace entre los corazones y el alma… el universo.

    – Basado en un texto de Idalia López –

  2. lola

    19 septiembre, 2011

    A veces observando-nos en lo más cotidiano podemos encontrar que sí somos amor…que sólo es «verlo».

    Thich Nhat Hnh. dijo esto sobre el Ego y la Compasión:

    Mi mano…mi mano derecha ha escrito muchos poemas que yo compongo.
    Y mi mano izquierda no ha escrito ningún poema.
    Pero mi mano derecha no piensa:
    “Mano izquierda ..tú no sirves para nada”.
    Mi mano derecha no tiene ningún complejo de superioridad…y por eso es muy feliz. Y mi mano izquierda no tiene ningún complejo de inferioridad.
    Por lo tanto en mis manos existe un tipo de sabiduría conocida como sabiduría de no-discriminación.
    Recuerdo que un día estaba golpeando un clavo…mi mano derecha no estaba firme y, en lugar de darle al clavo me golpeé un dedo.
    Dejé el martillo para que la mano derecha cuidara de mi mano izquierda…con mucho cariño.
    Como cuidándose a si misma.
    Sin embargo, no le dice:
    “Mano izquierda sabes que yo, la mano derecha he cuidado de ti,
    tienes que recordarlo…y debes regresarme ese favor en el futuro”.
    ¡ Ellas no piensan así!
    Y mi mano izquierda no le dice: “Mano derecha, me has hecho mucho daño..¡ dame el martillo! ¡quiero justicia!”.
    Porque ambas saben que están unidas y son iguales.

  3. Leonor

    20 septiembre, 2011

    «Siempre se repite la misma historia…». Decia una canción y era una frase que repetía en el pasado bastante a menudo; hasta que un día la cambié por ¿que puedo hacer para modificar esta situación?. Ese mismo día recibí un mail, de alguien desconocido (en aquel momento), que me invitaba a asistir a un taller de Educación de las Emociones y conocer la respuesta a mi pregunta.
    En aquel momento comenzaba ¡una aventura!, en la cual sigo sumergida.
    En una ocasión, creo que te escuché decir, Jose Maria, que habia una anécdota sobre los errores de Edison y como este afirmó que no habia tenido mil fracasos, sino que habia descubierto mil maneras de como no se fabrica una bombilla; y una forma en la que si se hace. Todo esto me ha servido para considerar, que aunque repita una historia, en cada situación aprendo algo que puedo utilizar en la próxima; nunca es ya la misma historia, sino una adaptación más sofisticada.
    Como yo lo veo en estos momentos es asi: hasta que la lección está aprendida, sigue manteniendose la espiral con distintos niveles de dificultad, como en la escuela.

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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