Observando

Un rito para sacralizar el día

Por el 24 enero, 2011

¿Llegó la hora de parar las prisas mañaneras, y mirar al Sol naciente que alimenta al alma?
¿Cinco minutos al día para hacer crecer dentro, aquello que la mirada enfoca?
¿Acaso las estrellas del cielo son propiedad de alguna religión o sistema de creencias?

El hecho de detenerse a mirar al Sol cuando nace en el horizonte, es un poderoso acto de oración silenciosa. Observar como el disco radiante, comienza a salir en el horizonte, supone un comienzo consciente del día, comienzo que convierte en sagrado lo que puede vivirse como adormecedora rutina. ¿Qué impide detenerse unos minutos mirando al Sol para cultivar la Presencia y celebrar el ahora?

¿Celebrar qué?

Celebrar la consciencia del nuevo día que comienza. Celebrar la luz y el calor que derrama vida allí donde llega. Celebrar la vida que cada sagrado fotón, en su propio ser porta. Celebrar la apertura del entrecejo, al tiempo que el disco solar penetra en el interior de nuestra cabeza. Celebrar como se expande nuestro pecho, al tiempo que irradia un amor sin fronteras. Celebrar que saludamos a la energía luz que somos, energía que conforma nuestra esencia.

Cada mañana de nuestra vida, saludemos a la luz, tanto si desde donde estamos, vemos un lejano horizonte o bien la pared cercana de una casa. Procedamos unos minutos a respirar conscientes, aunque sea mirando por la ventana el trozo de cielo que asoma. Son momentos de saludo a ese Sol que, directo o escondido tras las nubes, permanece inafectado y radiante al igual que la luz que somos en nuestra morada interna. Una verdad transmitida por el conocido saludo nepalí: “Namasté”, saludo tan cotidiano como nuestro occidental “Hola” o “Adiós”, que literalmente dice:

“Saludo a la Luz que en ti habita”.

Cuando dejando funcionalismos prácticos y prisas cotidianas, saludamos a la luz de la mañana, y dedicamos un espacio de atención sagrada, no solo abrimos la jornada despertando a la consciencia, sino que además reconocemos la Luz que iluminará el túnel final de nuestra travesía en la Tierra. En realidad intuimos que esa Luz, día tras día contemplada, se ha instalado en nuestras neuronas, y al igual que un faro, iluminará la oscuridad del tránsito hacia ese reino último, reino aún más luminoso que todos los soles de la galaxia.

Los rayos ultravioleta que emite el Sol en los primeros momentos del día, no solo no hieren la pupila humana que los enfoca, sino que además bañan nuestras células de radiación benéfica, radiación que enciende sutilezas de confianza y expansión en nuestra alma.

¿Y qué hacer antes de ir a dormir?

Para abrir la otra puerta e iluminar el sueño, será bueno no irse a la cama sin asomarnos unos instantes y contemplar el cielo, unos instantes en los que al mirar el manto de la noche, y las estrellas que lo adornan. Son momentos de dar las gracias por lo sucedido en la jornada. Dar las gracias por todos los acontecimientos del día que nuestra mente capitula. Pronto nos daremos cuenta de que aunque el día vivido parezca no haber sido de los “buenos”, brotarán insospechados registros de la jornada que también merecerán nuestra gratitud a la luz de la consciencia.

El hecho de hablar con el Universo acerca del nivel de esperanza que late en nuestra noche, es algo tan sanador que nos abre a dimensiones sutiles en las que saciar la sed de nuestra alma. Compartir con las estrellas nuestro sentir, hacerlas cómplices de nuestros temores y anhelos, y en definitiva, expresar en palabras lo que en nuestro corazón pasa, supone abrirnos a la intuición y despertar canales translógicos de incondicionada confianza.

Observaremos que tras pronunciar lo que hay muy dentro de nuestra casa, se desencadenarán oleadas de fuerza posibilitadora. Pareciera que el hecho de elevar al cielo nuestros pesares, y soltar nuestros deseos y esperanzas, nos recuerda que el universo conspira sin cesar a favor de la voluntad expresada. Sucederá que en cada noche así narrada, no solo vaciaremos nuestra mente de un equipaje emocional que a menudo pesa, sino que además haremos un rito por el que reconocer la escucha de una inteligencia mayor que la de nuestra pequeña realidad del nivel persona.

Sabemos que la oración no es otra cosa que elevar el corazón hacia un algo más grande que intuimos latir tras la apariencia de los pensamientos y las formas. Un rito silencioso que cada mañana y cada noche, alimenta nuestro espíritu con una visión directa y sin creencias, tan solo con el corazón humilde y abierto que se rinde, se enfoca y contempla.

Son tiempos de mirar lejos, mirar dentro y fuera. Miremos hacia la luz que en cada día nace, sabiendo, tal y como Einstein nombró, que la Luz no es otra cosa que el: “Cemento de Dios”, cemento sobre el que se asienta lo inefable de nuestra esencia. Miremos cada noche a las estrellas y abramos el corazón a la profundidad infinita de sus luces milenarias. Permitamos que el infinito vacío resuene en nuestro ser, y despierte la ternura de ese niño interior que como Principito, habita sorprendido tras su inocente y creadora mirada.

¿Existe mejor “Prozac” que la elocuente escucha de las estrellas?

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0 Comentarios
  1. ruth

    24 enero, 2011

    Me parece genial dar las gracias en vez de hacernos las víctimas por nuestros pesares, vas a la iglesia y todo el mundo pide o rezando,asi como les va a caer algo…acabo de terminar de leer un libro que habla sobre ángeles y nuestro ángel de la guarda, viene a decir eso que de tanto quejarnos y autodestruirnos, nuestro ángel deja de estar presente, tenemos que querernos a pesar de las derrotas y confiar,total nos da lo mismo y nos hace más felices.
    Me ha encantado el saludo nepalí asique NAMASTÉ a tod@s.
    Gracias Jose María

  2. Leonor

    30 enero, 2011

    Desde que fuí consciente del gran aliado que era el Universo y de como conspiraba a mi favor, agradezco su alianza, haciéndole cómplice de mis alegrias, penas y sobre todo de lo aprendido.
    Todos los dias, lo primero que hago cuando me levanto y lo último , cuando me voy a acostar es dar las gracias al Universo.
    Lo que si he observado es que cuando lo realizo en el campo, mi sensación física de expansión es mayor que cuando lo realizo en Madrid.
    «Namasté» me parece una fórmula muy respetuosa de saludar; quizás sea por el gesto o mudra que le acompaña.

  3. En el Ahora No Hay Tiempo

    31 enero, 2011

    En el Ahora No Hay Tiempo.
    Cultivar requiere Tiempo.
    La Presencia no puede ser Cultivada.
    La Luz no Me Habita Fuera.
    La Luz Me Habita en Mí.
    Yo Soy Uno caminando en este cuerpo.
    Y seguiré siendo Uno cuando el aliento termine.
    El cuerpo será otras vidas: gusanos, virus, insectos…
    Yo Soy seguirá existiendo.
    ¡No hay tunel hacia otra vida!

  4. patri

    3 febrero, 2011

    LA VIEJA Y SABIA EUROPA SIENDO UN GENERADOR DE ENERGIA DIVINA

  5. SORAYA

    4 marzo, 2011

    Proxima acción en mi nueva vida: bscar un piso que no sea interior

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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