Rumbo hacia el Misterio
Descubriendo

Rumbo hacia el Misterio

Por el 7 noviembre, 2011
La humanidad no ha cesado de preguntarse una y otra vez y desde miles de perspectivas diferentes, sobre la naturaleza de la llamada “realidad”, y tal vez dicha acción de preguntar e indagar ha sido la capacidad que más la ha diferenciado de la especie animal, una capacidad por la que poner nuestros intereses más allá de la búsqueda del placer y la evitación del dolor.

En el seno de la pregunta y releyendo los apuntes del neurocientífico español Francisco J. de la Rubia, y a tres horas de impartir una conferencia en la Universidad Mejicana de Acapulco, tomo una vez más conciencia de la “dormilera” en la que vivimos desde la mente cognoscitiva. Ya Freud reconoció que la Humanidad había sufrido tres grandes humillaciones sucesivas a sus arrogantes formulaciones sobre la realidad.

La primera humillación sucedió en el siglo XVI cuando Nicolás Copérnico dando un enorme chasquido a la visión geocéntrica de la Iglesia, proclamó que la Tierra no era el centro del Universo. De pronto la Tierra y con ella todos nosotros, no pintábamos tanto, ya no éramos el centro sobre el que giraba el Sol y los planetas, sino que girábamos alrededor de la gran estrella. Me pregunto si el egocentrismo que todavía padecemos la mayoría de los seres humanos, no será un fleco de esa “visión ombliguista” por la que seguimos creyendo que todo gira alrededor de nuestra personalidad limitada, subjetiva e impermanente. Ante esta reflexión, uno convoca a la humildad una y otra vez, con la secreta esperanza de que el silencio señale la verdad.

La segunda humillación que esta arrogante Humanidad académica sufrió, ocurrió en el siglo XIX cuando Charles Darwin proclamó que el ser humano no era una aparición repentina, sino que más bien era producto de una escalera evolutiva que partiendo de la simplicidad de la ameba, llegaría al complejo neocórtex, y deduzco que desde éste al Buda. Al parecer caía de nuevo la vieja idea de que como seres humanos, éramos la joya de la creación y objeto privilegiado de algún dios creador.

La tercera humillación sucedió de la mano del propio Sigmund con su descubrimiento del inconsciente, cuando proclamó que la consciencia en el ser humano era tan sólo la punta de un enorme iceberg en el que vivía sumergido un del 90% restante. Con aquella formulación y un poco de observación añadida de los procesos mentales, llegamos a deducir que casi todo, por no decir “todo”, ocurre por el concurso de infinidad de factores que dejan pequeña nuestra aparente intervención consciente. La famosa libertad del ser humano que tanto se había proclamado como facultad exclusiva de hacer algo distinto a lo que sucede, quedaba seriamente herida.

Los innumerables condicionamientos inconscientes, creencias, pautas, procesos, genética… o grandes “corrientes marinas”, en realidad eran quienes guiaban el gran iceberg de la pequeña montaña de la consciencia, montaña que tal vez tan solo, podría aspirar a ejercer de pasajero y testigo.

Y al parecer tras estas tres humillaciones, el Sr. Rubia afirma la llegada de una cuarta, inminente de la mano de las neurociencias. Una nueva grieta se abre en la visión oficial de la realidad y del yo, al cuestionar que ésta no es tan real como la percibimos por nuestros sentidos, y que dicho yo, puede no ser otra cosa que un constructo unificador de las memorias, tan relativo como efímero. Dos grandes interrogantes que se han ido históricamente actualizando conforme el ser humano miraba por las gafas de cada nuevo paradigma.

La búsqueda alrededor de la identidad como tantas veces ha señalado la Psicología, es una realidad que el niño confecciona más o menos a los dos años, lo que quiere decir que dicha identidad, así como aparece, desaparece. Desaparece o se multiplica, bien sea por alteraciones neurológicas, incidencias psicológicas o bien por la propia muerte.

Reconozco que en este tema la evocación de los enormes hongos subterráneos de Oregón de varios kilómetros de extensión, o incluso los hongos mejicanos llamados “soldaditos” que asoman a la superficie como setas individuales o “terminales” de algo mayor, recuerdan la teoría del yo personal. Un yo desde el que nos sentimos separados e independientes, y sin embargo en nuestras raíces y hondura primordial somos en realidad un todo mayor o corriente de vida, una corriente que se expresa a los ojos de la superficie en pequeñas unidades psicológicas externas.

Las neurociencias vienen insinuando que no hay sonido sin oído que lo perciba y al igual que Los Vedas hace dos mil años, se cuestiona si ese “afuera” es objetivo y realmente existe o es un constructo de imágenes que realiza nuestro tálamo cerebral, dando forma subjetiva a un conjunto de percepciones de los sentidos.

¿Volvemos de nuevo a sospechar que esta vida es como un sueño?, ¿acaso el famoso “despertar de la conciencia” envuelto en propuestas filosóficas y  religiosas, puede ofrecer una realidad que se promete más feliz que la que sucede en este mundo de yoidades aparentes?

Una vez más merece descafeinar la realidad que los sentidos nos presentan. ¿Quién no ha tratado de darse cuenta durante una pesadilla nocturna de que estaba soñando?, ¿y no es bien cierto que quien ha logrado darse cuenta de ello, resulta que ha podido reorientar el guión onírico que lo atormentaba? Y si no, que se lo pregunten a la tribu de los senoi en Malasia que trabajan todas las mañanas con los niños de su comunidad en la investigación de los llamados “sueños lúcidos”.

Observo que para llevarse algo interesante de estas íntimas reflexiones, conviene entablar un Love Story con el Misterio. A poco que honremos al Misterio de lo infinito abriremos la puerta del Todo es Posible, sin duda un mantra convertible en creencia que puede desencadenar no solo el abrazo de la Señora de la Esperanza en las noches oscuras, sino también activar el motor de las motivaciones de vida hacia la realización de nuestros sueños.

¿Atreverse a amar?

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0 Comentarios
  1. ruth

    7 noviembre, 2011

    Hay realidades que no queremos ver por miedo a lo desconocido, si lo crees lo ves sino no pienso yo, nos hemos aferrado tanto a nuestro ego y al autocontrol que no queremos ver más alla..pero que pasaría si tuviésemos siempre sueños lúcidos y percibieramos otras energías no cambiaría nuestro mundo, no todos estamos preparados aunque sí da esperanza y certeza de que esta vida llena de rutinas es más que eso, solo es necesario creer..

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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