Samurai
Por el 1 agosto, 2011
Observo que estamos hambrientos de valores. Intuimos  que como civilización nos hemos despistado del referente central desde el que realizar un sano crecimiento. Ignoramos si realmente asistimos a un final de ciclo “modelo Roma”, un final similar al de tantas veces atrás en la Historia, o en realidad toda la mediocridad que padecemos sucede porque como dijo Lao Tsé, para expandirse a una realidad más amplia hay que previamente contraerse, o dicho de otra forma, para renacer a lo nuevo hay previamente que morir a lo viejo.

¿Acaso la actual crisis de valores es una forma de morir a lo viejo? Tal vez esa lectura sea muy probable, como también sea probable que estemos dando los últimos coletazos al paradigma mecanicista que tanta gloria material dio a la Humanidad, y que hoy tan corto se nos queda cuando comenzamos a indagar y contemplar.

Cuánta nostalgia se genera al contemplar películas en las que se hacen presentes los valores que constituían al heroico Samurái o aquellos que honraban los caballeros de la Tabla Redonda. La nobleza entonces tenía significado y de alguna forma, aquel “noble” asumía encarnar ejemplarmente códigos de alta cultura por los que llegar a dar hasta la propia vida.

El paradójico drama del vivir contempla ese laberinto que a menudo recorren quienes primero han honrado los valores de su linaje, un linaje más propio del alma que de los cortesanos, y que luego, más tarde, se ven envueltos en circunstancias que los superan, se ven mordiendo el polvo al tiempo que sangran heridos en el corazón por la caída y la corrupción. Pero tarde o temprano, llega la luz a sus vidas y tras la vergüenza de su debilidad y su pasión, vuelven a casa con el corazón más maduro y compasivo.

Nuestra sociedad está cansada de huir hacia delante en la búsqueda adictiva de placer, y quiere retornar a Casa para encarnar los códigos de honor que han constituido la fuente del verdadero goce y del sentido de la vida. Valores y principios que devuelven la nobleza y el rango que corresponde al ser humano consciente y amoroso que late en nuestro corazón.

Una gran parte de la actual Humanidad se siente avergonzada por el efecto de la amnesia y la corrupción de su antigua impecabilidad. Una masa crítica de seres humanos se siente renaciendo ante la demolición ocasionada por sus dos grandes, y a la vez sagrados adversarios: el miedo y el deseo. Y sienten que tan solo un milagro de benevolencia y compasión podría rescatar su alma de la noche oscura a la que ha sido sometida.

Se trata de seres se preguntan, ¿qué pasó con el sentimiento de compasión?, ciudades como NY, Berlín, Shangai… asisten cada día a escenas escalofriantes de desamor y desinterés, escenas en las que un desmayo, un accidente o una petición desesperada de socorro son desoídas ante la mordaza del miedo a complicarse la vida y salir enredados por aquello de acudir en ayuda de quien agudamente lo necesita. Negaciones de cooperación que además de bloquear el corazón, congelan nuestra alma y enferman nuestro cuerpo.

¿Qué pasó asimismo con la lealtad?, ¿quién no siente nostalgia ante los códigos de honor por los que servíamos a los grandes principios? Aquella lealtad por la que nos tornábamos seguros, firmes y pertenecientes, al tiempo que disolvíamos el miedo, la duda y el titubeo inmaduro del quien ignora el abismo.

Honrar valores como el coraje, la honradez y la justicia que constituye nuestra nobleza original, supone el alimento fundamental y la verdadera medicina existencial. La salud bien entendida ya no es diagnosticada en base a la presencia de virus, fiebre o bien andar por el mundo “tirando de aquella forma”. La salud es en realidad un nivel de conciencia que conlleva una sostenida conexión con el alma, una conexión por la establecemos un cauce de amor y respeto con la vida, al tiempo que hacemos sonar la música del Universo.

No se trata de palabras bonitas, aunque sean bienvenidas si estas no solo describen la realidad sino que además la “crean”, sino del íntimo reconocimiento de vivencias hondas que en estos tiempos de oportunidad pueden aparecer en nuestras vidas con mayor frecuencia. Ya hemos pagado el precio de la oscuridad y la caída, y hemos convocado al perdón para poder abrazar nuestra ignorancia y humana estupidez.

Es tiempo de vivirnos en el reconocimiento de la honestidad y el deber cumplido, valores por lo que ese samurai se doblega, arriesga su vida y vive en la renuncia permanente. Un samurai que sabe aplazar la gratificación que se ofrece como placer inmediato, por aquello que espera recibir en el ulterior logro en el que basó su juramento, un compromiso que no solo le dio significado y fuerza a su vivir, sino que además lo constituyó como guerrero espiritual al servicio de la noble causa.

¿Quién no siente una lágrima recorrer su mejilla, mientras contempla la búsqueda del genuino e inocente Perceval?, ¿quién no honra a este caballero, el menos erudito y de menor linaje, pero de mayor corazón, en el momento de su sagrado encuentro del Grial, símbolo de realización espiritual que todos los restantes nobles caballeros perseguían sin lograrlo?

Sin duda se trata de héroes como Arjuna que no se vivencian en el menor atisbo de crueldad, y que por el contrario se manejan en las leyes de la cortesía universal, una cortesía por la que respetar al adversario y tener a raya a las emociones destructivas que asolan al alma humana.

Cada día vemos en la pantalla con mayor frecuencia a estos grandes sacerdotes del siglo XXI, hombres y mujeres que encarnan a los nuevos salvadores disfrazados de vampiros, arañas o gigantes verdes… No se pasan de moda, tal vez porque nuestra alma se entusiasma en resonancia con su arrojo y valentía, valores por los que defender aquello que nos constituye.

Tal vez podamos afirmar que una gran parte de la Humanidad ha pasado ya su noche oscura, y está madura para aflorar un tipo de Bondad sin opuesto, una metabondad que supera la moral de los buenos y los malos, un nivel de conciencia desde donde se fluye en amor consciente.

Mientras llega el despertar se tiene la certeza de que todo lo que sucede está dentro de un sabio proceso de vida, un proceso tan pleno de milagro y benevolencia desde el que tan solo puede decirse, cada mañana y cada noche: Gracias.

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  1. paco

    1 agosto, 2011

    El Codigo De Honor Samurai
    El Código de Bushido

    1. GI – Honradez y Justicia
    Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la Justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia.

    2. YU – Valor Heroico
    Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un samurái debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte.
    Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

    3. JIN – Compasión
    Mediante el entrenamiento intenso el samurái se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos.
    Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

    4. REI – Cortesía
    Los samurái no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurái es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales. Un samurái recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurái se vuelve evidente en tiempos de apuros.

    5. MEYO – Honor
    El Auténtico samurái solo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quien eres en realidad.
    No puedes ocultarte de ti mismo.

    6. MAKOTO – Sinceridad Absoluta
    Cuando un samurái dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará.
    No ha de «dar su palabra.» No ha de «prometer.» El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer.
    …………………………………………………………………………………………….
    DOMO ARIGATO COSAI MASTA
    Gracias al espacio de entrenamiento por el que ESO sucede.

  2. Amor Integral

    20 septiembre, 2011

    Bondad

    La bondad no es resignación frustrante. Tampoco sumisión o entrega dependiente ni denigrante. La bondad no puede ser impuesta por nadie, ni siquiera por uno mismo.
    Como la compasión, es un elemento esencial en el proceso de la ascensión colectiva. Vibrar en frecuencia más elevada, puede abrir puertas del alma, que nunca imaginamos que existieran.
    La bondad es una intención libre. Nace del profundo convencimiento de que yo soy tu y tu eres yo, de que somos unidad. Para la bondad no hay vosotros ni ellos. Para la bondad sólo existe nosotros.
    Nace voluntariamente desde el interior con un solo propósito: dejar constancia, mediante diferentes actitudes, de que estamos constituidos de la misma energía y de que es esta misma energía la única que puede regenerarnos y revitalizarnos. Nos nutre, porque nos enseña a dar y a darnos sin temor a vernos defraudados, transmitiendo comprensión, aliento y entusiasmo a quienes nos rodean.
    ¿En qué momentos nos alejamos de una actitud bondadosa? Se aprecia de manera sencilla en las actitudes agresivas que se adoptan con modales ofensivos y/o palabras hirientes. También en la indiferencia que manifestamos ante las inquietudes o necesidades de los demás, juzgándolas de poca importancia o como producto de la falta de entendimiento y habilidad para resolver problemas. Al considerarnos superiores/as, nos convertimos en seres realmente incapaces de escuchar con interés y tratar con amabilidad a quienes nos rodean.
    La bondad es generosa y no espera nada a cambio. No necesitamos hacer propaganda de nuestra bondad, porque entonces pierde su valor y su esencia. Nuestro actuar necesita ir acompañado de un verdadero deseo de servir, evitando hacer las cosas para quedar bien, para que se hable bien de nosotros…
    Para poder impregnar nuestra vida de esta profunda fuerza es menester:
    – Motivación y Voluntad. Estar dispuestos a sonreír desde el corazón.
    – Respetar la libertad de las demás personas y seres vivos, igual que reclamamos que se respete la nuestra.
    – Valorar lo bueno y positivo de lo que se nos presenta a cada instante.
    – Reconocer y honrar con gratitud la confianza y buena fe que depositan en nosotros.
    – Mostrar atención y consideración. Estar en disposición de ayuda y entrega.
    – Desde la más profunda honestidad, reconocer nuestros propios límites sin prenteder dar una imagen falsa de nosotros mismos, es decir, trantado de no caer en manipulaciones insanas y mediocres. Y de ser así … empezar por reconocerlo.
    La bondad es la clave del enlace entre los corazones y el alma… el universo.

    – Basado en un texto de Idalia López –

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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