Observando

Sexo en el templo

Por el 8 noviembre, 2010

¿Acaso crees que los que practican meditación pasan del deseo sexual?
¿Piensas que la dimensión espiritual de la vida y practicar sexo pueden ser incompatibles?
¿En qué se relacionan la práctica contemplativa con la vivencia sexual?

La respuesta nos lleva a que la consciencia puede ser, por ejemplo enfocada en la llama de una vela, o bien en la neutra observación de los propios pensamientos, sino que también puede enfocarse en la corriente de sensaciones que suceden durante la vivencia sexual. En realidad aunque la meditación propicie la toma de consciencia o “darse cuenta” de que no somos el cuerpo, ni somos las emociones, ni los pensamientos, sino más bien un centro de percepción de tales manifestaciones, sí convendrá puntualizar que el deseo sexual del psicocuerpo, no tiene por qué ser reprimido de forma sistemática, por más compromiso espiritual que se tenga. En todo caso y si éste brota, conviene naturalmente canalizarlo como cada uno en su propio marco entienda. El hecho de reprimirlo sin auto indagación, en base a doctrinas o idealizaciones, puede traer consecuencias nada deseables.

¿En qué consiste eso de enfocarse o hacerse presente en cada sensación sexual? Pues tan solo en entrenar la atención consciente en lo que está sucediendo en ese instante en el cuerpo. A partir de este estado de formidable ahoridad, el “hacer el amor” puede convertirse en una verdadera meditación, una vivencia tan contemplativa como sensorial en la que se pueden trascender aspectos tales como las imágenes mentales, los deseos anticipatorios, la tendencia a repetir memorias de anteriores placeres, y desde ahí, optar por vivir la sexualidad como una de las más grandes aventuras de descubrimiento y creatividad que existen en la vida.

En un mundo tan avanzado como el actual, mundo que ha superado tabúes y corrientes represoras, la sexualidad sigue siendo un tema contaminado de secretismo, culpa y vergüenza. Por ello, conviene hablar cada vez más claro de algunos aspectos que empañan a la misma.

Por de pronto, hay que partir de la base de que todo placer sexual, aunque surja desde la complicidad y el amor, es un suceso que ocurre absolutamente “dentro” de uno mismo. Ocurre tan dentro de uno mismo que conforme se comienza el juego estimulador, el que se va adentrando en estados no ordinarios de intensidad orgásmica, procede de pronto a individualizarse y suspende toda percepción exterior. Una interiorización de tal calibre por la que se “suelta el control” así como el afán de complacer al otro, un “otro” que se trasciende incluso como fuente de complicidad. Finalmente, y una vez más, la salida está dentro.

Por lo tanto, esa sutil travesía que habitualmente suele iniciarse entre dos personas, y que avanza desencadenando sensaciones y sentimientos, finalmente sucede en uno, y solo en uno. Por ello puede decirse que lo importante no será el darle vueltas a quién es el cómplice, o qué circunstancia ha hecho desencadenar el viaje, o incluso que tipo de manipulación se esté utilizando. Lo importante será el estado de consciencia en sí mismo que esté sucediendo con todas sus connotaciones transegoicas.

Es por ello que si el viaje se realiza con el cónyuge legal, con un amante subterráneo, con un juguetito electrónico, con la mano o con la mente visionaria…  será éste un tema secundario. Lo que realmente busca todo peregrino existencial es salir del apretado encapsulamiento de la mente lógica, de la ilusoria sensación de separación dualista, y del blindaje del corazón, tan característico del estado ordinario de consciencia. Una “salida” que unas veces puede hacerse sosteniendo la mirada en los ojos del otro y dejando que el fondo de su pupila abra puertas al infinito, y por el contrario otras veces, cerrando la conexión con el exterior, y mirando hacia dentro en total absorción con la corriente de sensaciones placenteras.

Una vez más la moralina censuradora, la represión por idealismos febrilistas, y la influencia poderosa del rancio juedeocristianismo que culpabiliza todo lo que no sea reproducción en el marco conyugal, caen por el ejercicio del discernimiento y de la propia autoindagación.

La espiritualidad no es un conjunto de normas elevadas, sino un estado de consciencia, un estado desde el que se vivencia lo que sucede desde una megaóptica tan plena como inefable. Todo aquello que nos acerque a esta realidad será bienvenido, por lo que conviene señalar que así como el silencio y la contemplación ahondan la vida interior, la sexualidad óptimamente practicada y sin creencias neuróticas, puede convertirse no solo en una corriente de placer facilitadora del sosiego, salud  y paz, sino también en una oración al universo, una oración en la que el “viajero” ha sido capaz de elevar su corazón, de comulgar con la vacuidad, y de alguna forma, estremecerse de gratitud. Una gratitud que no solo se manifiesta por el regalo de la cascada de endorfinas que la sexualidad desencadena, sino por la inmersión consciente que un ser humano puede llegar a vivenciar, si sabe orientar esta energía de manera libre y sabia.

¿Qué diferencia ves entre una “masturbación a dos” y el llamado “hacer el amor”?
¿Crees que el sentimiento de honda complicidad, marca diferencia en los momentos “altos
”?

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0 Comentarios
  1. Miren

    8 noviembre, 2010

    Un planteamiento muy interesante. No obstante, entiendo que la sexualidad es uno de los ámbitos de nuestra vida donde más sensaciones y emociones confluyen y emergen «a borbotones», por lo que, si de normal cuesta mantener la atención, en este aspecto el esfuerzo personal ha de ser, si no mayor si más elaborado y maduro… Todo se andará
    Un abrazo con cariño.

  2. Cristina

    9 noviembre, 2010

    Según lo veo yo la dimensión espiritual tiene su propia fuente de placer, es la conexión siempre inesperada con una especie de electricidad similar a la que recorre tu cuerpo cuando una sensación profunda y grata que conecta con tu centro te pone la carne de gallina, en la medida en que la sientes tu cuerpo está saciado, si haces sexo entonces, te das y el placer fluye sin obstáculo en ambas direcciones , es más de lo mismo, ni sobra ni falta. ..
    Pero si en algún momento y por algún motivo te alejas de esa dimensión y te apartas de tu centro, la energía deja de fluir, se produce una desconexión de tu fuente de placer, un bloqueo que puedes percibir localizado en tu pecho y que te angustia y el sexo en esa situación es una busqueda artificial y ansiosa de aquella energía gratuita que perdimos: nacida de la sensación de que somos amados. El sexo se convierte entonces en un intento mecanico de desbloqueo emocional y como sucedaneo que es deja sensaciones displacenteras , porque solo dura un instante, y al placer le sigue la nostalgia.
    El sexo según yo lo veo debería ser un juego entre adultos no una necesidad, sin mas importancia que el aspecto lúdico, pero nunca una forma de conectar con el Amor con mayúsculas, ni un sustituto de este, cuya energía se localiza y emerge del pecho, no del vientre. Aunque solo es mi forma de verlo…

  3. Leonor

    10 noviembre, 2010

    Osho decía .» El sexo es el fenómeno más meditativo.., si lo entiendes, si entras profundamente en el, si no lo usas como una droga. Entonces, poco a poco, a medida que crece la comprensión, que disminuye el anhelo, llega un dia de libertad en el que el sexo ya no te persigue. Entonces uno esta tranquilo, silencioso, es totalmente el mismo. La necesidad del otro ha desaparecido. Uno puede seguir haciendo el amor si asi lo elige, pero no lo necesita. Entonces será una forma de compartir».
    Con respecto a la pregunta que planteas (¿Qué diferencia ves entre una “masturbación a dos” y el llamado “hacer el amor”?), diría que, como todas las acciones, depende solo de: «desde donde» surjan

  4. lola

    11 noviembre, 2010

    La sexualidad es una herramienta de autoconocimiento, al igual que lo son todas las que te ponen en contacto contigo mismo.
    Es un camino con madurez y trascendencia ya que toca resortes profundos y trabajarlo con atención plena, conlleva el poder de darnos cuenta de apegos e ideas muy arraigadas en nuestro psicocuerpo.
    Lo esencial no es lo que se puede vivenciar y disfrutar “espiritualmente y energéticamente hablando”… sino lo que se deja partir al limpiar memorias emocionales y físicas instaladas a nuestra espalda.

    Esto es; trascender en lo cotidiano, liberándonos de muchas cadenas invisibles sobre todo la identificación con nuestro cuerpo.

    “Aprender a sentirte” sería una buena asignatura , perder el miedo, darnos permiso para explorar-nos , desmitificar para investigar un poco más allá con una nueva mirada, la de un científico que observa…¿porqué NO?….

  5. Tie

    13 noviembre, 2010

    Preciosa fotografia de unas hermosas manos apoyadas sobre lo que podrian ser las «Tablas de la Ley».
    Sé bien cierto, que los que practican la meditación no pasan del deseo sexual; en algún sitio he leido que Buda decia que si se hubiera encontrado con otro obstáculo como el sexual, seguramente se referia al deseo, no lo habría conseguido.
    No creo en absoluto que la práctica espiritual y la práctica del sexo sean incompatibles y eso lo explica muy bien Osho.
    Mi experiencia, que no es mucha, me dice, que el sexo adecuado es la linea mas directa al encuentro con Lo Divino.
    Creo que en una pareja o hay complicidad, lo cual conlleva respeto, necesario para el amor, o no hay nada.
    Todo lo demás es masturbación, que tambien puede servir.
    Aunque eso solamente cada uno lo sabe desde su consciencia, pues aunque parezca paradógico la pareja a veces resulta unilateral es decir que hay una complicidad no correspondida. no pareja.
    Gracias por este espacio.
    Un abrazo.
    Tie

  6. Iris.224

    14 noviembre, 2010

    Siempre el sexo está arrelado a la espiritualidad…de hecho es un medio óptimo para abrir los canales y encontrar el éxtasis.
    Una cosa es el Mercadillo de trueque afectivo y otra es el acto ,en sí que si es acompañado de Amor ,la apertura es más fácil.
    Nos han educado para vivir en pareja y nos apegamos al objeto sexual que satisface nuestras necesidades afectivas o carencias , cuando realmente el otro sólo es un medio falicitador al encuentro divino.
    La complicidad es honda cuando el otro sabe que sólo es un instrumento para y con el otro de reciprocidad.
    Nada tiene que ver la masturbación a duo con el hacer el Amor.Porque cuando te encuentras con lo divino ,das forma al Amor que sois tú y el otro.
    Traspasar las barreras del deseo y del apego es lo más difícil.

  7. paco

    27 noviembre, 2010

    Todo sirve especialmete si es observado desde el testigo.
    Yo creo que uno también se puede hacer el amor a si mismo mientras se masturba .

    Masturbación sigue resonando en mi cabeza como una palabra fea , por esa educación judeocrisitana que marcaba a hierro la culpa del que se «entregaba al pecado dandose placer «.
    Sin embargo , no deja de ser una acción intimista , natural y un darse cuenta . Un mecanismo de escape del cerebro reptiliano si , pero con potencial de ser observado desde el estado más sutil de la conciencia .

    En cuanto al acto de la cópula , la interacción con el otro , es si acaso más susceptible de ser observada como una entrega en busca de la unión tántrica, más allá de la mera gentitalidad, pero aún en su instinto más básico de busqueda de placer , no deja de ser un acto de confianza en el otro y de higiene emocional de la pareja.

    Para ver ese estado transpersonal de los que en pareja y conscientes se aman en cópula ,os paso un link con una pintura de Alex Grey que dice más que mil palabras.

    http://alexgrey.com/a-gallery/8-24/copulating.jpg

    GRACIAS POR SER Y POR ESTAR

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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