Tras el rastro de lo esencial
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Tras el rastro de lo esencial

Por el 21 noviembre, 2011
La dimensión racional de nuestro desarrollo como seres humanos se ha visto empeñada en ignorar la dimensión del Misterio. En realidad nuestro apetito racionalista ha tratado de colonizar todo aquello que conllevase una leve sospecha de superstición e ilusionismo, y para ello ha ido logrando éxitos crecientes en el campo de las ciencias, mereciendo así el reconocimiento y la gratitud de generaciones venideras.

Sin embargo, todavía no acabamos de reconocer que la mente racional es limitada y no resulta la herramienta adecuada ni para percibir ni para comprender la dimensión transpersonal. En realidad, terminamos por admitir que los verdaderos frutos del silencio, no se cultivan en los parámetros del pensamiento.

Sucede que el amor, la verdad y la belleza son difícilmente analizables. Y tal vez fundamentos tales como la paz profunda, el sentimiento de infinitud y el regalo de la consciencia, no sean espacios propios de las estrechas estructuras de la lógica. Podremos darles nombres y reflexionar sobre los síntomas de su única e irrepetible vivencia, pero la magnitud y profundidad de los mismos, desbordarán a la razón en el océano innombrable de la esencia.

Parecería cierto aquello que señala la inefabilidad de la Fuente primordial, Fuente Una que moviliza toda partícula. Se diría que no hay forma de colonizar con el nivel pensante este gran suceso, un suceso que al ser explorado tan solo genera silencio al tiempo que aquieta la agitación de la mente humana.

En este sentido resulta anecdótico evocar perspectivas cientifistas y cognitivas que florecieron en la histórica superación del mito religioso. Se trató de una época en la que las corrientes materialistas hicieron inútiles intentos de reducir la dimensión transpersonal al plano de los fenómenos biológicos. Pero poco duró el corsé reduccionista en el que se etiquetó a la consciencia, y hasta los más escépticos fueron desechando la idea de tratar a esta como epifenómeno neurológico de la complejidad evolutiva.

Sucedió también que en la época en la que florecía el paradigma mecanicista de la existencia, la prima causa de la vivencia esencial quiso asimismo atribuirse a un exclusivo factor bioquímico de la naturaleza. De hecho fue entonces cuando Descartes proclamó el famoso: Pienso luego existo. Pasado el tiempo, ¡Qué lejos quedó asociar el ser con el pensar!

Con tales postulados, fueron muchos los que pensaron que lo intangible había sido colonizado, considerando a quienes se relacionaban inocentemente con el mismo, como seres simples, seres que habían tirado la toalla, y con ella, la tensión de controlar los fenómenos sin aparente causa. Fueron asimismo muchos los que sintiendo que se liberaban de creencias y doctrinas manipuladoras, procedieron a sumergir lo innombrable en el océano del inconsciente junto a un kit de supersticiones, supersticiones propias de una humanidad joven en proceso de expandir su capacidad de escucharse y comprender.

Aquellas mentes exclusivamente científicas y recién ilustradas no tardarían mucho en reconocerse más allá del ámbito deductivo y abrirse al silencio y a su íntima elocuencia. La vieja perspectiva mítica y prepersonal, terminaría por convertirse en visión transpersonal. Sucedía que la anterior preconsciencia de las jóvenes orugas, devendría en consciencia, y desde este gran logro del darse cuenta, se revelaría la supraconsciencia de aquellas mariposas que “se dan cuenta de que se dan cuenta”.

¿Quién dijo: “prefiero ser un Sócrates insatisfecho que un cerdo feliz”?, ¿acaso con esta elección se estaban aceptando las inquietudes propias de la crisálida?, ¿no era esto una forma de ser consecuente con la certeza de que existe la libertad en las honduras del alma?

La certeza que bulle como semilla intuitiva que sin descanso despliega, nos conduce por la creciente complejidad de una carrera evolutiva, una carrera que partiendo de la simple ameba, sucede que una mañana como otra cualquiera, llega a su destino y deviene en Buda sin vuelta. Mientras tanto, ”mientras llega el despertar”, en las mentes de los que han recorrido ya un trecho, las cosas no se desean diferentes de como son y de cómo aparecen y desaparecen en la consciencia.

Asistimos a un tiempo en el que el poder de lo inefable está renaciendo en el corazón de la humanidad ilustrada, una humanidad que tras un gran esfuerzo analítico en el que otorga nombre y  orden a todas las cosas, termina por rendirse  y reconocer la hondura que subyace tras el infinito latir de las apariencias.

El silencio es amor y el amor es silencio. Sin duda dos realidades en Una que señalan lo insondable que en el corazón de humano descansa.

Una realidad que desde hace milenios nos busca, y que un día, de pronto, nos encuentra.

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0 Comentarios
  1. José María

    22 noviembre, 2011

    La mente, el análisis racional, se ha manifestado como insuficiente para conseguir el equilibrio. Observo que nos encontramos ante un cambio de paradigma. Confío en que a través de la integración de mente y consciencia se consiga un desarrollo sostenible. Un deseo final: Que la luz de la consciencia ilumine mis decisiones más racionales.

  2. CARMEN

    5 diciembre, 2011

    Cuando se lleva años, tiempo,buscando un equilibrio, una paz interior, cuando crees que ya casi lo has conseguido, se empiezan a despertar unas inmensas borrascas internas, que te dejan completamente desorientado, tirado, no entiendes nada, creias que lo estabas haciendo bien
    Te levantas y vueves a empezar de nuevo en medio, de toda la borrasca que sigue ahi sin querer marcharse. Pides ayuda al universo, pides luz……a veces la desesperación de tanto trabajo echado por la borda, te hunde, pero siempre está está esa luz que sin saber muy bien su lenguaje, decides seguirle

  3. africa

    10 enero, 2012

    TRAS EL RASTRO DE LO ESENCIAL!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    Carmen , no podrias definir mejor el estado en que me encuentro……… pero como dice J. M.
    NOS DAMOS CUENTA DE QUE NOS DAMOS CUENTA
    y me siento muy afortunada.
    GRACIAS

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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