Un teléfono con extraterrestres
Mágico vivir

Un teléfono con extraterrestres

Por el 18 junio, 2012
Tras las amenazas que padecí de ETA y salir disparado del País vasco, me exilié en Santa Cruz de Tenerife. Mi vida de siete años de padre de familia y de exitoso emprendedor quedaba atrás. En aquellos mis 31 años, las llamadas metanecesidades impulsarían incansablemente mi vida hacia insospechados destinos de auto realización.

En realidad sentía que a la oruga le urgía ser mariposa.

Las dudas

Y si bien hacía tan solo un año que me había experimentado atado de pies y manos en mi jaula dorada de director ejecutivo de una compañía, ahora por el contrario, tras el colapso y la llamada “desgracia”, me sentía libre conductor que elegía carretera.

“¿Qué quiero hacer ahora?”,

Mientras seguía saliendo y soltando a mi yo anterior, sentía que tenía pendientes un montón de descubrimientos y aventuras. En realidad la búsqueda de mí mismo latía intensamente detrás de todos mis sueños, sin embargo era un tiempo en el que todavía no se podía asociar lo espiritual a mis nuevas intuiciones, ya que por aquel entonces, lo espiritual era sinónimo de religioso, algo que sin duda mutilaba la gran inclusión que sentía en mi fuerte impulso de trascendencia. La sociedad de aquel tiempo comenzaba a abandonar el “pensamiento único” y, al igual que mi corazón, se abría imparable hacia la visión esencial de lo Uno encarnado en la rica  diversidad de las formas.

Pues bien, en aquel contexto en el que esperaba “señales” para orientar mi vida, sucedió lo insólito. Un día se presentó en mi despacho el director de un Banco, no sin cierto aire de importancia. Poco imaginaba yo que detrás de aquella inocente visita, se comentaría algo que cambiaría de cabo a rabo mi existencia.

Aquel personaje que me visitó, además de ofrecerme servicios financieros en descuento de papel y otras previsibles zarandajas, me dijo entre una cosa y otra que en aquella isla de Tenerife sucedían fenómenos muy extraños que desafiaban las leyes de la lógica. Afirmó que él por su parte se había aproximado a investigar con total escepticismo, y sin embargo, ante las evidencias acontecidas no dejaba de alucinar, tratando de comprender el sentido oculto de aquellas conexiones insólitas. Se refería a mensajes y apariciones de seres extraterrestres que llegados en naves espaciales presentaban ideas y propuestas de un nivel de adelanto técnico inimaginable…

El encuentro

De pronto aquellas cosas que sonaban a ciencia ficción, cosas emitidas por aquel pragmático personaje, comenzaron a movilizar algo muy dentro de mi propia persona. El destino llamaba a mi puerta de la mano de una de las pocas personas que por su racionalidad profesional otorgaba un voto de credibilidad aún a pesar de las locuras que mis oídos escuchaban.

“¿Cuándo?, ¿dónde?, ¿cómo?”, pregunté radical y expectante. Respondió, “hay dos amigos que tienen una librería. Son personas que viven inmersos en cosas muy fuertes y que trataré de presentarte”.

Quedamos para esa misma tarde a las siete. A esa hora con exactitud, llegué al lugar de encuentro con mi moto Kawasaki 1000 y disponibilidad para hallar algo que me abriese al descubrimiento. En realidad había trabajado muchos años en un pragmatismo intenso y mi actual fuente de economía podía decirse que fluía más o menos sola. Parecía pues que todo apoyaba el encuentro con la puerta de entrada a la aventura de la consciencia.

Me dirigí a aquella librería y allí conocí a mis dos futuros maestros, Emilio y Paco. Eran los dueños de una librería desde donde circulaban libros muy peculiares. En aquel lugar se daban cita personas variadas con inquietudes de beber de otras fuentes y aprender de otros mundos que entonces la parapsicología investigaba.

Tras hablar con uno de ellos con quien posteriormente cruzaría el Atlántico y realizaría insólitos viajes de búsqueda, “¡OH, Dios!” Vi por primera vez el funcionamiento de la llamada “Tabla Ouija”, y el hecho de ver como aquel vaso con tan solo un ligero contacto se movía formando palabras con sentido y sin trampa, me rompió las leyes de la lógica. ¡Aquel vaso se movía a toda velocidad y parecía imposible que fuese un truco preparado! Sin duda aquel contacto ya fuese con entidades dimensionales, con el propio subconsciente o con los mismísimos extraterrestres que es lo que se decía, removió los cimientos de mi cartesiana lógica.

La certeza

Pero algo que sucedería más tarde derribaría finalmente mi escepticismo ante cosas tan literarias. Sucedió que en aquella librería y pasadas las primeras sorpresas, mi subconsciente comenzó a sabotear lo nuevo, por lo que comencé a retirarme diciendo,

Bah, qué tontería, aquí tan solo hay cuatro locos… me largo…”

Y de pronto como si aquel fenómeno ouija hubiese captado mis pensamientos, dio un giro a su comunicación y dijo concreto y radical:

“¡¡Doria!!”

Al oírlo me detuve en seco.

¡¡Andá!! Aquello hablaba de mí”.

A continuación expresó una sencilla frase que detendría mi carrera, disolvería misteriosamente mis dudas y resonaría en mi alma. Dijo tan solo:

“Doria. Si te quedas en Tenerife descubrirás cielos insospechados”.

Ignoro que oculto poder pudo tener aquel mensaje aparentemente inofensivo, pero lo que sí sé es que neutralizó totalmente mis cábalas sobre si iría a California, quizá, Madrid, Tenerife tal vez Holanda… con lo que di media vuelta y dije ya insólitamente rendido:

“De acuerdo, ¿por dónde empezamos?”

Durante años ya no salí de aquella emergente realidad hasta que logré integrarla dentro. Al cabo de una semana de ver a aquellos dos seres creando un espacio de preguntas y respuestas con estas inteligencias supuestamente extraterrestres, sentí que una profunda realidad empujaría mi futuro hacia el gran despliegue de aquellas semillas de ilimitada potencia.

Lo que llamaba mi atención es que tan solo fueran aquellas dos personas, las únicas capaces de hacer mover aquel vasito con coherencia. Es por ello que sentí la necesidad de tener mi propio teléfono con las estrellas. En realidad quería una comunicación con lo insólito sin que nadie tuviese que intermediarla. Aquella fuente recién descubierta de un conocimiento metalógico, no pensado ni imaginado, comenzaba a ser lo más irresistible que mi vida anhelaba.

En realidad estaba naciendo simplemente algo tan poderoso como Lo Nuevo con mayúsculas, nuevos pensamiento que no se basaban en un “más de lo mismo” derivado de mis memorias. Aparecía el sabor único del descubrimiento y aquello no era recambiable por ningún placer o satisfacción anteriormente conocida.

El contacto

Así pues opté por querer unidireccionalmente mi propio teléfono con las entidades que allí se manifestaban. En realidad me sentía muy atraído por abrir una veta hacia los pensamientos del Cosmos y ya que se necesitaban dos personas para mover la energía de la ouija, convoqué el amor de una compañera de línea, para posibilitar y compartir tan sutil energía.

Todo sucedió muy rápido. Aquella misma noche, la vida me puso en contacto con María Jesús. Era una abogada leonesa que también se hallaba inmersa en la movida. Se trataba de una mujer reflexiva y sensata que en cierto modo se había autoexiliado a las Islas Afortunadas. La había conocido formando parte de aquella peña de gente “alternativa” que pululaba alrededor de la librería.

En realidad María Jesús como mujer no me atraía excesivamente, tenía algo masculino que neutralizaba mi testosterona, y además percibía muy dentro de ella, un algo sin resolver que hacía latir una soterrada y sostenida amargura. Sin embargo era una mujer con un corazón importante, un corazón amigo de la Humanidad. Había una fuerza de compasión y servicio en su persona que me interesaba más allá de los sentidos y sus promesas. En realidad era poseedora de una bondad y cierto rango intelectual que la elevaba, haciéndola muy valiosa.

Pues bien, sucedió el milagro. Aquella misma noche se activaría un “teléfono a dos” para conectar con los Hermanos Mayores del Cosmos. Aquella noche comenzamos por sentir una corriente de comunicación interminable que generaría acercamiento y afinidad en la mente y en el alma. Hablamos sin parar hasta sintonizarnos lo suficiente como para finalmente, llegado el amanecer, decidir de pronto confeccionar una ouija casera y probar si funcionaba con la recién encontrada energía de nuestras esencias.

Hicimos la prueba poniendo un vasito que nunca olvidaré de un vulgar “duralex”. Pusimos el dedo suavemente sobre él y… ¡Uuuuhhh!, aquello empezó a moverse como si llevase dentro un turbo imparable. Al poco, en aquella mesa sucedieron cosas… Sucedió que de pronto, ante nuestra emocionada sorpresa, se estableció contacto con una entidad que nos dio la bienvenida, autodenominándose “Opruso”, y afirmando provenir del planeta Urano, nos citaría a un encuentro diario en el que abriríamos espacio de comunicación didáctica, comunicación tan científica como poética, y tan racional como afectiva, una conexión que durante dos años ininterrumpidos daría la vuelta a nuestras vidas.

Aquel proceso fue el primer cimiento de aprendizaje profundo en el camino de mi búsqueda. En realidad las horas que allí pasamos, preguntando sin parar y recibiendo temas que retaban nuestras capacidades, fueron para ambos un verdadero curso de deconstrucción de lo viejo y la siembra de la futura consciencia.

Los contenidos que en aquel modesto tablero se expresaron, tocaban con sorprendente visión una a una, casi todas las áreas de la vida. Día a día y como si hubiese un plan detrás de rigurosa metodología se abordaban, de manera espontánea e increíblemente precisa, no solo de nuestras propias esferas personales más íntimas, sino también los nuevos clichés de una emergente sociedad planetaria. Resultaba impresionante observar la rigurosidad con que se exponían determinados planteamientos de globalización de la conciencia, y la sensible afectividad con que se acompañaban muchas de las lecciones que cada día fueron sutilmente revolucionando nuestra existencia.

Poco a poco María Jesús se fue convirtiendo en una presencia clave, ya que tan solo con ella se manifestaba en toda su plenitud aquel fenómeno más propio de la parapsicología que de las ciencias. Tan sorprendida estaba ella como yo. El hecho de tomar conciencia de lo que nos sucedía, llenó nuestro corazón de emoción y de destino. Acabamos abrazados el uno con el otro en un amor metafísico y energético más allá de una relación pasional. A partir de ese momento empezamos grandes viajes de búsqueda y encuentro. Fue uno de los tiempos más importantes y enfocados de mi vida.

¿Cómo era posible que una fuente de conocimiento tan relevante para nosotros viniese de una dimensión tan poco racionalizable?, ¿acaso este tipo de información que por cierto aparecía en miles de mesas de todo  el mundo, correspondía a lo que se denominaba como “doctrina revelada”?, ¿quién osa afirmar que lo que en aquella ouija sucedía era una manifestación determinada de nivel intrapsíquico, extraterrestre o extrapersonal?

El camino

Y sucedió que en aquellos principios de un nuevo camino, mi abuela María moría. Ninguna muerte familiar es algo baladí. Pronto sentí que la energía de su partida aportaba algo en aquella sostenida comunicación extrapersonal con el Misterio. Al poco tiempo de su muerte, aparecía en mi vida el esotérico mundo de la Fraternidad Rosacruz, un mundo que inspiraría los primeros pasos de un conocimiento estructurado y trascendente que no venía envuelto en ninguna creencia doctrinal.

La Orden Rosacruz me ofrecía un corpus de conocimiento reglado en pequeñas monografías.  Al poco de entrar a formar parte de la misma, instalé en mi apartamento una habitación que a modo de templo serviría de lugar de práctica para los ejercicios meditativos que aquella fraternidad mundial proponía. Al cabo de meses de ejercitarme en un riguroso silencio durante media hora diaria frente a un espejo, puedo afirmar que mi mente abrió canales y comenzó a observar pensamientos experimentando estados “no ordinarios” de conciencia.

Esta enseñanza racional Rosacruz y la metafórica que María Jesús y yo manteníamos con supuestas  entidades, movilizó una expansión de consciencia sin precedentes. Mi dedicación absoluta a este proceso de transformación y la misteriosa fenomenología que acompañaba la aventura del descubrimiento, marcaron un hito en mi búsqueda personal que ya nunca abandonaría por más vueltas que diese mi vida.

Y así, viaje tras viaje, descubrimos las raíces de un crisol de culturas al parecer, no ajenas a relatos míticos de dioses venidos del cielo en naves salvadoras que surcaban las estrellas.

Fueron dos años enteros compartiendo interpretaciones de la realidad y captando las grandes intuiciones de la gran revolución acuariana. Cada pensamiento innovador que surgía en nuestras mentes era elaborado en nuestro compartir, con lo que cada día crecíamos de forma acelerada. No había día que no descubriésemos aspectos que nos abrían realmente la cabeza. Aquel manantial de conocimiento y transformación brotaba momento a momento, cargado de creatividad y certeza.

Y cuánta grandeza tenía compartir LO NUEVO. Gracias María Jesús y gracias al Cosmos, porque abrimos la conexión con una esfera de percepción más honda. Todavía recuerdo el modo en que la figura de Dios era nombrada por aquella ouija. En realidad cuando aquel nombre aparecía en el tablero, reconozco que se hacía silencio absoluto en toda mi naturaleza.

Aquel nombre que todavía resuena cargado de fe y respeto era:

“El Profundo”

Un nombre cuyo significado a partir de entonces señaló el largo camino futuro que mi alma atravesaría, un camino de múltiples obstáculos y capas ilusorias que envolvían la visión clara. Un camino que desde este tiempo mágico, resonaría con el vacío de los Himalayas y con la sabiduría de los Vedas.

ETIQUETAS
RELATED POSTS
0 Comentarios
  1. Angela Garcia Ruano

    6 julio, 2012

    Gracias desde lo mas profundo de mi corazón

  2. Marian Lemos

    15 julio, 2012

    Estimado José María, hace algunos años asistí a un congreso en el que eras uno de los ponentes, y percibí tu tremenda fuerza carismática, tu YO, tu Voluntad… por eso no me olvidé de tí. En aquellos tiempos yo también estaba interesada en todo lo esotérico, en descubrir la Verdad última, en saber quién era y por qué estaba aquí…etc. Pero no ha sido sino hasta hace un año, desde que tengo internet, en que he empezado a «encajar las piezas del puzzle»… gracias al descubrimiento de la Sabiduría hiperbórea. El primer libro que leí fue «El misterio de Belicena Villca», y te confieso que estuve a punto de dejarlo porque todo aquello me resquebrajaba dolorosamente los esquemas en los que hasta entonces había confiado y ponía en evidencia todos los engaños y mentiras con los que trata de someternos el Sistema… pero seguí adelante con Valor y jamás me arrepentiré. En la Sabiduría hiperbórea están las claves de la Transmutación y Liberación de los Espíritus increados que todos somos.
    http://www.sabiduriahiperborea.wordpress.com
    Si quieres comentarme algo te dejo mi email: layram@ymail.com
    ¡Saludos cordiales!

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

Suscríbete
¡Recibe los últimos artículos de mi blog en tu email!
Archivos
VISITA MI FACEBOOK
PÁGINAS AMIGAS