Una boda a la medida
Mágico vivir

Una boda a la medida

Por el 9 abril, 2012
Hace unos años, y ya ejerciendo como director de la Escuela Transpersonal, sonó el teléfono, era Angélica. Me comunicó con cierto entusiasmo que se iba a casar, y dado que la ceremonia religiosa tradicional no la emocionaba, me pidió por la amistad que nos unía, si acaso yo podría realizar un ritual sagrado a fin de lograr sentirlo muy dentro y con total consciencia.

-“En realidad ¿qué quieres Angélica?”

-“Quiero que nos acompañes y siembres en nuestra unión semillas de conciencia Doria.”

Detrás de la mujer de voz dulce y femenina se escondía una campeona nacional de esgrima. Reconozco que la indudable sensibilidad que expresaban sus enormes ojos azules, en nada dulcificaban a su firme brazo a la hora de pinchar con arrojo el pecho de sus adversarias.

Sentía que los nuevos modelos de ser humano balancean e integran opuestos psicológicos que resultaban excluyentes en generaciones pasadas. Me refiero a que si anteriormente una mujer tenía voz dulce y toques tímidos en su cara, se suponía que carecería del coraje de una corredora de coches o la determinación de una directora de empresa.

Y así observando a Angélica sentía que el nuevo ser humano tan firme como flexible, tan racional como afectivo y tan deductivo como intuitivo, comenzaba a ser un andrógino en la expresión de su energía,. Pensé que tal vez se han activado nuevos códigos que integran las funciones masculinas de nuestro antepasado cazador, tales como el análisis racional y la competitividad que junto con aquel control emocional, daba a nuestros pasados patriarcas un aire frío y cartesiano de  invalidez emocional. Y por otro lado, integran las cualidades atribuidas al femenino “de toda la vida”. Cualidades como la afectividad, la intuición, la entrega, y esa interiorización mística que se traduce en servicio, ternura e inteligencia cardíaca.

Por otra parte, me parecía que este  avanzado modelo de ser humano incluía diversidad de “yoes” en el catálogo de una personalidad variada. En realidad la sociedad ya comenzaba a considerar “la diversidad” como un valor, de hecho hasta los modelos de coche en el mercado eran “todo camino”, algo que señala el mundo de las “opciones” como senda futura.

Pues bien, respondiendo a su petición, le dije que tendría sumo gusto en ofrecerle una pequeña ceremonia que registrase sus particulares sentimientos en un vínculo realizado con atención plena.

-“¿Dónde va a ser la celebración?”

-“En un lugar de campo cerca de Galapagar. Hay un jardín con una cascada. Es un recinto precioso en el que caben 150 personas cómodas.”

-“Y por cierto, ¿por cuánto tiempo va a firmarse vuestro compromiso?”

-“¿Qué quieres decir?”

-“Que si el contrato matrimonial es por un período renovable de 7 años o algo así”

-“Ja ja ja… No me tomes el pelo. En este caso es de por vida. Como sabes llevamos viviendo juntos ya desde hace cuatro años y lo tenemos claro.

-“De acuerdo, tu verás al respecto. Pues bien, con este dato que me das, ya veremos qué brota”.

Reconozco que no era esta la primera vez que alguien me pedía “oficiar” una ceremonia. El último episodio fue en Alicante. Recuerdo que al finalizar un ciclo de conferencias que allí impartí sobre “Relaciones Conscientes”, se acercó una pareja de seres absolutamente encantadores que me pidieron más o menos la misma cosa. La diferencia es que en este caso dijeron:

“Nos casamos mañana”

y, en un instante, me sentí tan cautivado por la calidad y ternura de aquellas dos almas que sin dudar cancelé un vuelo y seguí las señales que aparecían.

Aquella noche de Alicante hablé varias horas con ellos sobre los aspectos trascendentes en las relaciones humanas. En realidad en aquel momento sentí que aparecían dos nuevos amigos en mi alma: Raquel y Alfonso. Se trata de una pareja que tiene una casa rural en la zona de Altea y, en aquella época a menudo los visitaba. Me contaron como les había interesado el enfoque de mi conferencia en la noche previa a la boda, un enfoque basado en el gran tema de la individualidad e independencia de cada miembro de la pareja.

Les gustó la forma de nombrar su identidad amorosa al ignorarlos como “medias naranjas” y afirmarlos como dos “naranjas enteras” que decidían danzar en comunidad consciente y creativa. Habían captado perfectamente que el nivel de autoconciencia que cada miembro de la pareja alcanzase consigo mismo, sería lo más valioso que podrían aportar al patrimonio emocional de su íntimo ecosistema.

Me gustó como valoraron el enfoque aportado sobre la pareja:

“Una pareja no se forma para no estar solos o tan solo tener hijos, sino para crecer y devenir más conscientes, y así  desde este estadio, saborear cada día la existencia con sus luces y sombras. Si una persona todavía piensa que la pareja “le va a hacer feliz”, no sabe gran cosa de la vida. La felicidad no la puede dar nadie, sino que más bien es un estado de conciencia que en cada uno brota mediante su propio trabajo personal y muchas pequeñas elecciones cotidianas. La pareja puede ser una valiosa plataforma de transformación, crecimiento y comunión consciente, pero no es la panacea que tiende a sentirse mientras dura el olvido de carencias mutuas y la inflación de las hormonas…”.

La boda era en la casa rural en la que vivirían y que en aquella primera noche estrenaban. La mañana amaneció radiante. El sol y el mar hacían de las suyas en un lugar que estaba lleno de flores y detalles de sencillez exquisita. En realidad, sentía que hasta los pájaros y las ardillas parecían saber que era un día en que la naturaleza aquella unión celebraba. Sentí que el Universo conspiraba para bendecir el camino hacia la profundidad de dos seres con tanta calidad en sus almas. En realidad aquellos dos cómplices tenían un proyecto, y el que tiene un proyecto tiene un tesoro en el camino de la vida.

Aquella tarde, próxima al ocaso, y cuando todos los invitados estaban presentes y tal y como señalé, bien colocados en un gran círculo que rodeaba a la pareja, comencé un rito pronunciando las siguientes palabras:

“Mirándoos a los ojos, proceder a abrazaros muy lenta y conscientemente”.

“Mientras permanecéis atentos en esta posición, observando vuestra mirada, todos los presentes os miramos y celebramos con un silencio profundo el mandala que vuestro abrazo ofrece a las estrellas”.

-“Y mientras os entregamos nuestra energía-atención,

¡Que los anillos de silenciosa conciencia

que este gran círculo de presentes aquí genera,

se expandan ahora por el planeta impregnando todos los rincones

de vuestro amor y del compromiso con vuestras propias almas!”.

En total silencio trascurrieron siete minutos de reloj en el que una hondura y quietud mágica inundó a ciento diez y siete personas que no movieron ni una sola pestaña. En todo caso resbalaron por aquellos rostros algunas emocionadas lágrimas.

-“Ahora os ato el uno al otro con este vínculo”,

Pronuncié mientras rodeaba a ambos con una  banda formada por siete grandes pañuelos de color diferente y bien atados ente sí. Se trataba de pañuelos de seda que había pedido a los familiares confeccionar secretamente durante la mañana.

Observé el rápido parpadeo de Raquel que tal vez desconcertada ante mis palabras de “atadura”, decidía confiar y seguir abrazada en plena atención meditativa y despierta.

Tras un breve silencio en el que flotaba una expectativa general acerca de cuál sería el siguiente paso, (ya que me veían en la mano una enorme tijera) pronuncié con solemnidad psicomágica:

-“Dos palomas atadas de las patas suman cuatro alas pero no pueden volar”

Y procedí a pronunciar una frase y seguidamente cortar el correspondiente pañuelo de los siete que los rodeaba en espiral. Y así, mientras las ataduras caían y los amantes se liberaban de las mismas, se decretaban las bases de la andadura futura.

-“Con esta acción corto las ataduras de la propia sociedad”. Y cayó el primer pañuelo.

“Las ataduras de la familia”

“Las ataduras de vuestras propias expectativas“.

“Las ataduras económicas”.

“Las ataduras de los hijos”.

“Las ataduras del sexo”.

“Y las ataduras del miedo”. Y cayó el séptimo y último.

“Que las palabras de Kalil Gibran sean por todos interiorizadas”:

“Dejad que en vuestra unión crezcan los espacios.

Amaos el uno al otro, más no hagáis del amor una prisión

Llenaos mutuamente las copas, más no bebáis de la misma.

Compartid vuestro pan, más no comáis del mismo trozo.

Y permaneced juntos, más no demasiado juntos.

Porque ni el roble ni el ciprés crecen uno a la sombra del otro”.

Y continué diciendo:

-“Lo que os vinculará realmente será la propia voluntad consciente de permanecer juntos, de instante en instante, mientras así lo decida el crecimiento de vuestras propias almas. Lo que os vinculará será la complicidad elegida y la pasión sublimada en gratitud y labor hermanada. En realidad, os unirá el gran regalo del compartir el camino hacia el goce de vivir plenos, en sostenido despertar de la conciencia.”

-“Y con esto”, dije mientras pegaba en sus frentes una florecilla violeta,

“Se sella el acuerdo entre Raquel y Alfonso de vivir el continuo presente, desde el sendero medio del corazón, sendero forjado entre el cielo y la tierra”.

En ese momento abrí una caja que por fin me habían conseguido en tiempo record, caja que contenía dos palomas blancas, y entregué una a cada uno de los dos almas. Tras un breve espacio en el que cada cual sintió al animalito latir asustado en sus manos, y en el que tomaron conciencia del camino de libertad que estaban dispuestos a posibilitar, procedieron a soltarlas. Las palomas representaron bien su metáfora, dejando la prisión de su pasado y emprendiendo el vuelo hacia un destino abierto y sin vuelta.

Mis palabras finales fueron:

-“¡Que la lucidez y el respeto sean la base de vuestra convivencia!”

La fiesta duró toda la noche,

y este cura bebió, comió y… bajo la luz plateada de la Luna, abrazó a la Bella.

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0 Comentarios
  1. Cristina del Pozo García

    9 abril, 2012

    Se me han llenado los ojos de lágrimas. Afortunadas las dos almas que se encontraron para seguir creciendo juntas. Y afortunado aquél que participó para hacer firme ese compromiso de crecimiento unidos.

    Así, le dan a una ganas de casarse y todo 🙂

    Un abrazo

  2. paco

    10 abril, 2012

    touché

  3. Conchibel Padrón Rodríguez

    13 abril, 2012

    Hola José María:
    La última vez que nos vimos fué en un avión, viajamos juntos desde Tenerife a Madrid, con mi hija pequeña, Silvia, que en ese momento tenía un año. Han pasado doce años , pero nos conocemos desde hace unos treinta y cinco, desde aquella librería de Paco Padrón, con Emilio y con Angel Arenal…Yo era una jovencita universitaria con mucha curiosidad por todo, y tú acababas de llegar a Canarias, quizá con algunas heridas en el alma, supuse yo.
    He leído tu relato y me ha emocionado.
    Gracias por escribirlo,para que, personas que como yo misma necesitamos alimento para el espíritu, podamos solazarnos en el, y recibir aunque sea indirectamente, unos «inputs» que son muy necesarios en este mundo loco en el que vivimos.

    Actualmente, estoy pasando una época un poco gris, pero espero ver luz pronto.
    Gracias de nuevo, con éste abrazo que te mando.

    Conchibel

JOSÉ MARÍA DORIA

Presidente-Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y la Fundación para la Educación y el Desarrollo Transpersonal.

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